¿Mr. Trump? “Eppur si muove”

21 Noviembre 2022

Carlos Duguech

Analista internacional

En principio era el G7, puesto en funciones en 1975 en la zona medio de ese período que se bautizó como “guerra fría”. “Fría” pese a las guerras intermedias que, si bien no enfrentaban a las superpotencias de entonces (EEUU y URSS), se desplegaban como si nada, disimulando como podían y les convenían, las manos de una y otra en casi todos los asuntos. Y se conforma, una necesidad de esos tiempos, el G7 y luego G8 con la integración de la URSS. Grupos que analizan y acuerdan las medidas generales y cuasi uniformes para la situación política y el estado y evolución de la economía universal que les permita acceder a decisiones de acuerdos para estabilizarla en lo posible. No le era ajeno un amplio menú de asuntos de incidencia mundial: medio ambiente, seguridad, terrorismo internacional, cambio climático, salud. Tal la manifiesta intención del agrupamiento, cada año, desde entonces. Vale aclarar que las cuestiones de defensa y/o militares no son materia de análisis en el G7 ni en el G8, al menos en lo formal.

Sí, se mirarían de reojo, seguro. La confianza, la lealtad, en un estante alto. Por lo dificultoso de alcanzarlas. Cuando Rusia anexa Crimea en 2014 fue suspendida del grupo por decisión de una mayoría que estimó inaceptable esa violación de frontera que por primera vez se diodaba en Europa después de la IIGM.

Conformación del G8

La estructura de este grupo alerta nuestra atención: tres, EEUU, Francia y Reino Unido eran “aliados” en la IIGM, (y con la URSS, entonces); y tres de las ex potencias del “Eje” derrotadas por los “aliados”: ¡Nada menos que Alemania, Italia y Japón! Más un nuevo protagonista, Canadá. Hoy, satisface mirar esa agrupación donde la mitad de sus integrantes en lucha armada derrotaron a la otra mitad en la más sangrienta y descomunal conflagración, particularmente en la Europa en la que tanto y naturalmente nos mirábamos desde Argentina. En ese continente, cuando se llegó casi al filo del inicio del inicio del Siglo XXI (setiembre de 1999), se crea lo que se denominó desde entonces el G20 (Grupo de los Veinte). Cuando las crisis financieras mundiales asoman su máscara ya se sabe que es necesario abordar la situación con acuerdos entre los distintos países cuyas economías inciden en el orden mundial.

G20 ¡incluida Argentina!

Veinte países “industrializados y emergentes” conforman -según la clásica definición del grupo- ese foro anual creado en la ciudad del muro del que más se habló durante la segunda mitad del XX: el de Berlín. Allí, ministros de finanzas de distintos países convienen en que las sucesivas cumbres deberán contar, además y principalmente, con la asistencia de los presidentes o jefes de gobierno de los Veinte. La calificación de país emergente no nos va del todo a la hora de analizar la situación de nuestra economía. En el registro de las inflaciones más altas del mundo nuestro país ocupa el sexto lugar. Nos superan en índices de inflación Zimbabue, Líbano, Venezuela, Sudán y Turquía. Por ello, estar ocupando, aún, un escaño en el G20 como “país emergente” es casi como un “aviso”, como una expresión de confianza, todavía.

Claro que en esta cumbre desarrollada por dos días en Bali, el emblemático destino turístico de Indonesia y con la participación del ministro de asuntos exteriores ruso Serguéi Lavrov asumiendo el reemplazo de Putin, el tema de la guerra contra Ucrania debía ser abordado. Y así fue. Las palabras del canciller alemán Olaf Scholz contienen un depurado lenguaje de diplomacia activa y determinante: “Es bueno y correcto que surja aquí, que se deje muy claro que esta guerra de agresión no puede ser aceptada. Que las consecuencias de esta guerra para el resto del mundo en cuanto al hambre y en cuanto a los precios de la energía, deben ser observadas cuidadosamente y que hay que hacer todo lo posible contra estos efectos negativos. Y que al mismo tiempo dejemos claro que el uso de armas nucleares no es una opción”.

No fue fácil el análisis de la guerra invasora de Rusia. Por múltiples razones sobre las que sobresale una muy singular. Si bien más acotada que su antecesora URSS, desarticulada casi sorpresivamente en 1991, todavía guarda los pergaminos de superpotencia que fue compartiendo el control global con los EEUU. Y porque es una nación que tiene su platea permanente en el Consejo de Seguridad (ONU) ¡desde hace 77 años! Y que posee uno de los ejércitos más poderoso del planeta. Y, para más, junto con los EEUU, el 85% de las armas nucleares en el mundo.

No es foro de seguridad

Si bien y como expresamente lo señaló el G20 en su amplia declaración (más de 50 página) tiene otros asuntos de qué ocuparse y resolver y no las cuestiones de seguridad planetaria, se pronunció sobre la guerra de “Rusia contra Ucrania”. Entrecomillado para destacar que no es entre dos naciones beligerantes en ambos territorios conexos sino de una nación invasora sobre otra invadida, por metralla y tropas de ocupación. El documento final suscrito también por Rusia, toma en cuenta que “esta guerra está causando un inmenso sufrimiento humano a la vez que ha exacerbado las fragilidades existentes en la economía mundial”. He ahí el flanco que aborda el G20 en esta oportunidad, porque advierte como nunca antes, que la guerra, donde quiera fuese y especialmente involucrante de países exportadores de alimentos y energía, Ucrania y Rusia, respectivamente, debe detenerse. Al respecto el presidente de Indonesia Joko Widodo, mostró una contundente posición casi como un grito en la última sesión de la Cumbre: “Paren la guerra. Repito: paren la guerra. Hay mucho en juego. La guerra traerá sólo miseria a la gente”.

El comunicado final se pronuncia contundentemente sobre la inadmisibilidad del uso de armas nucleares y hasta sobre la amenaza de usarlas. Encierra, en lo referente a la guerra desatada por Rusia el 24 de febrero, una cuasi velada admonición a los litigantes. A Rusia, que pare la agresión armada y a Ucrania para que abra las instancias que permitan el alto el fuego y los acuerdos que fueren necesarios para restablecer la paz entre esas naciones.

¿Otro turno de Trump?

“Dios no lo permita” diría una devota del sector de los demócratas. Y, aquí la novedad que se palpa sin demasiados esfuerzos: un sector de los republicanos -que ya en la primera incursión como una tromba en las elecciones que lo consagraron para asumir en enero de 2017 la titularidad del poder desde la Casa Blanca lo criticaban, se amplía ahora para mostrarse contarios a la pretensión de Trump de volver. Daña –piensan- al propio Partido Republicano.

Basta para alarmarse sólo enumerar algunos actos negativos de su presidencia (2017-2021) :1) El tratado de reducción de armas nucleares en Europa suscrito por Reagan y Gorbachov en diciembre de 1987.Trump, anuncia el abandono de ese tratado (que rigió durante 32 años) el 21 de febrero de 2019, Al día siguiente Putin informa que Rusia se retira. 2) Trump decide abandonar (en 2018) el Grupo de los Cinco (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de ONU)+1 (Alemania) que desde el año 2015 establecieron con el gobierno teocrático de Irán un acuerdo para controlar que ese país no produzca armas nucleares y que esa energía fuera sólo para fines pacíficos.3) En junio de 2017 Trump, con su natural impertinencia cuando habla de sus decisiones fundamentales como presidente de EEUU se retiraba de los Acuerdos de París (Cambio climático). 4) Nadie olvida (Trump sí) que sus huestes de seguidores asaltaron al Capitolio en Washington cuando se estaban dando los resultados adversos ara su reelección el 6 de enero de 2021. “Día de la infamia” lo bautizaron. Con esto basta para esperar que Trump no alcance los votos para su estruendoso regreso a la Casa Blanca en 2024.

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