Hay nombres que explican la identidad de un club mejor que cualquier manual. María Alejandra Mocoroa es uno de ellos. Docente de profesión y socia de Atlético Tucumán desde 1983, su vida ha transcurrido entre las canchas de hockey, las piletas del complejo y, ahora, las oficinas de la comisión directiva.

"Empecé como jugadora practicando hockey, aunque también hacíamos tenis o natación. Hoy transito mi tercer mandato en la CD y siempre estoy disponible para lo que se necesite, especialmente en el área social y a cargo del hockey, que es la segunda disciplina más importante del club por la cantidad de gente que convoca", relata a LA GACETA, en el Día de la Mujer.

La mirada femenina: más allá del fútbol profesional

Para Mocoroa, la apertura de espacios para las mujeres en la dirigencia permitió aportar una sensibilidad que el fútbol profesional a veces pasa por alto. "Aportamos una visión que va más allá de la pelota. El hombre de fútbol a veces no ve el día a día de las problemáticas que sufren nuestros jóvenes. Atlético hace un trabajo de contención tremendo a través de este grupo femenino", destaca.

Ese trabajo se siente con fuerza en el complejo "José Salmoiraghi", donde colabora estrechamente con las psicólogas de la pensión. "Tenemos 30 chicos que dependen directamente de la institución y hay que estar pendientes de su educación, de su salud y de su alimentación. Es un trabajo duro, pero gratificante", valora.

Sostener el deporte amateur en tiempos difíciles

María sostiene que la función social de Atlético llega a lugares donde otras instituciones no asoman. Alejandra conoce de cerca esas realidades: "Ayudamos a chicos de muy bajos recursos, que llegan hasta el complejo gracias a la ayuda que les brindamos. El club llega a muchos lugares donde hace falta contención", explica conmovida.

En un contexto económico complejo, mantener las disciplinas amateurs es un desafío diario que Alejandra asume como una misión personal. "Nos ha costado mucho trabajo mantener las disciplinas. Nos esforzamos para que niños, niñas y adolescentes tengan su espacio, a pesar de que nos cuesta más conseguir los recursos que al fútbol", reconoce.

Consciente de los costos de las cuotas y la indumentaria, Mocoroa resalta la labor del equipo de trabajo para becar y sostener a quienes más lo necesitan. "Trabajamos para que muchos chicos sigan vinculados al club", asegura. Tal vez porque sabe que, para ellos, Atlético es mucho más que un deporte: también es su lugar en el mundo.