El fútbol tiene memoria. Y también tiene segundas oportunidades. En San Martín, el regreso de Matías “Caco” García y Lucas Diarte no fue un simple retorno al club: fue un reencuentro cargado de emociones, de cuentas pendientes y de una necesidad mutua de sanar viejas heridas. Y esa vuelta tuvo su primer capítulo durante el amistoso entre el “Santo” y Tucumán Central.
Ambos formaron parte del plantel 2024 que se quedó a las puertas del ascenso a Primera en Rosario y que, días después, volvió a sufrir otro golpe duro con la eliminación en semifinales del Reducido frente a Gimnasia de Mendoza. Aquella tarde, especialmente, dejó marcas. García y Diarte fueron dos de los futbolistas más cuestionados del ciclo de Diego Flores, y en el caso del lateral izquierdo, la situación escaló a un nivel incómodo: un entredicho con los hinchas que luego él mismo explicaría como una reacción frente a un altercado que involucró a su familia.
Con ese peso a cuestas, ambos salieron del club. Un año afuera, otros caminos, otras camisetas. Pero el destino los volvió a poner en La Ciudadela, esta vez bajo la conducción de Andrés Yllana, quien les abrió la puerta a una nueva oportunidad dentro de un proyecto que empieza a tomar forma.
El amistoso reciente, con público y clima de reencuentro, fue mucho más que una prueba futbolística. Para Diarte, fue la posibilidad de volver a sentir el pulso de la gente. “Era importante volver a encontrarnos con la gente”, reconoció el lateral, que hoy atraviesa una competencia constante por el puesto con Nahuel Gallardo, actualmente lesionado tras sufrir un esguince severo en el tobillo izquierdo. “Fue grato, fue lindo. Me reconforta muchísimo el aplauso. Somos seres humanos y esas cosas te impulsan”, confesó.
Las palabras no fueron un discurso ensayado. Sonaron sinceras, casi como un desahogo. Diarte entendió el mensaje de la tribuna y lo devolvió con compromiso. “Nos vamos a entregar al 100 por ciento para que la gente se sienta identificada con lo que hacemos”, dijo, consciente de que en San Martín el protagonismo no es una opción, sino una obligación histórica.
En paralelo, el caso de “Caco” García tiene otra arista. Más silenciosa, pero igual de profunda. El volante creativo se fue y volvió sin estridencias, pero hoy se posiciona como una pieza fija en la generación de juego del “Santo”. Su presencia ordena, le da pausa al equipo y, sobre todo, transmite una energía distinta. Durante el amistoso, incluso, estrelló un tiro libre en el travesaño del arco que da a calle Rondeau, y luego asistió a Nicolás “Fosa” Ferreyra para abrir el marcador frente al “Rojo”.
“Se nota otra energía y eso contagia”, deslizó Diarte, dejando en claro que el regreso de su compañero no solo suma desde lo futbolístico, sino también desde lo humano.
El abrazo del hincha, en ese contexto, tuvo un valor simbólico enorme. No borró el pasado, pero sí lo resignificó. La Ciudadela aplaudió, y en ese aplauso hubo reconocimiento, alivio y también una advertencia implícita: el apoyo está, pero el compromiso debe sostenerse en el tiempo.
San Martín se prepara para un nuevo debut, con la ilusión renovada y la necesidad de volver a pelear arriba, como demanda su historia. En ese camino, García y Diarte ya no cargan solo con el peso del pasado, sino también con la responsabilidad del presente. Ellos lo saben. El hincha, también.
El fútbol, a veces, no ofrece finales felices inmediatos. Pero sí segundas oportunidades. Y en La Ciudadela, “Caco” y Diarte empezaron a escribir la suya, esta vez con el aplauso como punto de partida y no como reproche.