El Superclásico de Minas Gerais de este domingo no será recordado por el gol de Kaio Jorge o el título 39 de Cruzeiro, sino por un escándalo de proporciones inéditas. Si bien el encuentro finalizó formalmente sin tarjetas rojas en el campo de juego debido al caos generalizado, el acta oficial del árbitro Matheus Candançan reveló una sanción masiva: 12 jugadores del equipo azul y 11 del "Galo" fueron informados por las agresiones. Con un total de 23 expulsados, el partido quebró el récord de 22 rojas que ostentaba un duelo entre Portuguesa y Botafogo desde mediados del siglo pasado.

El detonante de la gresca fue un cruce en el área entre el arquero Everson y el mediocampista Christian. Según el informe arbitral, el guardameta del Atlético Mineiro derribó a su oponente y le propinó un rodillazo en la cara, lo que desató una reacción en cadena imposible de frenar para la terna arbitral. En ese momento, la violencia se apoderó de los protagonistas: el argentino Lucas Romero saltó para conectar una trompada en la cabeza de Everson, mientras que Lucas Villalba, también compatriota, le aplicó una espectacular patada voladora al delantero Hulk, quien previamente había golpeado por la espalda a Romero.

En medio de las corridas y las piñas, se lo vio al técnico argentino Eduardo Domínguez intentar separar a sus dirigidos, aunque sus esfuerzos fueron estériles ante la magnitud del conflicto. La Policía Militar debió ingresar al césped para formar cordones de seguridad y proteger al árbitro, quien observaba la escena con impotencia desde la distancia. El desborde fue tal que las sanciones solo pudieron ser comunicadas una vez que los ánimos se calmaron en los vestuarios, basándose en las imágenes televisivas para identificar a cada agresor.

A pesar de la gravedad de los hechos, las consecuencias deportivas para el corto plazo son llamativas. Según el Código Brasileño de Justicia Deportiva, estas sanciones tienen "efectividad territorial", lo que significa que los 23 futbolistas deberán cumplir sus suspensiones únicamente en el próximo Campeonato Mineiro. Esto permite que todos los involucrados puedan disputar sin problemas el inicio del Brasileirao y la Copa do Brasil. El morbo por un nuevo cruce no tardará en llegar, ya que ambos equipos volverán a verse las caras el próximo 3 de mayo por el torneo nacional, en lo que será una prueba de fuego para la seguridad deportiva tras esta jornada negra en el Mineirao.