El deterioro del bolsillo argentino entró en una fase crítica. Lo que comenzó como un recurso para cubrir gastos corrientes se transformó en un círculo vicioso: las familias ya no toman crédito para consumir, sino para cancelar deudas previas. Este escenario, que despierta alarmas en el sistema financiero, se da en un escenario donde la morosidad bancaria roza el 10,6%, mientras que en el sector de "comercio minorista" el incumplimiento trepa a un preocupante 45%.
El desplome del ingreso disponible
Según estimaciones de Ecolatina, el ingreso disponible de los hogares -aquel que queda tras cubrir gastos rígidos como tarifas, salud y educación- sufrió una caída real del 20% en los últimos tres años.
La perspectiva a largo plazo es aún más sombría: el poder de compra actual se sitúa un 40% por debajo de los niveles de 2016.
Tasas positivas y sueldos rezagados
El fenómeno responde a una "pinza" económica: por un lado, salarios que en enero apenas crecieron un 2,1% frente a una inflación superior; por el otro, tasas de interés que se han vuelto fuertemente positivas.
Mientras el Costo Financiero Total (CFT) en bancos de primera línea ronda el 7% mensual, en el sector no bancario supera el 400% anual, pulverizando la capacidad de pago de los más de 20,5 millones de adultos endeudados.
Una reactivación que no genera empleo
La macroeconomía muestra una dualidad peligrosa. Mientras sectores de capital intensivo como el agro (+25,1%) y la minería (+9,6%) crecen, las ramas que más empleo generan -comercio e industria- acumulan meses de retroceso.
Esta asimetría se traduce en un mercado laboral estancado: el año pasado se perdieron más de 100.000 puestos asalariados formales, consolidando un clima de pesimismo que el Índice de Confianza del Consumidor de la UTdT ya refleja con una caída del 5,3% en marzo.