En un contexto de eventos climáticos cada vez más intensos y complejos, la ciencia y la tecnología local avanzan en soluciones estructurales que apuntan a mitigar riesgos y fortalecer la resiliencia del territorio. En esa línea, la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Famaillá del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un trabajo estratégico basado en la restauración de bosques ribereños, utilizando especies nativas tolerantes al anegamiento como herramienta clave para la gestión ambiental de cuencas.

El eje de esta iniciativa es la conservación y multiplicación del sauce criollo (salix humboldtiana), la única especie nativa del género en el país. Su presencia histórica en las riberas de los ríos del sur tucumano como el Gastona, Marapa, Río Chico, Medina, San Francisco y San Ignacio de la cuenca Salí-Dulce no es casual, sino que cumple funciones ecológicas fundamentales que hoy vuelven a cobrar relevancia frente a los desafíos hidrológicos de la región que ocurren cíclicamente causando graves pérdidas socioeconómicas.

“Los bosques ribereños actúan como verdaderos ‘amortiguadores naturales’. Sus sistemas radiculares estabilizan los márgenes de los ríos, reducen la erosión del suelo y encauzan los cursos de agua en momentos de crecidas. Este efecto combinado ayuda a atenuar desbordes y a ordenar el escurrimiento superficial, aspectos críticos en zonas de pedemonte y llanura deprimida”, explicaron los investigadores Luis Fornés y Pablo Saravia.

“El valor de estos ecosistemas no se limita a lo hidrológico. Además funcionan como corredores biológicos, facilitando la conectividad entre ambientes y favoreciendo la biodiversidad. También albergan organismos que actúan como controladores naturales de plagas, generando beneficios indirectos para la producción agropecuaria”, añadieron.

Con una mirada a largo plazo, el equipo técnico del INTA Famaillá instaló un Banco Clonal de Sauce Criollo, un reservorio genético que permite conservar, estudiar y multiplicar ejemplares seleccionados por su adaptabilidad. Este banco instalado bajo normativas nacionales e internacionales garantiza la disponibilidad de material vegetal de calidad para proyectos de restauración en distintos puntos de la provincia.

“La idea no es sólo conservar la especie, sino también facilitar su uso en intervenciones concretas”, señalaron los investigadores del INTA. En ese sentido, el trabajo incluye la transferencia de plantas a viveros municipales y privados, así como la articulación con gobiernos locales para identificar áreas prioritarias de restauración.

Resultaría central e imprescindible concretar este enfoque colaborativo, dado que la recuperación de bosques ribereños requiere planificación territorial, acuerdos institucionales y continuidad en el tiempo. Municipios, comunas y organismos provinciales cumplirían un rol clave en la implementación; en especial, en la definición de superficies a intervenir y en la instalación de viveros cercanos a las áreas afectadas que aseguren la provisión de plantas.

En paralelo, el INTA Famaillá junto con la Fundación ArgenINTA mantiene acuerdos con YPF y la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán para la entrega de plantas al Vivero Provincial La Florida, en Monteros.

Cabe recordar que estos ambientes están protegidos por la Ley nacional Nº 26.331 (de Bosques Nativos), que los considera zonas de alto valor de conservación. Su degradación o eliminación no sólo implica sanciones legales, sino también la pérdida de servicios ecosistémicos esenciales para la seguridad ambiental y productiva.