Sábado, tarde soleada, La Bombonera a pleno… Todo estaba preparado para una fiesta. Pero el invitado que faltó —y ya van varias veces— fue el equipo “xeneize”. El empate uno a uno entre Boca y Gimnasia de Mendoza por la octava jornada del torneo Apertura dejó un sabor amargo; aunque fue mejor, no pudo imponerse en el marcador ni escalar posiciones en la Zona A. Ni siquiera el ingreso de Leandro Paredes alcanzó para quebrar la resistencia de un “Lobo” mendocino que aprovechó la que tuvo y se llevó un premio gigante.
Apenas a los quince minutos de juego, Gimnasia sacó provecho de una desatención defensiva en un tiro de esquina desde la banda derecha. Luciano Paredes conectó un cabezazo certero en el primer palo que dejó sin opciones a Agustín Marchesín, estableciendo una ventaja parcial que llenó de nerviosismo al conjunto local. Boca sintió el impacto y durante gran parte de la primera etapa navegó en la imprecisión, con un mediocampo que no lograba conectar con Adam Bareiro ni con Miguel Merentiel.
Sin embargo, la jerarquía individual apareció para rescatar al equipo de Claudio Úbeda antes del descanso. Lautaro Blanco, el arma más punzante por el carril izquierdo, decidió cambiar la fórmula habitual y enganchó hacia su perfil diestro para enviar un centro llovido al corazón del área. La pelota rozó en el paraguayo Bareiro y terminó en los pies de Merentiel, quien con su habitual olfato goleador mandó el balón a la red para marcar la igualdad a los 41 minutos. El estadio pareció venirse abajo poco después cuando Bareiro convirtió el segundo tanto, pero el árbitro Pablo Dóvalo, tras una larga revisión del VAR, decidió anular la jugada por una posición adelantada previa de Lucas Janson.
En el complemento, el entrenador decidió mover el tablero de manera drástica para intentar torcer la historia. El ingreso de Leandro Paredes aportó una cuota de claridad en la distribución, pero la verdadera inyección de energía llegó de la mano del juvenil Tomás Aranda. El delantero de 18 años se convirtió en la principal carta ofensiva de un Boca que empujaba más por inercia que por un sistema de juego aceitado. Aranda tuvo en sus pies cuatro ocasiones clarísimas: un disparo frontal que se fue ancho, un zurdazo que rozó el poste derecho y dos cabezazos que no encontraron el arco.
Por su parte, el conjunto mendocino se aferró al empate con uñas y dientes, apoyándose en la figura descollante de su arquero Lautaro Petrucci. El guardameta del “Lobo” se transformó en una muralla sobre el final del partido, desactivando un potente disparo de Blanco y sacando un cabezazo a quemarropa de Lautaro Di Lollo en el tiempo de descuento. Cada intervención de Petrucci aumentaba la desesperación de un Boca que terminó volcando a todos sus hombres al ataque, pero sin la lucidez necesaria para romper el cerrojo defensivo impuesto por Ariel Broggi.
Al sonar el silbato final, la reacción de la tribuna fue unánime: una silbatina que expresó la frustración por un resultado con sabor a muy poco. Con este empate, el equipo de Úbeda queda relegado a la novena posición, muy lejos de la pelea por el liderazgo que hoy ostenta Estudiantes y fuera de la zona de clasificación a los playoffs. El panorama no es sencillo para el cuerpo técnico de Úbeda, que ahora deberá preparar el duelo pendiente contra Lanús. El “Granate”, reciente campeón de la Recopa Sudamericana, será un durísimo escollo para un Boca que necesita urgentemente corregir el rumbo y recuperar la memoria futbolística.
Del otro lado, Gimnasia se fue contento, en su primer choque frente a Boca en 43 años, y mantuvo la “paternidad” en el historial oficial, que cuenta ahora con tres triunfos de los mendocinos, cuatro empates y solo dos victorias “xeneizes”.