Miente, miente que algo quedará. Tal era uno de los principios en los que basaba la estrategia comunicacional el poderoso Joseph Goebbels. Aun cuando ya conocemos los trágicos efectos de su exitosa gestión, este apotegma de cinco vocablos tiene su contracara virtuosa en “explica, explica que algo quedará”, uno de los resortes esenciales del marketing político actual.

Tal vez por tal razón, hace una década la TV y Twitter alumbraron una serie de economistas que se pusieron a explicar cómo fue que la Argentina se cayó del mapa geopolítico por irrelevante. Entre ellos Agustín Etchebarne, Ricardo López Murphy, José Luis Espert, para nombrar solo algunos miembros de aquella guardia pretoriana inicial

Una década después, la versión más estruendosa del liberalismo fue catapultada al poder cuando Javier Milei y Victoria Villarruel asumieron la presidencia. Y la pregunta inevitable es ¿Cómo fue que esta narrativa llegó a la Rosada?

Antecedentes

Si de tirar del hilo se trata, los primeros liberales del siglo XX fueron los Albertos. Alberto Benegas Lynch padre, que creó en 1957 el Centro de Estudios para la Libertad y trajo al país a los popes de la Escuela austríaca, a la que adhiere Milei. El segundo Alberto, el hijo, “el Prócer”, le sigue los pasos al fundar la primera universidad liberal de Argentina, Eseade, en 1977. ¡Hijo e tigre! como se dice en lenguaje barrial. Cierra el círculo el tercer Alberto, nieto del primero, Bertie, actual diputado y gran amigo de Milei.

Recordemos el primer capítulo político de la saga liberal cuando en 1982, la UCeDe (Unión del Centro Democrático), con Álvaro Alsogaray a la cabeza, impone algunas ideas en el gobierno de Menem y pone a la Argentina en la vía de la prosperidad durante un lustro. En 2001, cuando al gobierno de De La Rúa le explotan en la cara las bombas dejadas por la segunda gestión menemista -una versión populista del liberalismo-, palabras como privatización o iniciativa privada emprenden durante muchos años el camino del destierro y el olvido.

Fue entonces que dos apóstatas del capitalismo menemista, los Kirchner, desempolvaron a los apurones viejas banderas de izquierda y salieron a escena con remendados ropajes revolucionarios. “Pero a partir del 2011, 2012, la economía empezó a dar muy pocos resultados. Entonces ese deterioro de la situación detonó que la gente empezara a buscar nuevas explicaciones”, señala el economista, docente e influencer Iván Carrino.

Terreno fértil

Hacia 2012, cuando las consecuencias de las políticas kirchneristas se volvieron indisimulables, surgieron varios think tanks. Fundación y Progreso o Federalismo y Libertad en Tucumán son algunos de ellos. Fundación Libertad ya existía desde los 90.

“Hay que entender que este camino no fue coordinado. Fueron como ríos siguiendo su cauce hasta llegar a la misma desembocadura. El segundo hito fue la penetración de las ideas a las universidades. A la par del florecimiento de las fundaciones, algunos austríacos empezaron a ocupar más espacios en la docencia. Martín Krause y Adrián Ravier habían abierto el camino en la UBA varios años antes, y empezaron a contagiar”, comenta Mercedes Colombres, directora de la Fundación Libertad Humana y testigo del renacimiento liberal a partir de 2014.

Y de repente un universo alcalino a estos aires austríacos se volvió amigable para acoger nuevas ideas. “Cuando era estudiante, en un curso de más de 100 personas, era la única defensora de estas ideas, instando a los profesores a incluir libros y autores liberales en sus enseñanzas. Sin embargo, con el paso de los años y ahora como docente, he notado que más de la mitad del curso las ha adoptado. Ha sido un cambio que se ha producido de manera ascendente, desde la base hacia arriba”, cuenta Natalia Motyl, economista e influencer liberal.

Como una mano invisible en este derrotero random, un día Krause le propuso a su correligionario Etchebarne inaugurar una especie de jabonería de Vieytes 2.0. “Nos reunimos desde el 2015, una vez al mes. Leemos papers académicos con diferentes visiones, y los discutimos abiertamente un par de horas”, nos relata Etchebarne.

Según Etchebarne la masificación de las ideas se dio en universidades, medios y redes. “Medios 60%, redes 30% y universidades 10%. Medios es bastante porque las redes se retroalimentaban del contenido en medios”, agrega Motyl.

En este contexto el rol de los comunicadores liberales sería, aplicando un analogismo bíblico, el de Mesías portadores de la Buena Nueva. ¿Pero las palabras bastan para cambiar la realidad?

El hartazgo

“Yo no creo que la mayoría de la gente se haya vuelto liberal. Lo que creo que es que las ideas antiliberales fueron llevadas a tal extremo que ya el fracaso era demasiado evidente para seguir manteniéndolas”, dice Alejandro Bongiovanni, diputado del PRO y liberal clásico.

El próximo episodio de este plot se sitúa en el 2018, en el seminario de Krause. Un economista y actual diputado nacional desplegó cual general antes de una batalla mapas imaginarios y trazó una estrategia para hacerse del poder político nacional. La concurrencia lo escuchaba fascinada. Claro que lo que no sabían es que en un universo paralelo un cisne negro se acicalaba las plumas para salir a escena: Milei. Alea jacta est.

¿Por qué ganó Milei y no otro liberal “más pulcro”? “Milei ganó porque comprendió la profunda frustración que la gente experimentaba respecto a los últimos dos gobiernos. Si se hubiera presentado en 2019, es muy probable que no llegara. Estas recientes elecciones brindaron el momento perfecto para que surgiera una tercera opción, dada la insatisfacción con las dos principales fuerzas políticas: el kirchnerismo y JxC”, sostiene Motyl.

Fenómeno en la TV

Como salido de una realidad cuántica, Milei hizo sus primeras performances televisivas hacia el 2014, tutelado por Mauro Viale. Había que verlo como un Zeus enardecido atacando a Viale, su mentor mediático, por su defensa a la Cuba de Fidel. Es en ese marco que el Milei disruptivo logró lo que muchos señores trajeados y de buenas maneras no: creó una narrativa de héroes y villanos en donde ahora los héroes eran los antiguos villanos (las empresas) y los villanos los antiguos héroes (el Estado).

Su discurso enojado fue muy compatible con una sociedad que también estaba enojada. “Una buena publicidad, un líder carismático y una estrategia populista libertaria creo que dieron como resultado que Milei fuera complemente descollante y le sacase 40 cabezas a cualquier otro referente liberal de la Argentina”, sostiene Carrino.

Se ve que el mensaje rindió porque Milei y con él el liberalismo volvió del exilio convirtiéndose en el primer mandatario libertario de la historia.

Palabra del “Prócer”

Y a todo esto, ¿qué opina “el prócer” Benegas Lynch (h), uno de los más grandes “influencers” del actual presidente? “Como he dicho tantas veces, lo bauticé a Javier como ‘el segundo milagro argentino’ después de Alberdi. Y, como también he repetido en distintos foros, siento con lo que viene sucediendo después de mis 60 años de lucha cultural un inmenso orgasmo intelectual”. ¿Cómo no estar feliz si el postulado de su autoría según el cual el liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida del otro basado en el principio de no agresión, es repetido por voces planetarias como si fuese el estribillo de una canción de Tini?

En términos políticos, a la justicia social le ha sucedido la sociedad de la libre competencia. Al menos en el plano retórico. Como en un relato etiológico los tres Albertos, el padre, el hijo y ahora el nieto parecen haber cerrado el círculo liberal. Hoy el liberalismo se ha vuelto sentido común. Gorras, remeras, dólares y demás merchandising con la cara y los slogans del actual Presidente parecen dar cuenta de ello. Aunque, se sabe, no hay nada más permanente que el cambio, por lo que los cultores del liberalismo no deberían dar nada por sentado. Como dijo Ronald Reagan: La libertad no está más que a una generación de extinguirse

© LA GACETA

Solana Colombres – Profesora de Francés