La ordenanza relacionada a la achilata, paradójicamente, hizo subir la temperatura en la Capital. El concejal Leandro Argañaraz (UCR) cuestionó la reciente promulgación de la normativa, y sostuvo que la Intendencia debió haber vetado el texto remitido por el Concejo.
“No estoy en contra de declarar de interés turístico a la achilata o de que se realicen controles bromatológicos. Ese no es el problema. El problema es que, bajo ese título, se aprobó una ordenanza que condiciona, encarece y limita el derecho a trabajar de los achilateros”, afirmó Argañaraz.
El radical había sido el único de los ediles presentes en votar de forma negativa durante el tratamiento de la iniciativa, planteada por el peronista Emiliano Vargas Aignasse. Con la puesta en vigencia de la norma, el opositor insistió con los cuestionamientos al punto que prevé que el Sindicato de Vendedores Ambulantes (Sivara) tendrá la facultad de designar quiénes pueden vender achilata y en qué lugares hacerlo. “Esto no es ordenar: es entregar el control de una actividad histórica a un intermediario. Es decir si no pasas por un sindicato no podes trabajar y eso es grave”, dijo.
En esa línea, Argañaraz advirtió que la ordenanza construye un sistema de permisos y exclusiones que deja afuera a trabajadores independientes que durante años desarrollaron esta actividad de manera autónoma, y somete su sustento a decisiones ajenas a la voluntad de quienes viven de ese trabajo.
Argañaraz aclaró además que no se opone a los controles bromatológicos, y remarcó que esos controles ya son una obligación que la Municipalidad debe cumplir sí o sí, sin necesidad de imponer nuevas cargas a los vendedores. “Controlar la higiene y la seguridad alimentaria es responsabilidad del municipio. No hace falta crear un esquema que termine trasladando costos y exigencias a quienes menos tienen”, señaló.
Reprochó además que la norma obligue a los achilateros a formalizarse como monotributistas, ya que en muchos casos implica contratar un contador y afrontar gastos fijos, sin contemplar la realidad de una actividad que depende del día a día. “Esta semana, por ejemplo, con lluvias previstas durante varios días, ¿cómo hace un vendedor para sostener esos costos cuando no puede salir a trabajar? Defender la achilata es defender a sus trabajadores, no ponerles más obstáculos”, dijo el opositor.