Hay una movida de sofisticación líquida en la actualidad. Bebidas energizantes, combinaciones casi con rigor científico de frutas, verduras y cítricos, los líquidos de rehidratación para después de la actividad deportiva; tantas opciones. Dan resultado, pero quizás lo más revolucionario tenga que ver con lo más simple. Además de simple, es aburrido y barato: el mejor cuidado para hidratarnos es un vaso de agua caliente. En los últimos meses, varios influencers usaron sus redes para catapultar los beneficios de la práctica que aseguran, ellos mismos emplean.
Pero atención, lo que internet está presentando como novedoso es en realidad un pilar fundamental con miles de años de antigüedad. Esta práctica está profundamente arraigada en el Ayurveda indio (donde el ritual matutino se conoce como usha paana) y la Medicina Tradicional China (MTC).
En estas culturas, se cree que el frío apaga el agni (el fuego digestivo) y debilita la energía vital o Qi, forzando al cuerpo a gastar energía extra para calentar el estómago. El agua caliente, por el contrario, equilibra el Yin y el Yang, manteniendo el organismo en calma.
Más allá de lo filosófico, en lo práctico es donde está su punto fuerte en caso de consumirla. El agua tibia puede ayudar a relajar los músculos del tracto digestivo y mejorar el tránsito intestinal eliminando el estreñimiento.
No necesariamente hidrata mejor y que quema grasa es un mito; ojalá fuera tan fácil. Beber agua a cualquier temperatura aumenta ligeramente el metabolismo, pero no "disuelve" la grasa de la última ingesta por arte de magia. El agua tampoco desintoxica. Kristen Smith, nutricionista, y Diane Lindsay-Adler, dietista, detallan que el agua no elimina toxinas. De eso se encarga el hígado y los riñones, a esos órganos los ayuda a que hagan su trabajo de filtrado.
Más “sí” de beneficios
El agua tibia tiene efecto desintoxicante natural al elevar ligeramente la temperatura interna, puede activar un poco más la transpiración, lo que ayuda a liberar si hay congestión o alergias, el vapor del agua caliente ayuda a despejar las vías respiratorias. El sistema nervioso también se ve beneficiado porque beber algo caliente tiene un efecto reconfortante que puede bajar los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
En lo que hay que estar muy atento es en la temperatura. El agua por encima de los 65° puede dañar a largo plazo los tejidos del esófago. Lo ideal es que esté tibia o a una graduación que se pueda disfrutar.