“A un agente de policía le robaron su propio bolso”. Palabras más, palabras menos, la nota en LA GACETA me obligó a releer, pensando que yo estaría todavía semidormido. Pero no. Así fue, aunque cueste creer  que  esto pueda ocurrirle a un miembro de una fuerza cuya finalidad es evitar los ilícitos. Sufrir en carne propia el mal que se está combatiendo debe ser vergonzoso, pero que ocurre. Y en un caso como este, nos deja pensando. Nunca se vio al ratón burlándose del gato... a menos que este se haya dormido. Entonces, sí. No podemos dudar de la eficiente preparación de los aspirantes a Policía, ni ignorar que, ya en la calle, los cacos también se preparan para delinquir y nunca ser sorprendidos o arrestados. Ahí es donde se pone en juego la destreza, la inteligencia y la astucia de ambas partes. Lamentablemente, robar a quien está para cuidarnos de estas fechorías es una  frustración.

Darío Albornoz

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