Uno de los rasgos más persistentes del año que pasó fue la centralidad del deterioro económico en la experiencia diaria. El principal problema señalado por la población en Tucumán fue, de manera clara, que el sueldo alcanza cada vez menos. Esta preocupación creció con fuerza respecto de 2024 y desplazó a otros temas que en años anteriores ocupaban un lugar más destacado, como la inseguridad o el desempleo. Ese es el informe de cierre del año que presentó Sociología y Mercado y que marca la pauta de lo que fue 2025, un año de transición en el que la inflación no cedió de la manera en que el Gobierno nacional lo proyectó.

La inflación y la pérdida de poder adquisitivo no aparecen como abstracciones macroeconómicas, sino como experiencias concretas: dificultad para llegar a fin de mes, necesidad de priorizar gastos básicos y sensación de fragilidad económica permanente, indica la socióloga Roxana Laks, titular de la consultora.

En 2025, el endeudamiento dejó de ser excepcional para transformarse en una condición extendida. Ocho de cada diez tucumanos declararon tener algún tipo de deuda, principalmente asociada a tarjetas de crédito y préstamos personales. No se trata de endeudamiento para inversión o mejora patrimonial, sino mayormente para gastos corrientes y consumo inmediato, indica Laks.

El crédito aparece como un mecanismo de compensación frente a ingresos que no alcanzan, pero también como un factor que proyecta la incertidumbre hacia el futuro, puntualiza el reporte de la consultora.

El estado emocional colectivo acompañó este proceso. En comparación con 2024, en Tucumán crecieron las emociones negativas -tristeza, hartazgo, bronca- y se redujo la presencia de emociones positivas como la esperanza. El “neto emocional” del año profundizó su saldo negativo, configurando un clima social más tenso y desgastado, según Sociología y Mercado.

“Este malestar no se limita a un grupo específico: atraviesa edades, niveles educativos y situaciones laborales, mostrando un cansancio social que va más allá de coyunturas puntuales”, explica Laks.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundirá mañana el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre, que volvería a ubicarse por encima del 2%, terminando 2025 en torno al 31% y siendo la cifra más baja desde 2017.

El índice inflacionario habría terminado el año bajando más de 80 puntos porcentuales respecto al registro de 2024, cuando finalizó en 117,8%, y alcanzaría el menor nivel en ocho años (24,8% en diciembre de 2017) al ubicarse apenas por encima del 30%, según estiman los analistas privados. La sensación general, tras un 2024 tormentoso para el bolsillo de los argentinos, debido a la brusca actualización de los precios, era que el año anterior sería el de la recuperación. Sin embargo, eso no sucedió.

De cara hacia este 2026, no son esperables cambios significativos en las tendencias del poder adquisitivo de los seis grupos de receptores dependientes de ingresos formales, advierte el economista Nadin Argañaraz. El titular del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) detalla el siguiente comportamiento por sectores de ingresos:

• Con el descenso de la inflación habrá una leve suba real de los haberes jubilatorios, que dado el bono de $ 70.000, no compensará la pérdida real de los ingresos de los jubilados que cobran el haber mínimo.

• También subirá algo el ingreso real de las Asignaciones Universal por Hijo (AUH).

• En el sector público, la restricción presupuestaria será más visible, habiendo muy escaso margen para subas salariales reales.

• En el sector privado, el mayor margen va a estar en los sectores económicos que lideren al aumento de la actividad, siendo clave la puja por la distribución del mayor PBI real entre trabajadores y empleadores.