Juan Pablo Albornoz Kokot

Abogado- mediador - fundador consultora Dale - capacitador Academia We

Muchas veces se piensa la migración únicamente como un desplazamiento geográfico. Un cambio de lugar, de país, de entorno. Bajo esa mirada, el foco suele estar puesto en lo que se deja atrás y en las dificultades de adaptación al nuevo contexto. Migrar aparece, entonces, como una experiencia marcada por la pérdida, la incertidumbre y la necesidad.

Sin embargo, la experiencia me mostró otra dimensión.

En el trabajo que vengo acompañando junto al Servicio Jesuita a Migrantes (Buenos Aires), en particular con el grupo “Soy Refugio”, comenzó a revelarse una comprensión distinta: migrar no es solamente moverse de un territorio a otro. Es, también, desarrollar una capacidad profunda de transformación.

Las mujeres que integran este espacio -dedicado a la producción textil dentro de la economía social- no solo han migrado en términos geográficos. Han atravesado procesos de reconfiguración familiar, cultural y emocional de enorme complejidad. Han tenido que reconstruir vínculos, redefinir su lugar en el mundo y sostener la vida en contextos muchas veces adversos.

Durante los encuentros de trabajo, algo empezó a emerger.

No fue una consigna, ni una bajada de línea, ni una idea impuesta desde afuera. Fue, más bien, un darse cuenta. Una de esas frases que, cuando aparece, reordena todo lo anterior.

“De verdad que tenemos mucho para compartir.”

“No nos dábamos cuenta de que ya somos líderes.”

Ese fue el punto de inflexión.

El proceso dejó de girar en torno a lo que faltaba y empezó a organizarse desde lo que ya estaba. Desde las capacidades adquiridas, desde la experiencia vivida, desde la resiliencia desarrollada en el camino.

Ahí se produjo un movimiento que, desde una mirada sistémica, resulta profundamente significativo. Mujeres que habían aprendido a migrar en condiciones difíciles comenzaron a reconocer que esa misma habilidad podía trasladarse a otros planos. Migrar de lo individual a lo colectivo. Migrar de la lógica de la carencia a la construcción de valor. Migrar de la supervivencia a la estrategia.

Lo que hasta ese momento aparecía como historia personal empezó a convertirse en recurso organizacional.

Las conversaciones que transforman

Cuando el proceso no se apoya en grandes discursos ni en soluciones externas. Sino fundamentalmente, en la calidad de las conversaciones el cambio empieza a tener efectos reales.

Cuando el diálogo es cuidado, cuando se habilita la palabra y se escucha sin apuro, comienzan a aparecer dimensiones que normalmente quedan ocultas. Se pone nombre a las experiencias, se reconocen capacidades, se ordenan roles.

En ese contexto, el grupo empezó a correrse de una lógica fragmentada hacia una comprensión más integrada. Ya no eran solo mujeres con historias individuales, sino un colectivo con identidad propia. Ya no era solo un emprendimiento productivo, sino una organización en construcción.

El momento del “insight”

Hubo un instante, que condensó todo lo anterior.

En medio de una conversación sencilla, sin dramatismos, apareció con claridad algo que hasta ese momento no estaba del todo visible: el valor que ofrecían no se limitaba al producto textil.

Lo que estaban ofreciendo era su historia.

Su capacidad de atravesar lo difícil.

Su experiencia de reconstrucción.

Su manera de sostener la vida en contextos complejos.

Sheinbaum, contra la publicidad de Estados Unidos sobre la migración

En ese momento, el producto dejó de ser solo producto y pasó a ser expresión.

No fue una decisión estratégica en el sentido clásico. Fue un reconocimiento. Una toma de conciencia que reorganizó la manera de verse a sí mismas y, en consecuencia, la manera de posicionarse frente al mundo.

De la carencia a la propuesta

Desde la lógica tradicional, el desafío de estos emprendimientos suele plantearse en términos de competitividad, visibilidad o acceso al mercado. Sin embargo, lo que este proceso dejó en evidencia es otra cosa.

Cuando hay coherencia entre la historia, la identidad y lo que se ofrece, no es necesario forzar la venta.

El valor se percibe.

No se trata de convencer, sino de expresar con verdad lo que ya está presente. En ese sentido, el camino de “Soy Refugio” muestra una clave relevante para la economía social: la potencia no radica únicamente en el producto, sino en la experiencia que lo sostiene.

Liderar desde otro lugar

El liderazgo que empieza a emerger en estos procesos no responde a la figura individual que concentra todo, sino a una dinámica donde las personas reconocen su experiencia y la ponen al servicio de algo común.

A veces, el mayor acto no es hacer más, sino reconocer lo que ya está.

Debido a una amenaza existencial, un país comenzó la primera migración masiva de la historia

El gesto que tuve la gracia de presenciar en el proceso de Soy Refugio, no solo transformó al grupo sino también a quienes hemos sido testigos de él.

Una invitación…

Tal vez este relato no sea solo sobre migración. Tal vez nos hable también de otros ámbitos: organizaciones, equipos, comunidades, incluso nuestra vida personal.

¿Qué capacidades estamos pasando por alto en nuestras propias historias?

¿En qué lugares seguimos mirando desde la falta en lugar de reconocer lo construido?

¿Qué rol necesita hoy el sistema -la organización, el equipo, la comunidad- de nosotros?

¿En qué medida vos también sos migrante?