Desde la vereda ya se escuchaban los gritos. Risas, discusiones y aplausos que subían por la escalera del estudio en la esquina de Piedras y Libertad. Adentro, un living lleno de sillas improvisadas, cerveza en mano, humo de narguile y un proyector. Podría tratarse de un clásico, o de una final del mundo pero no, era la ceremonia de la 98.ª edición de los Premios Óscar desde el cineclub La Vecindad Estudio.
La reunión empezó a las 20, pero la sensación era la de una previa larga entre amigos que comparten obsesiones: el cine, las películas que llegan tarde o no llegan, y las ganas de discutirlas hasta el final. Críticos, docentes, estudiantes, directores, gente de cineclubes y fanáticos se juntaron casi 40 personas para ver la transmisión en vivo, hacer predicciones y, sobre todo, encontrarse.
La excusa era perfecta: celebrar el primer año del cineclub que cada jueves a las 21 proyecta películas en este pequeño espacio cultural del barrio Abasto–Ciudadela. El próximo encuentro será para ver "Matate Amor" de Lynne Ramsay.
“Sin querer queriendo nació hace un año”, cuenta Martín Falci, director de la película La Hermandad, productor y uno de los anfitriones de la noche. “Vivimos hace tiempo en esta esquina y abrimos el lugar como una especie de búnker para estos tiempos revoltosos. Nuestro evento fijo es el cine de los jueves, y después se fueron sumando los Antidomingos con distintas propuestas. Es independiente y lo mantenemos mes a mes gracias al apoyo de nuestros visitantes”, dice en una de las pausas de la ceremonia.
La Vecindad funciona, en realidad, como un estudio y casa compartida. Arriba trabajan; abajo, reciben gente en la sala Abel Scarso, nombrada así en homenaje al arquitecto que vivía en ese departamento y que también fue coleccionista de arte. “Es como abrir nuestro living”, dice Falci. “Invitar al público a compartir las películas que a nosotros nos gustan, muchas de las cuales no llegan a las salas”.
El proyecto lo impulsan cinco personas: Falci y Lucas García Melo —ambos directores de cine— junto a la fotógrafa Belinda Quintero, el humorista y lutier Jairo Cejas y la bióloga Silvana Chocobar.
La nueva generación
La noche del domingo tenía algo particular: era la primera vez que muchas de las personas del circuito audiovisual tucumano se encontraban en un mismo lugar para ver los premios. Entre el público había gente de la Escuela de Cine, realizadores, críticos y estudiantes. La sensación era la de una reunión de tribu.
Entre ellos estaba Emilia Barrionuevo, estudiante de tercer año de cine. Tiene 19 años, es de Santiago del Estero y vive sola en Tucumán desde hace dos. Falci la invitó a participar del panel cinéfilo de la noche. “La verdad que estoy feliz”, cuenta. “Me gusta ver películas y disfrutarlas, aunque no sé si me describiría como crítica. A mí me interesa mucho el análisis psicológico de los personajes y todo lo que tiene que ver con música y sonido”.
Para ella, el valor del encuentro no está en los premios en sí. “Los Oscar no son toda la verdad del cine. Muchas de las mejores películas ni siquiera llegan ahí. Pero lo importante es juntarnos, debatir, compartir lo que nos gusta. Eso es lo que hace que la pasemos tan bien”.
Una mirada similar comparte Mateo Evaristo Forchetti, estudiante de Comunicación de 21 años y organizador de Susini, el cineclub. “Me parece bueno que sea abierto al público, traer gente metida en la movida para ir organizando de a poco. Hay una buena simbiosis entre los interesados y los que hacen cosas acá”, señaló. Y resumió el clima de la noche: “Es hermoso juntar mucha gente y hablar de cine, tomar, reírse y festejar. Ojalá estas juntadas se repitan”.
Como ver el Mundial… pero de cine
Mientras avanzaba la transmisión, el clima se parecía cada vez más al de una cancha. Cuando una predicción se cumplía, alguien gritaba; cuando una favorita perdía, aparecía el debate. Para Bernabé Quiroga, realizador, gestor cultural y docente de la UNT, la comparación es inevitable.
“Es exactamente lo mismo que cuando alguien mira fútbol”, dice entre risas. “Hay emoción, fervor, discusiones. Cuando gana alguien que no queríamos es como si nos hubieran cobrado mal un penal”. La diferencia es que acá las apuestas pasan por guion, dirección o montaje.
Además, el juego está institucionalizado: hay premio para quien más acierte en las predicciones… y también para quien menos. Entre risas y debates, se destacó Facundo Valero con 21 aciertos, mientras que Susini y Pichi cerraron con solo 4. El premio: durante todo el mes, cervecita y consumición gratis cada vez que vengan a ver películas a La Vecindad.
El cine como punto de encuentro
Para Elena Burgos de Chazal, guionista y docente de la UNT, lo más interesante del encuentro es justamente la diversidad de miradas. “Hay docentes, estudiantes, fanáticos del audiovisual. Cada uno tiene una mirada distinta. En mi caso trabajo con un enfoque más desde el cine hecho por mujeres, con perspectiva de género”, explicó. “Lo rico es justamente eso: que el arte es subjetivo y que todas esas miradas se mezclan”.
Burgos destacó además el valor de que el evento sea abierto al público. “En Tucumán no es tan común ver este tipo de encuentros comunitarios para ver los Oscar. Me parece muy valioso que espacios como La Vecindad generen comunidad alrededor de la cultura”.
En un momento de la noche, Falci resume el espíritu del encuentro con una frase que queda flotando entre risas y discusiones: “El poder del arte que nos une cuando el mundo nos divide”.
Quizás por eso, más allá de quién gane la estatuilla a mejor película, el verdadero premio de la noche parece ser otro: haber convertido un domingo cualquiera en una celebración colectiva del cine.
En el rincón de Abasto–Ciudadela, al menos por unas horas, la pantalla grande volvió a ser una excusa para algo más grande: comunidad.