Atlético Tucumán necesitaba un partido así. Efectivo, contundente y victorioso, aunque fuera sin deslumbrar. Y así fue: con gol de cabeza de Clever Ferreira, el “Decano” venció 1-0 a Gimnasia en el Monumental y, aunque no brilló, se llevó un triunfo más que importante para recuperar la sonrisa, secarse la transpiración y apuntalar el nuevo ciclo de Julio César Falcioni.
El “Emperador” necesitaba un partido así. Poner las piezas en su lugar y obtener resultados. Era importante que su planteo, con los regresos de Leandro Díaz, Nicolás Laméndola e Ignacio Galván al equipo, tuviera recompensa. El equipo estuvo sólido defensivamente y ordenado; logró comenzar ganando y, sobre todo, sostener la victoria. Un triunfo que respalda decisiones y brinda aire para seguir construyendo.
Franco Nicola necesitaba un partido así. Atrevido, eléctrico, sacrificado y determinante. Hoy reconvertido en interior por izquierda, el uruguayo hizo todo lo que su nuevo rol le pidió: corrió, recuperó, gambeteó y recibió faltas. Además, asistió a Ferreira desde el córner en el gol del triunfo. Se redimió ante una hinchada que lo había cuestionado hace apenas una semana y mostró un rendimiento que, seguramente, lo sostendrá en el equipo titular.
Atlético necesitaba un gol así. Directo, sin rodeos, simple pero contundente. Sin demasiada elaboración previa ni firuletes. Era importante llegar y, en una sola acción, facturar. Es el segundo tanto del ciclo Falcioni bajo esta fórmula, una señal de que la pelota parada podría volver a ser un recurso valioso. Hoy, destrabó el duelo y trajo la victoria.
Luis Ingolotti necesitaba un partido así. Sostener su valla en cero y volver a ganar. Tener una atajada clave faltando pocos minutos, salvarse alguna que otra vez y recibir el aplauso de la gente. Sentir, en definitiva, que la maldición terminó y que ya no recibirá un gol con cada remate al arco que enfrente.
Clever Ferreira también necesitaba un partido así. El paraguayo fue la figura: sólido en la marca, audaz para salir jugando y determinante en el resultado con un frentazo letal que Máximo Cabrera no pudo evitar. Tras un mal partido en Barracas, Falcioni lo sostuvo en el puesto y el central respondió con creces.
El hincha necesitaba un partido así. Volver a cantar con entusiasmo, llenar el pecho con un grito de gol y abrazarse tras el silbato final. Sufrió sobre el cierre, es cierto, pero merecía volver a festejar e irse con una sonrisa del Monumental.
En fin, el “Decano”, antes que nada, necesitaba volver a ganar. Como sea. Porque el equipo no brilló; estuvo lejos de hacerlo. Es más: le alcanzó con un primer tiempo correcto y un complemento en el que desmejoró y solo se dedicó a conservar el orden. Los cambios llegaron tarde y tuvieron alguna dificultad para entrar en el ritmo del partido.
Pero el equipo ganó. Incluso ha perdido otros encuentros con menos desmerecimientos que este. Ayer, los tres puntos eran más importantes que cualquier otro análisis táctico o futbolístico. El “Decano” llegó como un equipo urgido por alejar los fantasmas que lo aquejaban desde el inicio del torneo; y esta vez, en el “José Fierro”, logró ahuyentarlos a todos para volver a sonreír. Atlético había llegado al Monumental con una necesidad y se fue del estadio, por fin, con la sensación del deber cumplido.