A pocos minutos del inicio del partido, mientras muchos revisaban las redes sociales en busca del equipo titular, una presencia llamó la atención de todos en el playón de la zona de plateas: la de Malusi Ncanana, un sacerdote sudafricano de 34 años que ha encontrado en el “Jardín de la República” un segundo hogar. Con una sonrisa contagiosa y vistiendo la camiseta de San Martín, Malusi recorre la provincia para predicar su fe y empaparse de lo que él define como “el calor y la energía de la gente”.

Detrás de su perfil bajo y su trato amable, el sacerdote se prepara para una responsabilidad de escala mundial: ser Nuncio Apostólico. En la jerarquía de la Iglesia, este cargo equivale al de un embajador de la Santa Sede, representando al Papa ante los gobiernos y las iglesias locales. Es el puente diplomático y espiritual del Vaticano con el resto del mundo.

Su presencia en Tucumán responde a una decisión del Papa Francisco, quien dispuso que los futuros diplomáticos de la Iglesia debían realizar un trabajo pastoral de base antes de asumir sus funciones. La idea es que los representantes pontificios no sean solo burócratas, sino que conozcan la realidad diaria de las comunidades. Siguiendo esa formación, Malusi llegó a la Banda del Río Salí, donde bajo la guía del padre Fabián Nieva, ha sido acogido con calidez. Su humildad no pasó desapercibida, ganándose incluso el saludo del ex intendente Darío Monteros, quien lo invitó personalmente a vivir la mística del fútbol local. “Le agradezco mucho esta oportunidad; la gente aquí es muy amable y me hace sentir parte de ellos”, comenta con gratitud.

Aunque hoy luce orgulloso la camiseta roja y blanca, su primer amor deportivo fue el rugby, el deporte nacional de su país. Sin embargo, su carrera en las canchas terminó pronto por una razón familiar: “Jugué un poco en la escuela secundaria, pero mis padres me pidieron que lo dejara porque no tenía seguridad médica... ¡Tenían miedo de que me pasara algo malo!”, confiesa entre risas.

A pesar de su pasado rugbístico y de repetir que “Sudáfrica es el número 1”  —lleva la de los Springboks siempre con él—, Malusi quedó fascinado por el fervor del fútbol argentino. “Es mi primera vez en una cancha aquí. Veo mucha pasión y, sobre todo, mucho 'estar juntos'. Eso es lo más lindo de este pueblo”.

Igual, Ncanana no olvida sus raíces: trajo consigo su fanatismo por el Orlando Pirates de Sudáfrica y a cada persona que se acercaba a charlar con él, no tardaba en compartirle su alegría por el  triunfo 3-0 de su equipo ante el Kaizer Chiefs en el gran clásico de su país.

Pero en Tucumán, su corazón ya tiene dueño. Al ser consultado sobre por qué escogió al equipo de Bolívar y Pellegrini, responde con picardía: “Elegí a San Martín porque ya es un santo”. Para él, esta experiencia es vital para su formación: “El idioma no es solo palabras; aprender español es entender la cultura, la historia y la pasión de la gente, y eso se vive en la cancha”.

Con tres meses más por delante en la provincia antes de partir en junio, Malusi sigue recorriendo las calles y disfrutando la gastronomía local.

Tal vez en unos años regrese a la Argentina con el título oficial de Nuncio. Pero vuelva o no, lo importante es que se llevará en su valija la camiseta del “Santo” y un sinfín de anécdotas que planea compartir con el mismo Papa León XIV en su regreso a Roma.

En las tribunas de La Ciudadela, el futuro diplomático descubrió que, tal como sucede en el Vaticano con la vestimenta de los cardenales, en Tucumán la fe también se viste de rojo y blanco.