A la hora de hablar sobre el fútbol femenino en Atlético Tucumán, el nombre de Adriana Larrahona sale casi de memoria. La legendaria arquera del "Decano" cumplió 46 años, lleva más de 15 defendiendo los colores celeste y blanco y, aunque el retiro asoma en el horizonte, decidió apostar por un año más bajo los tres palos de 25 de Mayo y Chile. Eso sí: esta vez lo hará con un pie adentro del cuerpo técnico.

"Este año sumé una nueva función como entrenadora de arqueras y ayudante de campo en la Primera. Es un rol con miras al retiro", confiesa a LA GACETA en el Día de la Mujer. Y agrega entre risas: "Yo tenía planeado colgar los guantes ahora, pero las chicas y el nuevo DT me convencieron de quedarme un añito más. Estaré a media máquina, pero voy a estar. El año que viene ya me dedicaré de lleno a otras funciones".

Sembrar para el futuro

Desde hace tres años, Adriana vuelca su experiencia en las categorías infantiles, formando a niñas de entre 8 y 14 años. Su objetivo es claro: profesionalizar el puesto desde la base. "Tengo cuatro arqueritas ahí, y también entreno a las de Reserva y Primera. Cuesta mucho conseguir arqueras, no todas quieren ocupar ese lugar, por eso la idea es sumar gente y formarlas desde abajo", explica.

Larrahona ya cuenta con el título de Directora Técnica y proyecta su futuro liderando una Reserva o un plantel superior. Sin embargo, su diagnóstico sobre la realidad local es contundente: "El fútbol femenino creció a pasos agigantados a nivel nacional, pero en la provincia todavía va muy lento. Falta mucho por avanzar y necesitamos más apoyo de dirigentes, de hinchas y de la gente que simpatiza con la disciplina".

El sueño de AFA y el sacrificio diario

Para la referente "decana", la hegemonía en la provincia ya cumplió un ciclo. "El sueño de todas, sobre todo de las que vienen desde abajo, es jugar en AFA. La Liga Tucumana ya nos queda chica; entrenamos cinco veces a la semana, hacemos doble turno, gimnasio y campo. El salto a la categoría C sería el paso definitivo hacia el profesionalismo", asegura.

Ese profesionalismo, de todas formas, hoy se sostiene a base de un sacrificio invisible. "Este año los nuevos preparadores físicos nos están cambiando la mentalidad para que pensemos como profesionales, pero es complicado porque muchas chicas estudian o trabajan. En mi caso, tengo un local comercial en el centro y tengo que organizarme para ir dos horas al club, entrenar y volver corriendo al negocio para seguir trabajando", reconoce.

En ese equilibrio entre los guantes y el mostrador, Larrahona encara su última temporada. La arquera que vio crecer al fútbol femenino desde el barro hoy se prepara para dejar el arco en buenas manos, mientras sueña con ver a su Atlético nacionalizado.