Muchas veces creemos que ciertos hábitos simples son sinónimos de belleza o higiene, pero el beneficio no se logra con ellos. Por eso es bueno revisar costumbres muy arraigadas y reemplazarlas por prácticas más saludables y efectivas.

No se trata de invertir grandes cantidades de tiempo, dinero y energía para tener belleza. El enfoque está más orientado a suprimir acciones que no suman. 

Tocarnos la cara es una de las peores acciones que incide en nuestra piel. Usamos las manos todo el día para un montón de cosas, por lo que siempre están sucias. Una solución ante ello si es que el hábito es muy difícil de evitar... si pica, rascarse con el interior de la ropa.

Si los labios están agrietados, no hay que lamernos. No es lo mejor ese hábito para encontrar la hidratación que buscamos. Puede parecer contradictorio, pero lo mejor es emplear cacao, vaselina, algún labial específico y beber agua con regularidad.

Frotarse los ojos también es tan común como la costumbre anterior. Más si solemos tener la vista cansada o se sufre alguna alergia, pero al hacerlo causa inflamación. La piel que rodea los ojos es muy delicada, al punto que al tener contacto con nuestro cuerpo puede provocar conjuntivitis. Si está la necesidad, hay que usar un pañuelo.

Otra creencia errónea es que sacarnos los granos con presión de los dedos los disimula. En realidad es justo al contrario. Tener a mano algún aceite para aplicar sobre la zona es menos doloroso y más rápido.

En la cabeza y en la cama

El cabello también es blanco para la especie de “tratamientos exprés” que nos autoaplicamos. Atarnos el pelo con gomas es una de las peores cosas que podemos hacer. El accesorio daña mucho el cabello. 

Actualmente existen más alternativas, las también llamadas gomillas vienen en versiones cubiertas de tela; si tienen forma de espiral, mucho mejor. Lo ideal es que el cabello se seque con el aire y sin aplicar calor, ya que hace que deje de estar mojado y que evita que las puntas se abran o se encrespen.

Al igual que con las gomas hay manera de evitar el daño si es que no hay opción de secado. Antes de secar, planchar o rizar el pelo hay que aplicar un sérum termoprotector que se consigue en farmacias y también en las tiendas que proveen artículos de peluquería. Con su uso, las cutículas quedarán protegidas, en tanto el cabello adquirirá un brillo saludable. Tampoco es bueno lavarlo a diario. Estará más limpio, sí, pero se lo priva de los aceites naturales. Lo recomendable es que si el largo llega hasta los hombros, lavarlo cada dos días, ese es el parámetro.

La almohada aunque cueste creerlo también influye en la belleza. Lavar la funda es clave para la piel porque puede acumularse restos de grasa, suciedad y maquillaje, lo que puede irritar y generar granos. Dos recomendaciones sirven en éste ítem: limpiar la cara antes de ir a dormir y el lavado hacerlo al menos una vez a la semana.

Comerse las uñas puede que sea el hábito más difícil de superar, pero hay varias técnicas para evitarlo. La primera opción es usar un esmalte repelente que haga que las uñas tengan mal sabor. Si es invierno, usar guantes tendrá el beneficio extra de también combatir el frío.