Pone en hora ese famoso reloj interno del cuerpo. Invisible, pero que está y es fundamental su uso correcto. La crononutrición, figurativamente, es la que sentaría las bases en caso de que se quiera redactar un instructivo para ese reloj. Las otras ciencias, mientras que las dietas tradicionales se enfocan en "qué" comer, la crononutrición añade la variable "cuándo". Esta ciencia confirmó que el cuerpo no es una calculadora de calorías las 24 horas, sino un organismo rítmico.
El cuerpo humano está diseñado para procesar energía de manera más eficiente durante las horas de luz, es lo que se probó desde la ciencia. Con ello se estableció lo que circula en el colectivo popular y la segmentación que se hace del día.
Por la mañana: la sensibilidad a la insulina suele ser mayor, es el momento de la carga justo para cereales integrales, avena o frutas. El cuerpo necesita glucosa para encenderse. De ahí que el huevo sea considerado como un buen iniciador ya que es proteína saciante y ayuda a mantener el hambre bajo control durante el resto del día.
El punto máximo de actividad del sistema digestivo es al mediodía. El pico metabólico demanda un almuerzo fuerte, entre las 12 y las 14. Los alimentos “pesados” como legumbres y carnes son más fáciles de digerir, además el cuerpo tiene toda la tarde para descomponer esas proteínas y grasas. Después de las 18, el metabolismo empieza a ralentizarse. La sensibilidad a la insulina disminuye. Es cuando hay que evitar azúcares y harinas blancas. Consumir mucha energía de noche suele terminar en almacenamiento (grasa) porque el cuerpo se prepara para reparar tejidos, no para quemar combustible.
¿Qué dieta es la que está más cercana a estos principios?
Si bien no hay un programa estilo “militar” para alimentarse de esta manera, la corriente más conocida es el Intermittent Fasting, el Ayuno Intermitente, combinado con la Crononutrición. Una regla primordial es "seguir el sol".
Intentar que la última comida sea al menos 2 o 3 horas antes de acostarse. Hay un mito de que "prohibido carbohidratos de noche", pero lo cierto es que ese tipo de ingesta a esa hora se lleva un pulgar inclinado al medio. El cuerpo no los gestiona igual, es cierto, pero no es tan nocivo.
Un plato de pasta a las 13 se usa como combustible; el mismo plato a las 21 eleva la glucosa en un momento donde no se hará ninguna actividad, lo que puede elevar el cortisol (hormona del estrés) y arruinar el descanso.