Una visita a la ciudad perdida de Cachi

A poco más de 450 kilómetros de Tucumán, el pueblo salteño espera a los visitantes con su geografía, su arquitectura y su cultura ancestral, bañado de sol.

ENTRE MONTAÑAS. Por donde se mire, se siente ser parte de la naturaleza. ENTRE MONTAÑAS. Por donde se mire, se siente ser parte de la naturaleza.
28 Mayo 2022

La jornada laboral llega a su fin y agarrar el auto para realizar una escapada es una tentación. Próxima estación: “La perdida ciudad de Cachi” en el corazón de los Valles Calchaquí Salteños nos demandará recorrer 461 kilómetros, unas seis o siete horas de manejo, termos de agua para mate y un consumo aproximado de 35 litros de nafta súper.

Salimos por la ruta nacional 9 con rumbo a Salta, para luego tomar la ruta provincial 68 hasta ruta provincial 33 (indispensable usar el GPS para evitar perderse). Una vez en la 33, cruzamos el valle encantado, la Quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo, paradas obligadas para apreciar la inmensidad de sus paisajes.

La recomendación de manejar despacio que, advierten los guardiaparques cuando ingresamos la reserva Nacional Los Cardones, se debe que la ruta atraviesa el habitad natural de suris, vicuñas, llamas, cóndores y pumas. Cardones de mas de tres metros de alto decoran la recta del Tin-Tin, antesala del pueblo encantado. Se puede llegar en colectivos, combis, autos y hasta en aviones privados, ya que poses una pista de aterrizaje.

Cachi se caracteriza por su variable oferta para el visitante. Hay muchas opciones de turismo sustentable, hoteles boutique y alojamientos económicos, con precios que van desde los $1.500 hasta los $11.000. Bodegones familiares de comida regional y minutas, como así también chefs reconocidos que fusionan lo andino ancestral con la nueva vanguardia de gastronomía mundial pueblan las diferentes cocinas de los restaurantes.

Pueblo salteño que conserva su arquitectura colonial, sus casas de adobe están pintadas de color crema o blanco, condición obligatoria para habitar, comprar o alquilar un espacio en el casco céntrico.

Lo denominan “poesía en el tiempo”. Rodeados de bodegas vitivinícolas que atraen a entusiastas de todo el mundo por la calidad de sus bebidas espirituosas, llega un sol potente que alimenta el alma, mientras nuestras pupilas se deslumbran con el nevado de Cachi, “apu” sagrado que se puede observar desde diferentes puntos de la ciudad, y cuyos deshielos alimenta los ríos generando piletones y pequeñas cascadas de agua cristalina y fría.

Se lucen los pañuelos de las y los ocasionales bailarines de zambas; muchas fueron compuestas en los patios de casa de Cachi, y hoy son parte del cancionero popular. Suenan en las peñas con fogón de brazas ardientes, bajo un cielo de estrella que invita al brindis con la Pachamama.Sed id leo eu elit bibendum pellentesque.

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