El verde intenso de los cerros, el espejo del dique y un cielo amplio, atravesado por algunas nubes, vuelven a convertir a El Cadillal en uno de los destinos favoritos del verano tucumano. La postal se completa (como cada temporada alta) con una larga fila de vehículos que avanza a paso lento hacia la villa turística desde el primer momento del nuevo año. No obstante, no todos llegan hasta la costa del embalse sino que muchos se reparten entre campings, complejos con piletas, bares y espacios recreativos, en busca de sombra, agua y descanso. Pero para quienes sí se acercan al balneario hay una gran lista de actividades, tanto para espíritus aventureros como para quienes buscan relajarse.
1) Kayak en el dique: remar entre cerros y calma
El primer contacto con El Cadillal suele ser visual y en este escenario, el kayak se convierte en una de las experiencias más elegidas.
Diego Budeguer, del Tucumán Kayak Club, explicó que los kayaks son alquilados por fracciones de media hora, con capacidad para dos o tres personas, por un precio de $10.000. No se requiere experiencia previa ya que antes de ingresar al agua se brinda un instructivo y, durante el recorrido, guías permanecen atentos para asistir ante cualquier eventualidad. Remar permite otra perspectiva del lago, lejos del bullicio de la orilla, con una sensación de silencio y amplitud que contrasta con el movimiento del verano.
2) Rappel y trekking: aventura en la Tercera Bahía
Para quienes buscan sumar adrenalina al descanso, El Cadillal también ofrece opciones de turismo activo. Una de las más convocantes es el rappel, una técnica que consiste en descender paredes verticales con cuerdas y arneses.
La Provincia, la UNT y la SAT trabajaron juntos para cuidar a El CadillalEn la Tercera Bahía, una pared de 15 metros de altura se transforma en el escenario ideal para principiantes. Además, se realizan excursiones a la cascada de Aguas Chiquitas, donde el descenso alcanza los 50 metros, uno de los más altos del país. Estas salidas pueden combinarse con trekking. Las excursiones duran entre dos y tres horas, mientras que las de Aguas Chiquitas ocupan la jornada completa.
3) Orilla, sol y chapuzones compartidos
En la costa del lago, el clima cambia. En ese lugar el agua se mezcla con piedras y tierra húmeda, y decenas de visitantes se refrescan en las zonas menos profundas. Toallas extendidas, bolsos apoyados en el suelo y pequeñas embarcaciones detenidas cerca de la orilla construyen una escena típica del verano.
Quienes prefieren el descanso absoluto pueden alquilar reposeras en el bar La Isla, a un valor de $50.000 por tarde. Así tomar sol con vista al dique, mientras los cerros vuelven a imponerse como telón de fondo se convierte en parte del ritual estival.
Anfiteatro
4) Música al atardecer en el Anfiteatro
Cuando el sol comienza a bajar y el cielo se vuelve aún más protagonista, el Anfiteatro Los Tucu Tucu, dentro del complejo, ofrece espectáculos musicales gratuitos los fines de semana. Con banderines de colores, estructuras recreativas y el lago extendiéndose hacia el horizonte, el lugar se transforma en un punto de encuentro para cerrar la jornada con música y mate, en un ambiente familiar y relajado.
Experiencia en kayak: remaron y nadaron en una noche mágica en El Cadillal5) Un paseo por la historia: Museo Arqueológico
No todo es agua y descanso. El Cadillal también guarda una historia profunda que puede conocerse en el Museo Arqueológico, cuya entrada cuesta $1.000 para adultos y $500 para menores.
Tras la construcción del dique, en 1971, se halló un cementerio prehispánico y luego otros diez yacimientos arqueológicos, lo que motivó la creación del museo que hoy alberga unas 150 piezas de cerámica y piedra de culturas como Candelaria, Ciénaga, San Francisco y Santa María, con objetos que datan del año 200 hasta el siglo XVI. También se exhiben piedras de 500 millones de años y máquinas utilizadas en la construcción del embalse. Una oportunidad para conocer nuestras raíces y maravillarse con la historia.