“Escultura a la mano”: el arte ayuda a la superación personal - LA GACETA Tucumán

“Escultura a la mano”: el arte ayuda a la superación personal

Desde que salió del secundario, Daniel Correa se dedica a hacer figuras religiosas en madera.

12 Oct 2021 Por Guadalupe Norte
4

EMPRENDIMIENTO ARTÍSTICO. Daniel Correa modela las siluetas de mandera de forma artesanal, con cinceles y hachas, y sin usar maquinaria eléctrica. FOTO LA GACETA/ANALÍA JARAMILLO

En una piecita ubicada en el barrio San Cayetano, Daniel Jesús Correa pasa sus días inmerso entre lluvias de astillas y una playlist de sonidos metálicos que acompasan sus movimientos.

El lugar es pequeño, pero funcional. Hay una cama, un escritorio, algunos muebles y, a un costado de la machimbrada, un tronco grueso que le sirve de soporte para crear decenas de obras. Él tiene 25 años y una historia particular: en su taller lo que se ofrecen son esculturas de madera “a la mano” (@esculturaalamano).

“Hace un tiempo tuve un accidente. Mientras esculpía, el disco de la amoladora se disparó encima mío y cortó mi brazo. Tuvieron que hacerme dos operaciones y pasé dos años sin poder moverlo para nada”, explica.

A eso le siguió la rehabilitación, el aprender desde cero cómo agarrar de nuevo sus herramientas y recuperar su rutina. “En ese entonces era difícil conseguir laburo, así que fui a la Cooperativa Oficios Tucumán. Ahí me enseñaron cosas sobre herrería y algunos compañeros ayudaron a que pierda, de a poco, el miedo a la maquinaria”, recuerda.

Daniel admite que aún hay situaciones que le cuestan, como andar por las calles bulliciosas. “En 2020 empecé a aprender otra vez cómo viajar en colectivo. Para ir a esas capacitaciones un amigo me llevaba en moto hasta el centro, pero le tengo miedo a los motores y a los ruidos fuertes. Hasta tuve ataques de pánico”, agrega.

A partir de entonces, se dedicó a hacer algunas changas por la zona hasta que muchas reflexiones internas moldearon su camino. El año pasado decidió renunciar a la cooperativa y retomar una ilusión que traía desde la secundaria: vivir del arte.

“El accidente me hizo pensar mucho sobre qué quería hacer con mi vida. Es tan finito el paso de los años que si muero triste o laburando de algo que me disgusta sería el infierno. Recién después de esto empecé otra vez a soñar como un niño, a querer verme en un futuro mejor”, comparte.

Todavía en el proceso de superación, en “Escultura a la mano” no trabaja utilizando motosierras ni ningún tipo de aparato eléctrico. Pendiendo desde un estante con el aspecto de un dragón (deidad maya) aparece una sucesión de hachas y serruchos; acompañados por un montón de gubias y formones en cada cajón que se abre.

“De necesitar algún corte de piezas con maquinaria siempre le pido a un conocido que lo haga por mí. En esos momentos me voy hasta el fondo del lote para no ver nada ni sentir los sonidos. Recién cuando él termina me avisa y regreso al taller”, comenta.

Siluetas y mensajes

El artista es capaz de esculpir y fabricar cualquier estructura, pero la mayor cantidad de encargos que recibe pertenecen a figuras religiosas.

En la lista de divinidades de madera hay vírgenes, ángeles, un Cristo en la cruz, una escena de José abrazando a Jesús (de niño) y el Sagrado Corazón.

“Esta última se fue para una señora que tenía cáncer y pasaba por una etapa llena de estudios y problemas de salud. Ella sentía que esa escultura iba a llenar ese vacío existencial entre la vida y la muerte y la cubrió por su cuenta de esa fuerte carga emocional que yo no pude darle”, detalla.

Otras siluetas traen una fusión de miradas, como ocurre con una virgen (mezcla de María y la Pachamama) que se encuentra en el bosque de Elluka, en Alpachiri.

“La idea fue alejarnos del concepto europeo que se tiene y pasar a algo más tradicional de nuestras tierras. En la escultura se ve a una mujer que lleva en su vientre el poder del nacimiento, y representa así a una madre y a nuestra Tierra. En sus pies también hay raíces que nos conectan con la naturaleza y con los otros”, explica.

La madera es reciclada y la obtiene de donaciones barriales. Cuando todos los pedidos están listos, el resto de material (sin elementos químicos) va a la tierra y sirve de abono para los jardines de la vecindad.

Arte-sana

Aunque le resulta difícil trabajar haciendo esculturas y en algunos momentos se le complica llegar a fin de mes, Daniel afirma que el arte, como medio de expresión, tiene un montón de cosas que ofrecer.

“Di algunas clases a chicos que son adictos; más allá de verlos y darles lugar para que hablen sobre el consumo de merca, son capaces de tallar figuras hermosas. Es una descarga física para ellos y siento que desde este espacio también hago algo por mi barrio”, explica.

Desde su mirada, el arte está en cualquier lado y nos interpela. “En las noticias, San Cayetano siempre es relacionado con machetazos y tiros en la esquina, pero esa no es la imagen completa. Lo que se olvidó acá es el arte de amar y la pérdida de valores convirtió a nuestro barrio de ferroviarios en una zona roja y marginal. Seguir teniendo sueños, pese a todo, es importante para romper con el ciclo: cuando arranqué a hacer lo me gustaba, todo se pintó de otro color”, reflexiona.

Comentarios