La calidad de la semilla es uno de los pilares que condiciona el resultado de cualquier cultivo de soja, aunque muchas veces su evaluación se realiza de manera tardía o incompleta. Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advierten que medir la viabilidad antes y después de la cosecha permite anticipar problemas y tomar decisiones estratégicas para garantizar un buen inicio del ciclo.
En ese contexto, la viabilidad de las semillas se posiciona como el indicador más importante. Este parámetro permite determinar si las semillas de un lote están efectivamente vivas y tienen capacidad de originar una nueva planta. Contar con este dato en etapas tempranas posibilita definir si un lote es apto para la siembra o si presenta limitaciones que podrían comprometer el establecimiento del cultivo.
“El primer atributo de calidad cuyo valor es importante conocer es la viabilidad del lote de semillas, es decir, la condición de ‘estar vivas’ de cada una de las semillas que lo componen”, explicó Carina Gallo, especialista del INTA Oliveros. Añadió que el análisis no solo verifica si la semilla está viva, sino que también evalúa su estado físico y fisiológico. Para que una planta se establezca correctamente en el campo, las estructuras embrionarias deben mantenerse íntegras y saludables. De lo contrario, pueden registrarse fallas en la implantación, nacimientos desuniformes y pérdidas de plantas que afectan directamente el rendimiento.