10 preguntas sin representación - LA GACETA Tucumán

10 preguntas sin representación

Los tucumanos asisten a un momento de la historia en el que sus representantes han encontrado la complicidad de un sistema ocioso a través del cual pueden llegar al poder con un bajo control de la ciudadanía.

02 May 2021 Por Federico Diego van Mameren
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Los días feriados tienen la misión de hacer pensar. De hecho muchos de ellos fueron reglamentados con la intención de que la sociedad reflexione sobre la efemérides. Muchas veces los festejos diluyen esa posibilidad, pero en tiempos de pandemia se reactualiza aquella opción. Y un día del trabajador con casi la mitad de la población desocupada y con casi el 10% desocupado deja cosas en el tintero y hasta lanza preguntas provocativas en una sociedad sin representación.

1 – ¿No existen más los partidos políticos en Tucumán? Hubo una época en que los partidos políticos tenían estructuras orgánicas con roles muy definidos y con proyectos colectivos que contenían a los distinto sectores de la sociedad. Obviamente, tenían conflictos internos, a veces cargados con diferencias ideológicas, pero elegían a sus candidatos en función de aquellas directrices. Las ideas para mejorar la vida en comunidad, primaban. En el arcón de la memoria está guardado aquel Congreso del PJ de 1983, en el Teatro Odeón, cuando la alianza entre Herminio Iglesias y las 62 Organizaciones se enfrentaron a los Renovadores encabezados por Carlos Menem y por Antonio Cafiero y terminaron imponiendo sus candidatos a las trompadas. Era el enfrentamiento entre la ortodoxia y la renovación. Pero eran proyectos (ideas), al fin. En el Tucumán de hoy solo existen los candidatos que se “autoproclaman”, porque para ellos primero imperan sus proyectos personales. Es difícil encontrar tanto en los oficialismos o entre los opositores candidatos que salgan del fervor popular, de bases que quieren que sus líderes lleguen a conducir.

2 - ¿Esta realidad es el resultado de nuestro sistema político, el tristemente célebre régimen de acoples? Es muy difícil no encontrar responsabilidad en ese engendro. No hay que olvidar que nuestra democracia se explica en los partidos políticos. Ellos son inherentes a la vida republicana y expresan el necesario pluralismo de la vida democrática. Los partidos son la base del sistema y garantizan la diversidad de ideas. El régimen de acoples –en cambio- ha debilitado a los partidos y ha consolidado las distorsiones clientelares de un sistema que centraliza el poder en la cabeza del Poder Ejecutivo provincial. Han hecho desaparecer la importancia de la idea, del proyecto para darle paso al nombre. Los afiches de la calle lo confirman. Es muy difícil encontrar a algún intendente promocionando sólo lo que hace, siempre debe forzar –y recordar, ¿será porque nadie se acuerda?- de quién es la gestión.

3 - ¿Qué habrá sido lo que pasó por la cabeza de quienes idearon el sistema de acoples como base del régimen electoral? La experiencia hasta hoy ha demostrado que la gran mayoría de los que acceden a las bancas legislativas son los candidatos de aquellos acoples favorecidos con recursos por el gobierno de turno, dinero que, por lo general, sale de las arcas públicas que se manejan en las sombras y en el límite de la malversación. Colocar legisladores “amigos” permite al Poder Ejecutivo controlar la Legislatura y a partir de eso cubrir las vacantes que se producen en la Justicia con allegados al poder, que luego garantizan decisiones funcionales. Es decir, conduce a la concentración del poder que va de la mano con partidos inexistentes. Con sellos que no hablan, no piensan, no critican, no tienen ideas, ni disenso interno.

4 – ¿Un gasto político sobredimensionado es funcional a este sistema de partidos débiles y concentración del poder? La contratación masiva y sin control de personal contribuye a debilitar a los partidos, porque quienes ejercen sus cargos electivos son los únicos que pueden disponer de la capacidad de rentar al dirigente. Muchas veces esos cargos se han transformado casi en propiedad privada de dinastías familiares de allegados al poder.

5 – ¿Una Legislatura con un presupuesto de 10.000 millones de pesos (¡$200 millones costaría el funcionamiento de cada legislador!) mejora el funcionamiento del sistema? Definitivamente, no. Da lugar a distorsiones aberrantes y los tucumanos (los cómplices y los otros) han sido testigos de ejemplos de luchas intestinas en el poder con cesantías masivas o competencia de roles entre el Ejecutivo y el Legislativo (boleto estudiantil, pequeña obra pública en el interior de la provincia, y muchos etcéteras que realiza la Legislatura y que debieran ser competencia exclusiva del Ejecutivo) y que mientras las mieles del amor los mantuvo unidos a nadie le molestó que la distorsión de los poderes. Un botón de muestra es la baja de 1.200 contratos de empleados legislativos vinculados a los 14 parlamentarios manzuristas, lo que arroja un promedio de 80 empleados por cada uno de ellos.

6 - ¿Qué podría hacer un legislador con 80 empleados a cargo? Por empezar, organizar su despacho como si perteneciera a un Parlamento de primera donde lo más importante es el ciudadano (el mandante que le dio la banca) y no la imagen del legislador: armar una secretaría ejecutiva eficiente, un equipo de rastreo e información de los medios provinciales y nacionales que le sugieran temas de opinión y de trabajo y un asesor de primer nivel para cada uno de los temas de los que se ocupan los ministerios del Ejecutivo. Todo eso le demandaría unas 20 personas aproximadamente que podrían dividirse su tarea en turnos porque no entrarían en las reducidas dimensiones de los despachos legislativos del faraónico edificio que mandó construir Juan Manzur cuando era el vice gobernador de José Alperovich, aquel hombre que lo inventó. Como todavía les “sobrarían” 60 cargos, se podría armar una red de cobertura del territorio de la sección electoral que les tocan cubrir o mejor dicho de donde son oriundos. Aquellos sesenta de cada legislador podrían recorrer barrios, ciudades y comunas permanentemente detectando necesidades de la comunidad para que el legislador pueda intervenir. Eso incluiría desde demandas deportivas, culturales, de seguridad, de ómnibus y pequeños emprendimientos productivos y de servicios para generar trabajo, todo esto también entre cientos de etcéteras. Un legislador de la capital, por ejemplo, puede dividir a la ciudad en 8 o 10 secciones, destinando dos personas por sección, lo cual ocuparía a unas 20 más. Imaginemos como serían los barrios populares, con representantes de la Legislatura chocándose entre sí para asistir a los vecinos!! Sería increíble. Hasta los “dealers” proveedores de droga se espantarían. Pero aún les restarían 40 cargos. El legislador podría pensar… ¿Qué más puedo hacer con tantos empleos para utilizar en mi labor legislativa? Considerando la necesidad de que los poderes del Estado se controlen sanamente entre sí en términos del cumplimiento de su función, quizás el legislador en cuestión decidiría que es útil hacer un seguimiento del desempeño del Poder Judicial, organizando u equipo de abogados de distinta especialidad para que se ocupen de cada una de las ramas de la justicia: Ministerio Público Fiscal y de la Defensa, justicia penal en su conjunto, laboral, civil y comercial, familia, entre otros fueros. Eso tal vez le demandaría otras 20 personas ya que el legislador seguramente no querría dejar áreas sin controlar adecuadamente. ¡¡Pero aún le sobran 20 lugares!! Entonces, podría decir: “armaré equipos específicos que monitoreen en forma permanente la situación de los grupos más vulnerables”, por ejemplo sectores juveniles sin contención y ancianos en situación de abandono (siempre en el radio de acción de su sección electoral) y entonces podría armar dos equipos de cinco personas cada uno que trabajarían en contacto con los 20 supervisores del territorio que descriptos más arriba. Como aún quedan 10 lugares, podría hacer un seguimiento estricto de los organismos de control público, varios de los cuales dependen de la Legislatura. Así podría destinar cinco de esos puestos a fiscalizar solamente al Tribunal de Cuentas Provincial y los otros cinco a entes reguladores de los servicios públicos y a la Defensoría del Pueblo. ¡¡Tendríamos a Súperman o mejor dicho a un súper legislador y una Legislatura que brilla por su tarea!! Cuán lejos estamos de lo que acontece en la realidad. Como la Legislatura no logra difundir la información sobre su personal, poco sabemos quiénes son y qué hacen y se presta a sospechar sobre la transparencia con las que los representantes parlamentarios manejan esos cargos. Y hasta quizás -si cada legislador revelara el listado- se saldrían a luz muchas sorpresas como la del hermano del joven asesino de Paola Tacacho.

7 – ¿Puede haber con este sistema alguna renovación de las estructuras políticas, permitiendo por ejemplo, la participación de jóvenes que no sean los hijos de los jefes de las dinastías? Está claro que no y desde hace al menos un cuarto de siglo se repiten los mismos apellidos, las mismas ideas, las mismas mañas, las mismas penurias.

8 - ¿Por qué sucede algo similar en el ámbito de la representación gremial, dando origen a la proliferación de sindicatos de “autoconvocados” paralelos a los tradicionales? Por razones que se parecen bastante y tiene que ver con el manejo discrecional de abundantes recursos por parte de las conducciones gremiales. En un caso –la política- se trata de fondos estatales. En el otro -los gremios- tiene que ver con el manejo de ese peculiar invento argentino que el gobierno militar de Juan Carlos Onganía concedió a los sindicalistas peronistas en los 60 para divorciarlos de Juan Domingo Perón: las obras sociales. El manejo de los fondos de las obras sociales ha generado dos fenómenos: que los dirigentes gremiales se transformen en verdaderos empresarios (no sólo de medicina prepaga) y que se eternicen en sus cargos.

9 - ¿Puede tener consecuencias esa creciente falta de representación política y social? El periodismo, a pesar de las deformaciones que muchos quieren hacer de él, no está para hacer pronósticos agoreros, pero se podría responder que si todo funcionara de otra forma y, eso llegara a determinar que la ciudadanía estuviese mejor, quizás no sería una demanda fuerte de la sociedad, pero por lo que se ve, este no es el caso en nuestro Tucumán.

10 – ¿Qué responsabilidad tiene en este estado de cosas el sistema de control público? Que dudas puede caber de la importancia de que funcionen los mecanismos de control. Como dijera un personaje famoso de nuestra historia: “los hombres son buenos, pero si se los controla son mucho mejores”. Toda la república está pensada desde el control y el equilibrio de poderes y el sistema de control público debiera ser de hecho el cuarto poder. Eso está lejos de suceder en una provincia donde casi todo lo público está sospechado de corrupción , sospechas que se alimentan de la falta de información y de transparencia, pero a los organismos que controlan les cuesta demasiado todo. Replantear en profundidad el funcionamiento de los controles también parece imprescindible.

Las preguntas provocativas como las retóricas no suelen tener grandes respuestas. Es más las respuestas se diluyen, desaparecen. En realidad, aquellas preguntas sólo sirven para preguntar y tal vez para reflexionar… como alguna vez se pergeñaron los feriados.

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