Por Carlos Pérez Llana

Hacer pronósticos hoy es muy difícil: uno puede equivocarse fácilmente. Lo que sí puede afirmarse es que estamos entrando en un nuevo ciclo. Y en ese nuevo ciclo, el error sería comparar con etapas anteriores.

Durante la Guerra Fría hubo momentos extremadamente críticos: el bloqueo de Berlín, la guerra de Corea, la crisis de los misiles en Cuba. En todos esos episodios existió el riesgo de una escalada nuclear. Sin embargo, siempre hubo un desenlace claro: alguien cedía y alguien ganaba.

Hoy, en cambio, lo difícil es identificar quién va a ceder.

Razón y pasión

En los conflictos del pasado predominaban disputas de ideas o de intereses. Hoy, en cambio, se combinan razones con pasiones. Y eso vuelve el escenario mucho más impredecible.

Una de las preguntas centrales es qué ocurrirá con Irán: si el régimen colapsará, si cederá o si el conflicto escalará.

La hipótesis de un cambio de régimen, incluso con el regreso de figuras vinculadas al antiguo Shah, parece poco realista. La historia del nacionalismo iraní no se identifica con esa tradición. Y, si el régimen no cae, el enfrentamiento podría intensificarse, con consecuencias globales.

Riesgos de colapso

Si el régimen iraní colapsara, el riesgo de fragmentación del país sería alto. Irán contiene diversas identidades internas que podrían derivar en procesos independentistas.

Además, un escenario de guerra civil sería altamente caótico y tendría efectos desestabilizadores en toda la región.

A esto se suma un factor crítico: el control del Estrecho de Ormuz y el papel de las grandes aseguradoras internacionales, que buscan evitar riesgos en el transporte marítimo. Es decir, no solo hay decisiones políticas, sino también condicionamientos económicos globales.

El factor nuclear

Otro elemento clave es el destino del uranio enriquecido. Existen reservas que podrían utilizarse para desarrollar armas nucleares.

El problema no es solo si otros actores intentan capturarlo, sino también si Irán podría utilizarlo. Hoy no parece estar en condiciones de hacerlo, pero la incertidumbre es total.

El riesgo es doble: que ese material caiga en manos indebidas o que una intervención externa genere una escalada mayor.

Impacto global

El conflicto tiene efectos globales claros.

Rusia, por ejemplo, podría beneficiarse indirectamente: el foco internacional se desplaza de Ucrania y el mercado energético se reconfigura.

China, Europa y Estados Unidos también están involucrados en esta dinámica, en un contexto donde el orden global está en transformación.

Un nuevo orden internacional

Estamos entrando en un mundo donde la geopolítica vuelve a ser central. Y la geopolítica implica territorios, recursos y Estados fuertes.

En este contexto, cobra sentido una idea atribuida a Emmanuel Macron:

“quien no es temido no es respetado”.

Los Estados buscan fortalecer su capacidad de control territorial, sus recursos y su poder de defensa. La lógica del mercado no reemplaza a la lógica del poder.

El lugar de la Argentina

En este escenario, la Argentina debe evitar errores estratégicos.

Uno de ellos sería descuidar su relación con Brasil. Más allá de los debates sobre el Mercosur, la relación entre ambos países es clave para evitar conflictos innecesarios y potenciar su peso regional.

La política exterior debe basarse en intereses, no en ideología; en razones, no en pasiones; y en el diálogo entre las distintas élites —políticas, económicas y estratégicas—.

La inteligencia artificial es uno de los grandes temas de la agenda global.

Hoy existe un claro liderazgo de Estados Unidos, con China como principal competidor. Europa, en cambio, aparece rezagada.

Las grandes tecnológicas han ganado influencia política, especialmente en el contexto del liderazgo de Donald Trump. Sin embargo, ese poder podría cambiar según el resultado de las elecciones en Estados Unidos.

El escenario internacional está atravesado por incertidumbre política: elecciones en Estados Unidos, tensiones en América Latina, conflictos en Medio Oriente.

En este contexto, resulta difícil proyectar alianzas estables. Los países buscan posicionarse de manera pragmática, tratando de preservar sus intereses en un entorno cambiante.

Conclusiones

El mundo atraviesa una etapa de transición profunda.

La combinación de conflictos geopolíticos, tensiones económicas, avances tecnológicos y liderazgos disruptivos hace que el futuro sea difícil de anticipar.

La clave, más que predecir, es comprender la complejidad del escenario y actuar con inteligencia estratégica en un contexto donde las certezas son cada vez más escasas.

*Este es un extracto de una disertación brindada por el autor el miércoles pasado en la Junta de Directores de Adepa.

Perfil 

Carlos Pérez Llana es diplomático y analista. Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, fue embajador en Francia, secretario de Relaciones Internacionales y profesor en la Universidad Di Tella. Autor de El regreso de la historia y De la guerra del Golfo al nuevo orden, se especializa en geopolítica y política internacional.