Un domingo alcanza para entender por qué el Super Bowl se convirtió en algo mucho más grande que un partido. Aunque nunca hayas visto fútbol americano, la final de la National Football League (NFL) tiene reglas simples, héroes fáciles de identificar y un espectáculo que funciona incluso cuando la pelota deja de moverse.

El duelo enfrenta a los Seattle Seahawks y a los New England Patriots en el Levi's Stadium, en California. Del otro lado de la pantalla habrá más de 120 millones de personas siguiendo cada detalle, entre fanáticos de toda la vida y curiosos que se suman atraídos por el ritual.

El encuentro dura 60 minutos, divididos en cuatro cuartos de 15. Con pausas, revisiones y cortes comerciales, la transmisión supera cómodamente las tres horas.

Cada equipo tiene cuatro intentos (downs) para avanzar al menos 10 yardas. Si lo logra, renueva las chances. Si no, patea y entrega la pelota.

La anotación estrella es el touchdown: vale seis puntos y se consigue cuando el balón entra en la zona final rival, corriendo o atrapando un pase. Después puede sumarse un punto extra con una patada o buscar dos repitiendo la jugada. También existen los goles de campo (tres puntos) y el safety (dos para la defensa).

¿A quién conviene mirar siempre? Al quarterback. Es el que decide, reparte el juego y carga con la responsabilidad cuando algo sale mal.

Patriots y Seahawks ya se cruzaron en una final que quedó en la memoria. En 2015, cuando Seattle estaba a una yarda de ganar, apareció una intercepción que cambió la historia. Desde entonces, cada nuevo choque arrastra ese recuerdo.

En materia de antecedentes, la franquicia del noroeste levantó el trofeo una sola vez. Del otro lado, Nueva Inglaterra acumuló seis conquistas y comparte la cima histórica, un detalle que ayuda a dimensionar el peso de la camiseta cuando la pelota empiece a volar.

Para quien mira por primera vez, también sirve imaginar el escenario. El campo mide 120 yardas de largo y está partido a la mitad por la línea de la yarda 50. Las últimas diez de cada lado son la zona de anotación, el territorio al que todos quieren llegar. En el fondo aparecen los postes en forma de Y, el blanco de las patadas.

Los partidos parecen breves en el papel, pero la experiencia es otra. El reloj se frena, hay revisiones, tiempos muertos y decisiones arbitrales que reordenan todo. Por eso una final puede estirarse durante más de tres horas sin que nadie se mueva del sillón.

Otra clave para no perderse es entender que los equipos cambian de protagonistas todo el tiempo. Cuando uno ataca, entra su unidad ofensiva; cuando defiende, salen otros once. A eso se suman los especialistas para las patadas. No hay continuidad, sino acciones cortas, pensadas al detalle.

CITA. Dos potencias vuelven a cruzarse en la noche que define al campeón de la liga.

Entre interrupción e interrupción aparece una de las postales más repetidas: el pañuelo amarillo volando por el aire. Es señal de infracción. El árbitro anuncia la falta por los altavoces y, en la mayoría de los casos, la sanción implica retroceder yardas. A veces una jugada brillante termina anulada por un movimiento mínimo.

Más allá de la táctica, la estructura de la liga también explica la magnitud del evento. Son 32 equipos divididos en dos conferencias y cada campeón gana el derecho de pelear por el título en esta noche única. El premio es el trofeo Vince Lombardi, bautizado en honor al entrenador que marcó la primera era dorada del juego.

El negocio que rodea al espectáculo impacta incluso a quienes no siguen el deporte. Las entradas parten de miles de dólares y pueden multiplicarse varias veces en los sectores preferenciales. En la televisión ocurre algo parecido: medio minuto de publicidad alcanza cifras récord y muchas campañas se preparan durante meses para estrenarse en esta transmisión.

El show que mira el planeta

El entretiempo es casi un evento dentro del evento. Este año el protagonista será Bad Bunny, que prometió una “enorme fiesta” y aseguró que nadie necesita hablar español para disfrutarla.

Su elección generó discusiones en Estados Unidos, amplificadas después de sus mensajes públicos sobre políticas migratorias tras recibir premios en los Grammy. Desde la liga, el comisionado Roger Goodell planteó que la plataforma puede servir para unir.

Benito ya conoce ese escenario. Participó como invitado en el espectáculo que compartieron Shakira y Jennifer Lopez en 2020. Ahora le toca conducirlo.

El recital suele arrancar tras los dos primeros cuartos, aproximadamente dos horas después del kickoff, y dura entre 12 y 15 minutos.

FIESTA LATINA. Bad Bunny encabezará el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl, una pausa cargada de música, cultura y energía global.

Las entradas se venden a valores que parten de varios miles de dólares y los avisos publicitarios cuestan cifras millonarias por apenas medio minuto al aire. Las marcas lanzan campañas especiales y muchas veces los comerciales se comentan tanto como las jugadas.

Por eso, aun sin entender formaciones ni estrategias, el plan funciona. Si es tu primera vez frente al Super Bowl, con ubicar el balón, seguir al mariscal y esperar el show del descanso alcanza para no perderte nada. Después, el propio espectáculo hace el resto.