El amistoso entre San Martín y Tucumán Central terminó 2-0 para el “Santo”, con goles de Nicolás “Fosa” Ferreyra y Diego Diellos. Pero el resultado, esta vez, fue apenas una anécdota. Un dato frío que no alcanza para explicar lo que pasó en La Ciudadela, ni mucho menos para sacar conclusiones definitivas. Este partido, más que invitar al análisis futbolístico, obliga a correrse un paso al costado y mirar el contexto.
Porque no fue un amistoso más. No lo podía ser. San Martín transita los últimos días de preparación antes de meterse de lleno en la Primera Nacional. Ajusta piezas, prueba nombres, calibra cargas. Tucumán Central, en cambio, vive horas límite: está a una semana de jugar la final del Federal A, ese partido que define una temporada entera y que no admite margen de error. Entre uno y otro, el fútbol quedó en segundo plano. El objetivo fue mucho más básico y, a la vez, más necesario: mover las piernas, sumar minutos y tomar ritmo. Nada más. Nada menos.
Desde ese lugar se entiende el desarrollo. Un partido medido, sin fricciones innecesarias, sin riesgos exagerados. Una práctica con público, con camisetas oficiales y con aplausos, pero con la cabeza puesta en lo que viene. San Martín empezó mejor, con cierta intención de imponer condiciones en los primeros minutos. Facundo Pons probó cuatro veces y se topó con las respuestas firmes de Nicolás Tonini. Benjamín Borasi dejó algunas pinceladas interesantes en los metros finales. Matías “Caco” García, con un tiro libre exquisito, hizo vibrar el travesaño del arco que da a calle Rondeau. Fueron destellos, apenas señales.
Luego de 20 minutos, el “Santo” eligió bajar un cambio. Cedió la pelota, retrocedió algunos metros y dejó que el partido se achatara. No había necesidad de acelerar. No había urgencias. El plan parecía claro: cumplir, rotar, observar.
En ese marco, el equipo que paró Andrés Yllana dejó algunas lecturas interesantes, aunque siempre parciales. La inclusión de Agustín Graneros en lugar de Jorge Juárez fue una de las notas salientes. El juvenil tuvo su primera experiencia como titular, acompañando a Santiago Briñone en la zona media. Le costó acomodarse al ritmo en los primeros minutos, algo lógico, pero con el correr del tiempo cumplió su función y sumó una prueba valiosa. También llamó la atención la presencia de Borasi, recién incorporado durante la semana, en lugar de Gonzalo Rodríguez. El ex Sarmiento mostró atrevimiento, buena técnica y dejó una sensación positiva en ataque.
Del otro lado, Tucumán Central hizo lo que debía hacer. Cuidarse, competir sin exponerse y, cuando pudo, lastimar. En ese sentido, el duelo entre Víctor Salazar y Matías Smith fue uno de los pocos focos de tensión real del primer tiempo. El volante del “Rojo” logró imponerse en varios pasajes, desbordó, ganó metros y se convirtió en una de las principales vías ofensivas del equipo de Walter Arrieta. Aun así, el 0-0 con el que se cerró la primera mitad fue un reflejo fiel del trámite: nadie debía arriesgar demasiado.
El complemento arrancó con una diferencia. A los pocos minutos, Nicolás Ferreyra ganó en las alturas tras un centro de “Caco” García y, con un cabezazo preciso, abrió el marcador. El festejo fue breve, casi protocolar. Un abrazo corto, sonrisas contenidas. No había euforia porque no era una tarde para eso. Era, simplemente, un paso más en el camino.
Después del gol, el partido volvió a su cauce original. Cambios, rotación, minutos para todos. San Martín no fue una máquina de atacar ni lo pretendió. Aparecieron nombres como Alan Cisnero y varios juveniles del club, que aprovecharon la oportunidad para mostrarse ante su gente. Tucumán Central siguió cuidando lo más importante: llegar entero a la final.
Sobre el cierre, Diellos recibió la pelota dentro del área y definió para el 2-0 definitivo. Fue el cierre formal de un encuentro que nunca quiso ser otra cosa. Un amistoso atravesado por realidades distintas, por objetivos opuestos y por tiempos que no coinciden.
Por eso, este partido no deja certezas. Ni para ilusionarse de más ni para encender alarmas. Fue un ensayo condicionado, una foto borrosa, un capítulo suelto dentro de dos historias que recién empiezan -o que están a punto de jugarse todo-. El verdadero juicio llegará más adelante, cuando el contexto sea otro y el fútbol vuelva a ser el protagonista.