“¡Sou eu mãe! ¡Sou eu mãe!”, repite una niña encantadora en un video de la cuenta en Instagram de @9gag. La niña feliz le cuenta a su mamá que es ella la que canta en la TV. “¿Cómo es posible que seas vos?”, le responde su mamá en un dulce portugués. “Crecí mamá”, dice la pequeña con sus rulos en orden y sus anteojos de marco oscuro.

No fue la primera reacción de niños en diversas partes del mundo ante las imágenes de Colombia que devolvió la última película de Disney, Encanto (2021) estrenada a fines del año pasado. Un film que narra la historia de un grupo de personas perseguida por las FARC -o los paramilitares- y que busca refugio para empezar su familia. Así, Alma y Pedro defienden con su vida a sus trillizos. Cuando Pedro muere, le hace un regalo a toda la familia y personas que estaban migrando para evadir la violencia: un refugio, un pueblo y una casa mágica. Alma es la abuela y matriarca de la familia y cuida de sus hijos y nietos quienes fueron bendecidos con dones mágicos: curar con arepas, oídos poderosos, manejar el clima, súper fuerza o hablar con los animales, entro otros.

La protagonista que generó que miles de niñas morenas, con rulos y anteojos se identificaran es Mirabel. La única nieta que no recibió un don y decepcionó a su familia, a pesar de que se esfuerza por que reconozcan sus tareas. “Debemos ser dignos del milagro”, repite su abuela y siembra la semilla de la auto exigencia en todos.

El domingo pasado el diario El País de España publicó la historia real detrás de la película y relató cómo Alejandra Espinosa se convirtió en la asesora cultural del film y sus “no” contribuyeron al guión y a la historia de este Encanto que pinta a Colombia con tonos brillantes. Recibida como licenciada en Literatura decidió partir de Bogotá al pequeño pueblo de Barichara, escapando de los ruidos de la gran ciudad. Allí montó un hostal y pintó las calles del lugar para luego venderlas a los turistas. Su pasión por la historia y la literatura la transformaron en la mejor guía del pueblo. En 2017 recibió una llamada para una tarea que debía ser 100% confidencial: un grupo de productores de Disney querían que ella los reciba algunos días en el pueblo y respondan todas sus preguntas. “Yo les decía: “No lo vayan a arruinar”. Tienen que tratar esto con mucho respeto, es muy importante porque Colombia tiene un estigma enorme, de poca valía, como Mirabel [la protagonista de la película]. Nosotros no sabemos quiénes somos, siempre buscando modelos culturales extranjeros para definirnos. En el centro del debate siempre puse la identidad”, contó Alejandra a El País.

Intentando homenajear al realismo mágico del colombiano Gabriel García Márquez, especialmente a su libro Cien Años de Soledad, los guionistas y directores liderados por Jared Bush (Zootopía y Moana) consultaron cada paso con Alejandra. “El realismo mágico no es coger magia gratuita y ponerlo en un contexto selvático”, les advirtió. Ya lo dijo Gabriel García Márquez: “Yo no me invento nada, todo lo he visto o me lo han contado”.

Yo que nunca he sido especialmente bonita. Que soy literata. Que tengo una librería. Que eso sea material para una princesa, eso sí me conmovió

A lo largo de la nota se vislumbra claramente el por qué eligieron determinados personajes y cómo cada uno representa claramente los temas que aborda la película: la auto exigencia, ser dignos, pensar en la comunidad, no mencionar ni integrar a quienes son diferentes, entre otros. Al gran equipo de profesionales que participó en la producción de Encanto se le sumaron 10 personas, un grupo denominado “La familia” que incluía a todos los trabajadores latinos de Disney. “La idea original ya buscaba que el protagonismo fuera para una familia grande, una metáfora de la familia colombiana que crease un relato de diversidad. Representar la afrocolombianidad, en los personajes de Antonio, Dolores y Félix, y a los indígenas, en Bruno. ´Los indígenas están ahí, están invisibilizados y nadie habla de ellos, pero son la parte sagrada de Colombia. Se volvió fundamental entender eso, que está muy bien representado por Bruno´, apuntó Alejandra a El País”.

Espinosa trabajó activamente y durante cuatro años para Disney, especialmente en pandemia, enviando videos de cada espacio de las típicas casas colombianas, de los oficios tradicionales y los paisajes. En 2019 abrió la primera librería de Barichara, de nombre Aljibe. “Llegó a enviar a Disney una falda desde Vélez para que allí vieran las texturas, el peso y el movimiento. Y hasta pidió que cambiaran una secuencia ya hecha en la que se celebraba una boda en ´la casita´. No´´ , dijo otra vez, ´aquí la gente se casaba en las iglesias´”.

“Yo que nunca he sido especialmente bonita. Que soy literata. Que tengo una librería. Que eso sea material para una princesa, eso sí me conmovió”, dice Alejandra que posee un semblante similar al de la protagonista Mirabel Madrigal. “Yo me identifico con Mirabel no por el pelo y las gafas, sino por la actitud, franca, honesta, determinada, pero a la vez emocionada. Mirabel tiene un pedacito de mi espíritu”, asegura.

Finalmente esta joven literata, de cabello oscuro, logró sumar su granito de arena en la transformación de Disney copada por princesas rubias en sus castillos impolutos y que poco o nada aportan a transformar su realidad. El camino ya aceitado que iniciaron Pocahontas (1995) Mulán (1998) y fortalecieron Elsa y Ana en Frozen (2013) se continúa consolidando con Encanto con un mensaje de protagonismo y fuerza femenina.

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