Gustavo Gabriel Rivara, el argentino de 52 años que permaneció detenido ilegalmente en las entrañas del Helicoide, rompió el silencio tras su liberación el pasado 2 de febrero. Rivara describió el calvario de ser un "preso político por azar" en el centro de detención más temido de Venezuela.
Rivara fue interceptado en una terminal de ómnibus en Barinas mientras intentaba regresar a Colombia tras las convulsas elecciones del 28 de julio de 2024. Su "delito" fue haber participado en las marchas convocadas por la opositora María Corina Machado. “No se necesitan razones para ir preso en Venezuela. A los extranjeros nos presentan ante el Sebin para usarnos como moneda de cambio o chantaje contra otros gobiernos”, explicó.
Vivir bajo tierra
El Helicoide, descrito por el argentino como una estructura subterránea y lúgubre, se convirtió en su hogar durante meses. “Es un lugar sin luz natural, siempre sucio por los vehículos que circulan arriba. Tengo problemas en la vista por la mugre constante”, detalló.
Además, denunció una vigilancia asfixiante. “Éramos filmados todo el tiempo, incluso tenían cámaras en los baños. No podíamos dormir porque pasaban lista a cada rato”, detalló.
El "Guantánamo" chavista
Durante los últimos cuatro meses, Rivara permaneció en aislamiento total. “Me decían que hiciera de cuenta que estaba en Guantánamo. Era el único extranjero entre guerrilleros y narcotraficantes pesados”, relató.
Sobre el proceso judicial, calificó de "ridícula" la acusación de traición a la patria que le imputaron 10 meses después de su captura en una audiencia de apenas cinco minutos.
Rivara concluyó con una reflexión sobre el olvido que sufren quienes quedan tras las rejas. “A último momento pensé que me trasladaban para matarme, no que me liberaban. Hay muchas familias sufriendo y el mundo sigue girando como si nada pasara. Nadie hace nada por ellos”, afirmó.