Para que el calcio de los alimentos pueda pasar a la sangre y fortalezca los huesos, se necesita vitamina D que en realidad es una hormona que el cuerpo fabrica cuando el sol toca la piel. La asociación "vitamina D-sol" es automática y, como suele pasar con una conexión con esa característica, se la toma a la ligera. Es muy poca la gente que tiene en cuenta un detalle fundamental al momento de usar la fuente más natural para obtener el mineral: el ángulo con el que impacta la luz solar en el cuerpo.
Hay que estar parado de un modo correcto para obtener vitamina D. En Argentina, la deficiencia de vitamina D es extremadamente común, incluso en zonas con mucho sol como Tucumán. Sí, hay una ventaja geográfica por estar más cerca del trópico que alguien en Buenos Aires o la Patagonia, pero el ángulo no puede descuidarse en ninguna latitud.
La física indica que para que la piel fabrique la hormona, los fotones de radiación UVB (son más cortos no atraviesan vidrios y se quedan principalmente en la epidermis) deben chocar con el 7-dehidrocolesterol (una molécula, un tipo de grasa) que ya vive naturalmente en las capas de la piel.
El problema es que los rayos UVB, si el sol está muy inclinado, tienen que atravesar una capa de atmósfera mucho más gruesa y la capa de ozono los absorbe, casi a todos, antes de que lleguen al cuerpo. Para que la síntesis sea efectiva, el sol debe estar a más de 45° sobre el horizonte.
Esta molécula abunda en la epidermis (capa externa) que es ahí donde se fabrica la vitamina D. Por eso, no hace falta que el sol queme; con que la luz penetre las primeras capas es suficiente.
No es un dato tan difundido, generalmente, porque los consejos de salud se simplifican para que sean fáciles de recordar. Explicar la refracción atmosférica y los ángulos es más complejo.
Otro motivo es el miedo al cáncer de piel por ello las campañas de dermatología -con mucha razón- se enfocan en evitar el sol fuerte. Como el sol "de vitamina D" en Tucumán coincide con el más peligroso para la piel (el del mediodía), se prefiere no incentivar la exposición en esas horas.
Los parámetros
Hay referencias simples para estar correctamente posicionado y, al mismo tiempo, no dañarse. Observar la proyección de la sombra es un método de medición: si es más larga, el ángulo del sol es bajo, de menos de 45°, casi no permite la producción de vitamina D. Si la sombra es más corta, el ángulo es el adecuado. Los rayos UVB están llegando con la energía suficiente.
También existen aplicaciones para instalar en el celular que miden el índice UV, como uvLens o incluso la que viene por defecto en el analizador de clima de los teléfonos. Si el índice es menor a tres, la producción de vitamina D es casi nula; si está entre tres y ocho, es el punto ideal para una exposición breve. El color del cielo también sirve como indicador. Si el día se presenta con mucho "smog" o mucha humedad los rayos UVB se dispersan mucho más rápido que los UVA, reduciendo la eficiencia aunque el sol esté.
Según la época del año la sugerencia que hace la Inteligencia Artificial (IA) para exponerse al sol generador de vitamina D en una latitud como la tucumana es: en verano, de 10.30 a 16.30; otoño-primavera, de 11.30 a 15.30 e invierno, de 12 a 14:00.
En el país
El panorama general indica que, según estudios como los de la Asociación Argentina de Osteología y Metabolismo Mineral, cerca del 43% al 50% de la población general tiene niveles insuficientes de vitamina D. En adultos mayores, esta cifra puede subir hasta el 80% o 90% durante los meses de invierno. Incluso en jóvenes sanos, se han encontrado niveles por debajo de lo óptimo en más de la mitad de los casos estudiados.