En la jornada de la fiesta del Queso de 2012 el músico León Gieco, entonces de 60 años, “deslumbró a los tucumanos con la vitalidad propia de un joven soñador”.

Así lo describe la crónica de LA GACETA del 26 de febrero de ese año. A las pocas horas de llegar a Tafí del Valle tomó una bicicleta y salió a recorrer la villa. A la noche actuó hasta casi el amanecer, repasó el prolífico repertorio de su extensa carrera. “A los que les gusta mi música quédense dispuestos a escucharme durante unas dos horas y media. Los otros se pueden ir porque se van a cansar esta noche”. dijo el santafesino. Y tocó de todo: chamamé y regaetton; cantó “Para la libertad” con un fondo de imágenes de Malvinas; recordó a Atahualpa Yupanqui y a Mercedes Sosa y entonó sus clásicos de la memoria como “Hombres de hierro”. Se despidió con “Sólo le pido a Dios”.

En esa jornada fue asediado por los fans y firmó autógrafos constantemente. Se dio un poco de tiempo para conversar con LA GACETA y habló de sus canciones sociales, de los derechos humanos, del gobierno de entonces y contra la minería. “Insisto que critico lo que se hace mal”, dijo.

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Y al hablar de Tafí del Valle, reconoció que en sus comentarios de ese día había sido lapidario con la cuestión ambiental. “Hablé de lo lindo que es este lugar y de los que tiran plástico en las calles. Hay gente que habla de la minería porque contamina y tira la botella en la calle desde la ventanilla abierta del auto. Somos tarados, realmente. No sé si no ven la basura o no sienten que queda mal”. A renglón seguido, aclaró: “Es en todo el país. Cada vez que te arrimás a un pueblo está lleno de plástico por todas partes”. Pero la crítica caló hondo en Tucumán.