Algo huele a podrido, y no es en Dinamarca solamente. Guillermo Montilla Santillán lo siente así y por eso es que escribió su versión de la mayor tragedia de William Shakespeare desde una mirada diferente. “Hamlet: versión para un actor (de reparto)”, monólogo que protagoniza y en el que se autodirigió (con el aconsejamiento de Pablo Parolo) se estrenará hoy a las 20, en única función en el Museo Arqueológico a Cielo Abierto Los Menhires de El Mollar, con entrada libre y gratuita (con reserva previa al WhatsApp 381-5149840). Desde la próxima semana, estará en Casa Barda, San Miguel de Tucumán.

“El proyecto surgió desde una necesidad, más que nada. La barbarie que gobierna el país y la vejación que hace ese mismo gobierno sobre –prácticamente– todas las áreas, encontraba solo respuesta en el teatro. El asunto era qué texto podía interpelar a un mundo que parece sometido por el sinsentido y la locura. Ahí apareció ‘Hamlet’”, confiesa el actor, dramaturgo y director a LA GACETA.

Desde el Ente Cultural se reivindica el estreno como la oportunidad de “combinar teatro, patrimonio y paisaje, en una experiencia artística que trasciende el formato tradicional de una sala teatral”.

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La propuesta es la conclusión de unos dos años de trabajo. “La adaptación del texto fue lo que más tiempo me llevó. Fue un trabajo intenso, difícil y apasionante, porque la obra es misteriosa e inabarcable y está presente en el imaginario colectivo. Así que actué con el atrevimiento del amante sobre la obra de Shakespeare y me concentré en el conflicto central y los caminos para contar esta tragedia hoy y aquí; en este tiempo, en este país y en esta provincia. Y quedó un texto intenso, con algunos toques de thriller y los grandes momentos de la obra intactos, con toda la fuerza de la poesía del bardo inglés”, señala.

- ¿Cuál es el enfoque escénico que planteás?

- La puesta es muy sencilla y privilegia el trabajo del actor y la trama. Es un enfoque íntimo, con gusto a ritual. Queremos volver a la raíz, al encuentro. Por eso elegimos una puesta de cámara. Uso el plural porque, aunque el trabajo escénico es mi responsabilidad, hay un grupo maravilloso que aportó elementos indispensables para que el proyecto se enriquezca, desde los vestuarios de Patricia Flores, el trabajo corporal con Pilar Nadal, el diseño de luces de Mariano Barrionuevo y la escenografía de Domingo Beltrán, con voz en off de Gabriel Carreras. Casi la totalidad del proyecto se hizo en Tafí del Valle, y tenemos el anhelo de hacerla recorrer los Valles Calchaquíes, que sea itinerante. Estrenamos en el Mollar porque nos parece importantísimo reconocer el teatro del Tucumán profundo al que llaman interior.

- Dentro de la innumerable cantidad de versión de “Hamlet”, no es la primera que elige la mirada de un personaje secundario para contar la tragedia. ¿Qué aporta la tuya?

- La obra es narrada por un actor que podría ser todos los actores y actrices del teatro independiente. A través de él, se irán conociendo los personajes y la trama. Es una adaptación porque consideramos que Hamlet debe ser abordado con humildad, con sencillez. Queríamos recordar esto con el título: no es un actor extraordinario, es un actor cualquiera, con la necesidad, en este momento, de contar esta historia.

- ¿Qué descubre tu personaje desde su posición, qué está fuera de la visión del protagonista?

- Este actor cuenta la historia como un narrador omnisciente. No está en el escenario para cantar verdades sino para recordarnos las preguntas que son importantes. Es difícil quedar afuera de Hamlet: la obra te sumerge en su mundo, en sus horrores, en sus miedos, en sus traiciones y en el amor que navega todas esas oscuridades. Richard Burton decía: “cualquier debilidad o fuerza del actor individual será exagerada frente a la luz cegadora del personaje”. En mi experiencia es una verdad.

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- ¿Esa carga simbólica de la obra, que permite traspasar siglos, tiene un peso específico en la actualidad?

- De manera contundente. La Dinamarca de Hamlet está podrida, como la Argentina de hoy, presidida por una banda de facinerosos con ínfulas morales. El incesto, la manipulación del poder, la apatía del pueblo. En la obra está todo.

- ¿La tragedia cambia de lectura?

- La tragedia es un misterio, como bien decía Jacques Lacan, lo que hacen los tiempos es seguir descubriendo lecturas posibles.

- ¿Volver a la raíz para privilegiar al actor como eje es un desafío especial?

- Con toda nuestra voluntad. En tiempo de tanta desconexión, de tanto individualismo, volver al rito más primitivo es, de algún modo, transgredir la norma. Por eso optamos por un teatro de cámara, que privilegie la cualidad sobre la cantidad.