Pasar del descanso a la exigencia plena en pocos días suele traducirse en fatiga, dificultad para concentrarse y sensación de desborde. Es en este contexto donde cobra relevancia el concepto de “soft landing”. El término, que en inglés significa “aterrizaje suave”, se utiliza para describir una transición progresiva hacia la rutina laboral y personal.
En lugar de volver al 100% desde el primer día, el enfoque propone organizar prioridades, distribuir tareas y ajustar horarios de manera gradual, respetando los tiempos de adaptación física y emocional.
No es patológico, no es una enfermedad, sino una reacción esperable ante un cambio en la posición que una persona ocupa en la vida cotidiana. Este pasaje no es inmediato, requiere un tiempo de adaptación psíquica.
“No sé trata de no querer trabajar, sino del esfuerzo psíquico que implica volver a ocupar un lugar dentro de las exigencias del orden social. En la mayoría de los casos no es preocupante, solo es un fenómeno transitorio que se resuelve en pocos días o semanas. Solo se vuelve relevante si persiste en el tiempo”, explica la Licenciada en Psicología, Fernanda Rivadeneira.
Aplicar una estrategia de “soft landing” no es una moda, sino una forma consciente de administrar la energía en un momento de cambio, aunque haya pasado un tiempo prolongado tras el regreso, a veces, la neuroquímica puede demorar su reajuste. Tanto en la vida laboral y escolar, se trata de engañar un poco al sistema para que la transición no sea un choque frontal.
Algunas bases
Entre los pilares del “aterrizaje suave” estar el ser consciente de que nadie es una máquina que se enciende y rinde al 100%. El primer paso es aceptar que la prioridad es aterrizar y después producir.
Si está la sensación de inmediatez de querer tener nuevamente vacaciones hay que evitar que las semanas sean de 9 a 18 horas sin modificación. Salir a almorzar fuera de la oficina, caminar un poco, o aprovechar que los días todavía son lindos para hacer algo que hacías en vacaciones apenas termina la jornada, son estrategias del “soft landing”.
En el caso de los chicos, si hay malestar relacionado todavía con el post vacaciones. Los padres no deben llenar la agenda de extraescolares: escuela y casa y nada más. No sumarles inglés, fútbol y piano todo junto; el reencuentro debería haber sido progresivo, pero están a tiempo de aplicar las estrategias y vincularse primero con sus amigos y su banco.
Si dicen "no quiero ir", en lugar de la respuesta lógica, "tenés que ir igual", hay que probar con un: "Te entiendo, a mí también me encantaría estar en la playa hoy, pero vamos a ver qué cuenta de nuevo tu mejor amigo". Detectar a tiempo señales de sobrecarga permiten intervenir antes de que afecten la salud física y emocional.