Temporada de matrimonios desavenidos - LA GACETA Tucumán

Temporada de matrimonios desavenidos

01 Oct 2021 Por Álvaro José Aurane
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El inicio de la segunda campaña electoral del año muestra en los dos frentes electorales más votados durante las PASO un verdadero escenario de matrimonios desavenidos.

“Que está discorde o enemistado con alguien”, es la definición de la Real Academia Española para el adjetivo “desavenido”. Y esa misma es la relación que hay entre los cónyuges políticos en una y otra vereda política.

Elogio del reproche

En el peronismo, el manzurismo y el jaldismo conformaron una pareja exitosa para enfrentar un proyecto común: sobrevivir al alperovichismo, que acechaba para volver al poder en 2019. Pero apenas exorcizaron el fantasma de un tercero en discordia en las elecciones de hace dos años, la pareja entró en crisis. En el entorno del gobernador plantearon que debía explorarse la posibilidad de modificar el contrato social (la Constitución) para prolongar el inquilinato en la Casa de Gobierno; y el vicegobernador contestó que en 2023 les tocaba mudanza y que él no pensaba resignar el traslado desde la plaza Urquiza hasta la plaza Independencia. Lo que siguió fue el escándalo de marzo: Osvaldo Jaldo desnudó de colaboradores a los legisladores manzuristas y se los dejó en la calle. Juan Manzur, en tanto, arrojó a funcionarios jaldistas y a empleados comunales de esa filiación por la ventana.

Pero la crisis aprieta a todos. Y así como hay parejas que, entre la pandemia de coronavirus y su sobreviniente cuarentena económica, no pueden afrontar alquileres y tienen que volver a vivir bajo el mismo techo, los divorciados del oficialismo provincial han tenido que compartir forzosamente, una vez más, el mismo hábitat político. Mientras muchos matrimonios estallados se han resignado a retomar la convivencia porque con lo poco que ganan no llegan con entereza a fin de mes, los manzuristas y los jaldistas empezaron a tantear ayer la posibilidad de unificar domicilio porque, con los pocos votos logrados por Alberto Fernández y Cristina Kirchner el 12 de septiembre, no llegan enteros a fin de año.

La audiencia de conciliación fue la Casa de Gobierno. La cita: un encuentro entre el vicegobernador a cargo del Ejecutivo y los 15 intendentes justicialistas. El clima: severamente incómodo. Por caso, ni siquiera asistieron todos los invitados. El jefe municipal de Trancas, Raúl Moreno, brilló por su ausencia. El resultado: van juntos a las elecciones. Y dependiendo de que el jaldismo garantice “gobernabilidad”, el 15 de noviembre se juntan para celebrar o para que “desconocerse” del todo.

El taficeño Javier Noguera fue la voz del descontento en una reunión que había comenzado con un clima de forzada cordialidad. No hubo faltas de respeto en ningún momento, habrá que aclarar, pero detrás de las viejas puertas de madera de la gobernación se escucharon posiciones firmes. El jefe municipal de Tafí Viejo planteó, sin medias tintas, que en las Municipalidades no está garantizada la institucionalidad. Un “garganta” que tenía la oreja pegada a un visillo asegura que, inclusive, el abogado habló de “concejos deliberantes virtualmente intervenidos” por el jaldismo. Y reivindicó que, como ganador de la reelección en 2019 y también de las PASO de su distrito, correspondía que restituyan a sus ediles “leales” en la mesa de conducción del órgano deliberativo.

Después se alzaron otras voces “manzuristas”, que habían estado calladas hasta entonces, o que habían preferido un tono no confrontativo, para plantear que ese cuadro de situación se repite en otros distritos. En Tafí del Valle, donde el Concejo es de seis miembros, tres le responden al jaldismo. En Monteros el cuerpo vecinal tampoco acompaña a la intendencia. En Famaillá, directamente, la institución deliberativa es adversa al jefe municipal. Y siguen los reclamos de infidelidad. Pero entonces terciaron los jaldistas para decir que a ellos les ocurre otro tanto: en Banda del Río Salí, el Concejo de 12 miembros quedó partido en dos mitades. Y el de Alderetes es, lisa y llanamente, opositor al intendente.

Jaldo no dio el brazo a torcer. “Vamos a ir viendo más adelante”, les contestó, con la licencia para la evasiva que otorga el hecho de estar sentado en el sillón de Lucas Córdoba. Planteó que los concejales no le responden a él sino a dirigentes territoriales que decidieron acompañarlo a él (un elogio de la distracción), pero insinuó que si los jefes municipales habían decidido mayoritariamente encolumnarse detrás de Juan Manzur, mal podían reprocharle que él buscara alianzas políticas con los concejales.

Finalmente, y ante la demanda de algunos intendentes de que se diera una respuesta urgente a sus planteos sobre los concejos deliberantes, cerró la discusión afirmando que si había gestos de buena voluntad entre ambas partes, los ediles comprenderían sin necesidad de intermediarios qué posturas debían adoptar respecto de los Ejecutivos municipales.

No todos se abrazaron cuando terminó el encuentro. Van a volver a compartir “casa” por los próximos 45 días. Con opción para renovar contrato hasta el año que viene, o de tener un fin de año durante el cual lo que estallarán no serán sólo fuegos artificiales.

Juan Domingo Perón supo acuñar el apotegma “para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista” entre las “20 verdades” que dio a conocer en 1950, pero que venía escribiendo desde años atrás. Un cuarto de siglo después, en 1973, reformuló esa certeza: “Para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino”. La historiografía registra ese cambio como una instancia de pluralidad y apertura en la madurez política del viejo líder. Ahora, mirando el presente justicialista local y su pasado reciente, habría que evaluar si el “Pocho”, en realidad, no estaba haciendo un elegante revisionismo de su acervo.

Elogio de la ausencia

La traducción al inglés de “matrimonio desavenido” admite “lost marriage” y “unhappy marriage”, es decir, matrimonio perdido, en el primer caso, o descontento, en el segundo. Esa unidad perdida y esa falta de felicidad tras las primarias abiertas atraviesan el “hogar” de Juntos por el Cambio en Tucumán.

Nada mejor que la reciente visita de la máxima autoridad del radicalismo en la Argentina para dejar expuesto que, ahí adentro, hay muchos “padrinos” de la boda que, ahora que la pareja está conformada por Germán Alfaro y por Roberto Sánchez, no quieren ni siquiera que los participen de la fiesta de la democracia que acontecerá dentro de seis semanas.

El presidente del Comité Nacional de la UCR, Alfredo Cornejo, llegó a Tucumán con una misión que él mismo explicitó: alcanzar la unidad del radicalismo. Pero al almuerzo que se brindó en su honor asistieron los socios del Partido de la Justicia Social y pegaron el faltazo radicales que ocupan cargos electivos y que, inclusive, fueron precandidatos durante las PASO. No estuvieron la senadora Silvia Elías de Pérez, el diputado José Cano ni el intendente Mariano Campero, que acompañó al ex gobernador de Mendoza a los estudios de televisión de este diario para la entrevista en LA GACETA Central, pero no en la mesa del Hotel del Bicentenario.

Las primarias del 12 de septiembre le dieron el 48% de los votos al oficialismo provincial y convirtieron a Tucumán en el mayor distrito en prodigarle un triunfo al derrotista Frente de Todos, que cosechó resultados adversos en 16 provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El impacto del resultado fue tan vasto que Manzur se convirtió en cuestión de horas en el indiscutido candidato a jefe de Gabinete de la Nación.

Ahora bien, eso no debe hacer perder de vista que el resultado de Juntos por el Cambio fue mayúsculo. Para ponerlo en contraste: en 2015, en las elecciones de gobernador, y con Mauricio Macri como candidato a Presidente, el binomio de Cano y del ahora diputado Domingo Amaya cosechó 380.000 sufragios. Hace dos domingos, buena parte de los protagonistas de esos comicios, enrolados en tres listas, y sin un líder nacional consolidado que viniera a hacer campaña por ellos, consiguieron en una interna abierta 341.000 votos.

“Estamos en mejores condiciones ahora para enfrentar 2023 que las que teníamos en 2015 para los comicios de ese año”, fue una de las definiciones de Cornejo. Pero no estaban presentes todos los que debieron escucharlo.

El “faltazo” de los radicales no pasó inadvertido en el matrimonio desavenido del oficialismo. Ahí, si encuentran un poco de entusiasmo para enfrentar las elecciones de noviembre, lo devuelven: de seguro, no es de ellos. Pero en ese “mírame y no me toques” oficialista hay una convicción: los radicales ya están enfrascados en lo que mejor saben hacer: “borrarse”. Así que sólo hay que esperar que se “caiga” la performance opositora para festejar otra victoria peronista. Además, de las PASO, el reparto de diputados salió “2 a 2” por exiguos 6.000 votos. Si Juntos por el Cambio no los mantiene, después de haber protagonizado su mejor elección en un lustro, le permitirá al PJ local otra vez desempatar en su favor y llevarse tres bancas.

Dicho de otro modo: para el peronismo tucumano no debe haber nada mejor que un opositor que trabaja para el peronismo creyendo que milita en la vereda del frente.


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