Escondido en la selva amazónica, en el norte de Brasil, se encuentra el angelim rojo, una de las impresionantes obras de la naturaleza que alcanza los 88 metros de alto. Este árbol puede igualar una elevación urbana promedio y se posiciona como el coloso más grande de la región sudamericana y también de toda Latinoamérica.

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Las 30 plantas de un edificio no pueden superar la majestuosidad con que la naturaleza concluye sus obras. A salvo de los incendios (al menos por ahora), se localiza el angelim rojo o angelim vermelho en portugués, en la frontera entre los estados brasileños de Pará y Amapá.

Un edificio se queda chico 

Guardado del turismo y de las visitas frecuentes, visitar esta proeza de la naturaleza requiere de cerca de 15 días de viaje a lo largo de aproximadamente 400 kilómetros de ríos y otros 40 kilómetros de caminata por un denso bosque, de acuerdo con un informe de National Geographic. Fue encontrado apenas en septiembre de 2022 luego de una expedición del Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon) por el Bosque Estatal de Paru.

Sus proporciones dan algo de vértigo: unos 88 metros y medio de altura igualando a una construcción de 30 pisos y unos 10 metros de ancho. Así también su antigüedad es notable. Los científicos estiman que es de alrededor de 400 a 600 años.

Una postal de no creer 

Este ejemplar de Dinizia excelsa no solo impresiona por su porte, sino también por un fenómeno visual que lo hace único en su tipo. Cuando los rayos del sol logran filtrar la densa capa de vegetación y golpean su corteza, el tronco del angelim rojo adquiere una tonalidad vibrante y encendida. Es un espectáculo cromático que, según el Museo de la Amazonía (Musa), solo se manifiesta plenamente en las zonas más áridas de la selva, donde la familia botánica ha logrado adaptarse con una resistencia milenaria.

El angelim rojo en la región de la Amazonia. Tobias Jackson/BBC News

Hallazgo y dificultad de supervivencia

El hallazgo en el Bosque Estatal de Paru no fue una casualidad aislada. Los científicos de Imazon consideran a esta región como un verdadero "santuario de gigantes". Durante la exploración, se identificaron otros ejemplares que oscilan entre los 70 y 80 metros, lo que convierte a este sector en un refugio biológico de escala prehistórica. No obstante, el angelim de 88,5 metros sigue siendo la joya de la corona: es el árbol más alto de América Latina y se posiciona como el cuarto más grande de todo el planeta.

A pesar de lo diverso que es el Amazonas, a los científicos les sorprendió que todos estos árboles gigantes fueran de la misma especie.Anteriormente se creía que los Angelim rojos solo crecían unos 60 metros. Los ecólogos aún no saben cómo lograron superar esas alturas, pero dicen que es posible que pueda estar relacionado con la lejanía de las áreas urbanas y zonas industriales.

Pese a su imponente presencia, el futuro de este coloso está ligado a la fragilidad de su ecosistema. Su ubicación remota es, por ahora, su mejor armadura contra la deforestación y la intervención humana. El hecho de que haya necesitado más de cuatro siglos para alcanzar tal envergadura nos recuerda el tiempo irrecuperable que se pierde con cada hectárea de bosque degradada.