Gran Hermano, el reality más popular del mundo, vuelve a captar la atención del público no solo por las historias personales, las actitudes y los personajes que buscan fama para cambiar su destino, sino también por las decisiones de producción que generan controversia. En ese marco, la edición de Brasil atraviesa uno de sus momentos de mayor repercusión, aunque no por lo que ocurre dentro de la casa, sino por una dinámica externa que despertó fuertes críticas y debate en redes sociales: el temido “cuarto blanco”.
La producción brasileña decidió aislar a un grupo de participantes que todavía no ingresaron a la casa definitiva y que deben competir por un lugar en el juego. Para lograrlo, deben resistir una experiencia límite en condiciones extremas y degradantes. Si no soportan la prueba, tienen la opción de presionar un botón que implica la eliminación inmediata y automática del reality.
El “cuarto blanco” es un espacio completamente blanco, sin luz natural, sin muebles y sin referencias temporales. Los aspirantes permanecen allí en aislamiento total y bajo vigilancia constante. No reciben una alimentación nutritiva, no pueden bañarse y duermen directamente en el piso, sin ningún tipo de comodidad.
Para volver la experiencia aún más insoportable, la producción somete a los participantes a una forma de “tortura” psicológica basada en estímulos sensoriales diseñados para incomodar, agotar y quebrar la resistencia mental. Entre los sonidos que ya se escucharon se encuentran llantos de bebés de manera continua, sirenas, ruidos agudos, zumbidos persistentes y el chirrido de una pizarra siendo rayada una y otra vez.
El impacto en los participantes es inmediato. Muchos se tapan los oídos, se desploman en el piso, muestran signos evidentes de agotamiento y pierden la paciencia. Las tensiones aumentan rápidamente, se producen peleas, crisis emocionales y, en varios casos, algunos terminan presionando el botón para abandonar la prueba y quedar fuera del juego.
Otros, en cambio, intentan resistir apelando a estrategias de supervivencia emocional: recurren al humor, al baile, al canto o a pequeños juegos improvisados para distraer la mente y “ganarle” al cuarto blanco. Hasta el momento, los participantes lograron permanecer allí durante 60 horas, marcando un récord en comparación con ediciones anteriores.
Sin embargo, lejos de ser visto como un simple desafío televisivo, el cuarto blanco de Gran Hermano Brasil deja una sensación inquietante. Para muchos espectadores, no se trata de entretenimiento sino de una experiencia traumática y penosa, que expone hasta dónde puede llegar un reality show en su afán por generar impacto y rating, aun a costa del desgaste emocional y psicológico de quienes sueñan con ingresar a la casa más famosa del mundo.