Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística

Durante mucho tiempo, el estilo masculino se movió entre extremos. El streetwear exagerado, los logos visibles y las siluetas que buscaban imponerse. Todo parecía necesitar ser visto. Ahora pasa lo contrario.

Brad Pitt y Gwyneth Paltrow.

En las calles, en las pasarelas, en las redes y también en las series, empieza a aparecer otra imagen más simple, más directa, más contenida. Una camisa blanca bien puesta, un jean recto, un abrigo largo y anteojos negros. No se necesita mucho más.

Y con esa descripción, es difícil no pensar en John F. Kennedy Jr.. Durante los últimos meses, su figura volvió a circular con fuerza gracias a la serie que trajo de nuevo su nombre en las conversaciones. Hay algo en su imagen que hoy vuelve a resultar aspiracional.

Pero no está solo. También reaparecen otras figuras que definieron esos años: Brad Pitt, con sus looks relajados de cuero, denim y remeras simples; Johnny Depp, con una impronta más descontracturada, casi descuidada, pero siempre coherente; incluso Leonardo DiCaprio, en su etapa más joven, con básicos que hoy vuelven a repetirse.

Todos distintos, pero con algo en común: no parecían estar intentando. En los años 90, el lujo no necesitaba explicarse. Las prendas no buscaban destacar por sí solas, sino funcionar en conjunto. Había una lógica de equilibrio, de discreción y, principalmente, de seguridad.

Esa lógica reaparece hoy, en un nuevo contexto, pero no es casual. Así como los años 90 surgieron como una respuesta al exceso de los 80 —a sus siluetas exageradas, sus colores estridentes, su necesidad de mostrarse—, este regreso también parece funcionar como reacción.

Después de años de looks pensados para la foto, de tendencias que duran semanas y de una estética atravesada por las redes, empieza a valorarse otra cosa: la continuidad, la coherencia, la idea de tener un estilo, más que un outfit.

El renovado interés por estas figuras refuerza esa imagen, pero el fenómeno es más amplio: se ve en la vuelta de los básicos, en la paleta contenida y en la forma en que las prendas caen sobre el cuerpo.

Tal vez por eso esta tendencia se siente distinta. No propone cambiar todo el guardarropa, sino ordenar lo que ya existe. Volver a lo esencial y, desde ahí, construir.

Una moda consciente

El regreso del estilo noventoso no es solo una cuestión de moda, sino que también dialoga con una forma distinta de consumir. Frente a años marcados por la aceleración del fast fashion, empieza a instalarse una mirada más sustentable, donde la idea no es acumular, sino elegir mejor.

Esta propuesta va de la mano con la moda circular. Reutilizar, intercambiar y volver a usar prendas que ya estaban en el guardarropa. Los básicos vuelven a tener valor justamente porque no dependen de una temporada.

Más que seguir tendencias, es construir un estilo que pueda sostenerse en el tiempo. Uno que no necesite renovarse constantemente, sino adaptarse. Como en los años 90, se vuelve a una forma más simple y consciente de vestir, con una mirada más clara sobre el impacto de lo que usamos.

Cómo lograr el estilo noventoso en 2026

Más que copiar looks, se trata de entender la lógica detrás. El punto de partida está en los básicos. Remeras lisas —blancas, negras o grises—, jeans rectos sin roturas, pantalones simples. Es ese uniforme que en los 90 parecía no tener esfuerzo, pero que funcionaba siempre. Como esas imágenes de Brad Pitt en jean y remera blanca, caminando sin más, y aun así marcando estilo. La clave está en cómo se combinan.

La sastrería se vuelve más relajada. Los blazers pierden estructura, los trajes se usan más sueltos y más amplios. Ya no se trata de rigidez, sino de caída. Un buen ejemplo es Johnny Depp en los 90: blazer ancho, jean, camisa apenas abierta. Formal e informal al mismo tiempo.

Como actualización, este año aparece un guiño más marcado dentro de esa misma línea: los sastres en telas aterciopeladas. En especial en tonos chocolate y marrones.

Y siguiendo con los abrigos, que son los protagonistas del invierno, los tapados largos, en lana o paño, siguen siendo los favoritos. Es la pieza que termina de construir la silueta y, muchas veces, la que define todo el look. Pueden ser rectos, de líneas simples y en tonos neutros —negro, gris, marrón—. Un jean y una remera pueden transformarse completamente con un buen abrigo largo.

Hoy, este estilo aparece en figuras actuales como Jacob Elordi y Austin Butler, que retoman ese gesto noventoso y lo traen al presente. Ambos incorporan tapados largos dentro de looks simples y relajados.

Por otro lado, las camisas también cambian. Más sueltas, más livianas, a veces abiertas sobre una remera. Hay algo de esa actitud despreocupada que se veía en Matthew McConaughey. Son prendas que no ajustan, que acompañan el movimiento.

Además, aparece el cuero, pero en clave limpia. Camperas rectas, blazers o abrigos, en negro o marrón, sin excesos. Nuestro David Beckham de los 90 es el claro ejemplo. Muchas veces fotografiado con camperas de cuero simples, trenchs o blazers combinadas con básicos. Son piezas que suman carácter.

Y aparece una de las claves más actuales: el cruce con lo deportivo. En los años 90, lo deportivo no estaba separado del resto del guardarropa, sino que formaba parte de la vida diaria.

Buzos, camperas livianas, zapatillas… Todo convivía con prendas más clásicas. Como John F. Kennedy Jr., que podía pasar de un traje a zapatillas sin perder coherencia o Channing Tatum con sus joggings amplios y una impronta en la que parecía un boxeador fuera del ring.

Hoy esa lógica vuelve y se puede implementar con un pantalón de vestir o jean recto con zapatillas deportivas—sobre todo modelos tipo running, más técnicos, como las ASICS Gel-Kayano o las Nike Air Pegasus—, un abrigo largo con un buzo con capucha, un blazer con una campera liviana.

Y, por último y superimportante, están los accesorios. No muchos, pero sí los correctos. Las boinas, las gorras, los cinturones de cuero. Pero, sobre todo, los anteojos de sol. Ese elemento que en los 90 parecía constante, los usaban todos en cualquier momento del día, como parte del look.

En general, se trata de modelos de estética noventosa, finos, alargados y de perfil bajo —muy en línea con los que popularizó la película Matrix—. Son anteojos que no buscan imponerse, sino integrarse al conjunto.

Nada está pensado para destacar por separado porque todo funciona en conjunto. Y no se trata de sumar más, sino de elegir mejor.