Durante el verano, el calor acelera la evapotranspiración y puede generar una falsa señal: si la planta se ve “caída”, muchos asumen que necesita más agua. Sin embargo, regar en exceso puede bloquear el oxígeno del sustrato y desencadenar problemas invisibles en las raíces. Comprender ese equilibrio resulta clave para evitar pérdidas y frustraciones.

La escena se repite en balcones, patios y jardines: manguera o regadera en mano y una maceta que, lejos de recuperarse, empieza a decaer. El exceso de agua no solo humedece la tierra; también modifica su funcionamiento, compacta el sustrato y crea condiciones propicias para enfermedades. Con algunos ajustes simples, no solo es posible prevenir estos problemas, sino también revertirlos si se detectan a tiempo.

Por qué el exceso de riego puede ser fatal

El primer impacto se produce en las raíces. La tierra contiene poros con aire, fundamentales para la respiración radicular. Cuando el sustrato se satura, el agua ocupa ese espacio y las raíces quedan sin oxígeno, provocando asfixia radicular. En días calurosos, cuando la planta acelera su metabolismo, la falta de oxígeno agrava rápidamente el daño.

A esto se suma otro efecto frecuente: el sustrato empapado bajo el sol se recalienta y actúa como una especie de “caldera”. La combinación de humedad retenida y temperatura alta debilita las raíces, que pierden capacidad de absorber nutrientes incluso cuando el riego continúa.

También aparecen enfermedades. El ambiente cálido y húmedo favorece la proliferación de hongos asociados a la podredumbre radicular. Las raíces se vuelven oscuras, blandas y con olor desagradable, mientras desde la superficie la planta parece marchita, como si le faltara agua.

La superficie húmeda del sustrato, además, puede engañar a simple vista y llevar a riegos innecesarios durante los días más calurosos.

Qué es el acolchado y cuáles son sus beneficios

El acolchado -también llamado mantillo o mulching- consiste en cubrir la superficie de la tierra para proteger el suelo y estabilizar su humedad. Esta técnica evita la incidencia directa del sol sobre el sustrato, reduce la evaporación y previene que la superficie se recaliente.

Entre sus ventajas, ayuda a amortiguar cambios bruscos de temperatura, disminuye la erosión en macetas o canteros expuestos al viento o lluvias intensas y limita el crecimiento de malezas que compiten por agua y nutrientes.

Los materiales pueden variar según el espacio disponible: paja, restos de poda triturados, hojas secas, compost, piedras o grava. La recomendación general es formar una capa moderada, alrededor de 5 centímetros, para evitar encharcamientos o problemas de drenaje.

Cómo recuperar una planta con exceso de agua

El primer paso es suspender el riego. Conviene verificar la humedad real introduciendo un dedo entre 5 y 7 centímetros en el sustrato: si la tierra sigue húmeda y adherente, la planta no necesita más agua. En ese caso, es importante favorecer la ventilación, ubicar la planta en sombra luminosa y esperar.

Si la maceta está muy empapada, se puede retirar la planta con cuidado, quitar parte del sustrato húmedo adherido a las raíces y dejarla secar al aire entre 12 horas y un día, según la humedad. Luego se revisan las raíces: si están blancas, el estado es bueno; si aparecen negras o podridas, conviene podarlas.

Para reducir el riesgo de hongos, se recomienda aplicar fungicida y trasplantar con sustrato nuevo y buen drenaje. No es aconsejable abonar en ese momento, ya que las raíces quedan sensibles. El riego se retoma recién cuando el sustrato esté realmente seco y, a partir de allí, se ajusta la rutina: menos cantidad de agua, mejor horario y mayor control del drenaje.