Corría el 28 de septiembre de 1975. El Campeonato Nacional se preparaba para su tercera fecha y Tucumán se convertía en el epicentro de la pasión. Mientras San Martín afrontaba una parada brava frente a River en Núñez, en la provincia todas las miradas apuntaban al Monumental de 25 de Mayo y Chile porque Atlético debía recibir al poderoso Boca.

Faltaban solo algunas horas para las 16, el momento pactado para el encuentro, y la ciudad se había transformado en un hormiguero. La avenida 24 de Septiembre, a la altura de la quinta cuadra, lucía intransitable. LA GACETA lo había anticipado en su edición del día anterior y el dato corrió como reguero de pólvora: ahí, en el corazón del centro, se hospedaba el "Xeneize". La multitud se agolpaba contra las vallas y las puertas del hotel; todos buscaban un autógrafo, una foto o simplemente ver de cerca a los ídolos.

De repente, bajaron del micro. Eran figuras que parecían de otro planeta: Osvaldo Rubén Potente, Alberto Tarantini, Jorge Benítez, Roberto Mouzo y Hugo Paulino Sánchez encabezaban la excelsa delegación. La expectativa era total, tal como lo reflejó la crónica de LA GACETA de aquella jornada:

“El Nacional, magnetizador de las emociones futbolísticas del país, reservó sus capítulos más trascendentales, para los equipos tucumanos, en los tramos iniciales (...). Un equipo que al conjuro de su nombre nuclea a todas las expectativas llegará esta tarde al Monumental: Boca Juniors”, publicaba el diario.

La estadística arrojaba un dato frío: Atlético nunca le había ganado a Boca en un partido oficial. Sin embargo, esa tarde el aire que se respiraba en las calles tenía otro peso. Había una electricidad especial. El conjunto de la Ribera llegaba herido tras caer con River y, aunque se había recuperado ante Juventud Unida de San Juan, las dudas flotaban en el ambiente. Tucumán lo sabía. Y Atlético lo sentía.

El “Decano” ostentaba un equipazo y sabía que podía ilusionarse. Acababa de salir campeón invicto de la Liga Tucumana: había jugado 24 partidos y ganado 22. Juan Francisco “Kila” Castro había metido 22 goles y Julio Ricardo Villa, 14. El estadio albergaba figuras de calibre nacional y el equipo defendía su invicto en el certamen. Por eso, LA GACETA sentenció en su análisis previo:

“Nadie puede desconocer que este invicto Atlético llega fortalecido anímicamente por su tarea en Buenos Aires (...). Hoy el favorecido es el elenco tucumano, porque este Boca Juniors no constituye lo excelso que en fútbol se presume del conjunto de la Ribera”, analizaba la prensa local.

UN EQUIPO PARA EL RECUERDO El plantel de Atlético que hizo historia en 1975: campeón invicto de la Liga y puntero en su zona del Nacional y cuarto en el octagonal final. Arriba: Moreno, Arias, Palomba, Guerrero, Ruiz y Bulacio. Abajo: Dominé, Castro, Agüero, Villa y Ghiso.

El partido

Dentro del estadio, el cemento transpiraba. Faltaban minutos para que arrancara el duelo y en el Monumental no cabía un alfiler. Las tribunas crujían bajo el peso de una multitud que desbordaba las expectativas. El aire se impregnó de olor a tabaco, a choripán y a pólvora. Era una caldera a punto de estallar.

"El estadio estaba llenísimo. Era la cancha de Atlético, sí, pero estaba repleta. Jugar con Boca siempre da una satisfacción grande, uno se siente muy contento por todo lo que pasa alrededor: cómo te apoya el hincha, la gente. Fue una ovación total", recordó Francisco Ruiz, arquero de aquel equipo, en diálogo con este medio.

En el vestuario local, Ruiz se terminaba de ajustar los guantes. Sentía el rugido que bajaba desde las gradas. Sabía que enfrente estaban las estrellas y la historia de Boca. Pero entonces miró a su lado. Clavó la vista en el banco de suplentes y vio sentado, atándose los botines con tranquilidad, al “Negro” Raúl Agüero.

Es que las formaciones ya estaban confirmadas y la abundancia era tal que ese crack no tenía lugar entre los titulares. El local salió con Ruiz bajo los palos; Hugo Moreno, Gabriel Arias, Ángel Guerrero y José "Percha" Bulacio en la defensa; “Kila” Castro, Orlando "Lito" Espeche y Villa en el medio; y Victoriano Dominé, Eduardo Méndez y Jorge Ghiso en el ataque. Víctor Palomba y Agüero esperaban en el banco bajo las órdenes de Juan Eulogio Urriolabeitia. Una certeza golpeó a Ruiz: si Agüero era suplente, era imposible perder.

"Atlético como local, con el equipo que tenía, no tenía problemas. ¡Cuántas cosas lindas nos dejó ese Atlético! Teníamos un mediocampo impresionante: Castro, Palomba y Villa. Para que te des una idea de los jugadores que teníamos: ese día el 'Negro' Agüero fue suplente. Imaginate... santos jugadores que salieron de acá y después tuvieron la suerte de jugar afuera”, rememoró el "Negro" Ruiz.

El árbitro pitó y se desató la batalla. Boca intentó imponer condiciones. En los primeros minutos fue mejor: Mouzo y Miguel Nicolau levantaron una pared en el fondo, y Darío Felman se mostró intratable. A los 25 minutos, la jerarquía golpeó: Marcelo Trobbiani habilitó a Sánchez que picó al vacío; Arias y Ruiz salieron al cruce, pero el delantero, con un giro de media vuelta, estampó el 1-0.

El DT de Atlético no dudó. A los 30 minutos, mandó a la cancha al “Negro” Agüero en lugar de Méndez. Su ingreso cambió la ecuación del partido. Atlético se aferró al juego con uñas y dientes, y comenzó a empujar.

Dicen que en las batallas, para ganar, hay que tener a Dios de tu lado. Y esa tarde, Atlético lo tuvo. Faltaban pocos minutos para que muriera el primer tiempo cuando "Dios" Villa decidió que era momento de obrar su milagro. Sobre el cierre de la etapa, el volante tomó la pelota. Estaba lejos, a unos 35 metros del arco defendido por Carlos Biasutto. Nadie esperaba el remate desde ahí. Pero Villa no dudó. Sacó un latigazo de zurda que viajó con violencia y precisión quirúrgica para colarse en el ángulo izquierdo del arquero. Golazo. El Monumental explotó en un solo grito. 1 a 1.

"Me acuerdo patente que el 'Cabezón' Villa metió un gol... ¡Un churrazo metió! Fue un tiro de 35 metros, impresionante, se le metió en el ángulo”, contó Ruiz, todavía asombrado por la pegada de su compañero.

ESPECTACULAR. El adjetivo que eligió El Gráfico para definir el zapatazo de 35 metros de Villa. El gol del empate llegó en el momento más crítico del partido. Foto: EL GRÁFICO

Segundo tiempo: ráfaga y gloria

Atlético comenzó el complemento con energías renovadas. El panorama había cambiado por completo. Hacía tiempo que no se veían las voladas de Ruiz, porque el “Decano” se había adueñado del trámite. El “Percha” Bulacio empujaba, Villa y “Lito” Espeche tejían sociedades. Y en una ráfaga de dos minutos, la historia se dio vuelta.

A los 57’, Villa forzó un foul, miró al área y ejecutó un centro perfecto para la llegada de “Kila” Castro, que puso el 2-1. El estadio se volvió un manicomio. Boca quedó aturdido y Atlético olió sangre. Apenas dos minutos después (59'), Jorge Ghiso escapó y Nicolau lo taló al borde del área chica. Penal. El mismo Ghiso lo cambió por gol. 3-1.

ARCHIVO LA GACETA

Pero Boca era un gigante herido y vendió cara la derrota. A los 64’, Trobbiani clavó el esférico en el ángulo izquierdo de Ruiz y descontó. 3-2.

Los últimos 25 minutos fueron pura épica. Boca tiró la camiseta encima, buscando el empate a la desesperada con el "Cabezón" Potente y "Chino" Benítez. Pero se encontraron con un Atlético que se agigantaba en la adversidad. Ruiz volaba de palo a palo, la defensa reventaba todo lo que pasaba cerca y la gente empujaba desde afuera.

Cuando el árbitro decretó el final, el estruendo fue ensordecedor. El “Negro” Agüero había entrado para cambiar la historia, Villa dibujó una obra de arte y Ruiz bajó la persiana. Así, Atlético consiguió la primera victoria oficial de su historia frente al “Xeneize". Ese 28 de septiembre de 1975, en Tucumán, el fútbol grabó una de las páginas más doradas en la historia del “Decano”.