Luces y sombras de la vuelta del rugby en Tucumán - LA GACETA Tucumán

Luces y sombras de la vuelta del rugby en Tucumán

Las primeras jornadas tras el regreso de la competencia mostraron aspectos aspectos para rescatar y otros para mejorar.

01 May 2021 Por Federico Espósito
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Tucumán puede vivir peleando el descenso en índices nacionales de economía y de calidad de vida, pero cuando de rugby se trata, los ojos del país siempre están atentos a todo lo que se cuece en la tierra de los Naranjas. Eso de que por estos pagos se respira rugby ya está ajado de tanto uso, pero no pierde vigencia: la ovalada forma parte de todo ese acervo que no es exclusivo pero que hace a nuestra identidad tucumana, tanto como el limón o el sánguche de milanesa.

Por eso, que el rugby haya vuelto en Tucumán ya es una gran noticia. Que lo haya hecho un poco descafeinado por ciertas limitaciones de protocolo en la previa, el durante y el después del juego es secundario: lo importante -y así lo enfatizó desde siempre la URT- era que los clubes pudieran reabrir sus puertas y que los protagonistas pudieran volver a competir. Esto último es algo no todos pueden decir: por caso, el torneo del Litoral debió entrar en pausa por un par de semanas y el de Buenos Aires no pudo ni empezar.

Como era de esperarse en un escenario todavía tan atravesado por la pandemia, hubo algunas dificultades en el camino. El Regional del NOA se vio reemplazado por un Anual exclusivamente tucumano para evitar los traslados entre provincias y el formato se dividió en dos torneos cortos (Apertura y Clausura) porque el terreno todavía está muy blando como para andar haciendo planes muy largos. Por otra parte, de los primeros 16 partidos del torneo de Primera División, seis debieron ser suspendidos al detectarse casos positivos en alguno de los planteles (eso sin contar otros que debieron suspenderse en el torneo de Ascenso). En la mitad de las veces, fue por un solo caso que debieron postergarse los partidos de Primera, Intermedia y Preintermedia. Puede parecer exagerado, pero así lo establece el protocolo, y con este virus es preferible precar de precavido que de imprudente.

También era previsible que, después de una inactividad tan prolongada, el nivel de juego al volver no fuera el mejor. Por supuesto, las ganas de jugar acumuladas durante tanto tiempo saltan a la vista, como también ciertas asperezas propias de un paréntesis inédito de un año y medio. No sólo el físico de muchos jugadores se ha visto impactado: también la sintonía que los equipos van desarrollando a medida que juegan. Son orquestas que hace mucho no tocaban. Además, algunas perdieron ejecutantes y a la vez todas sumaron muchas caras nuevas, ya que por la inactividad absoluta de 2020, en 2021 fueron dos las camadas de juveniles que subieron juntas a Primera.

Lo que no se esperaba (o al menos, no tanto) es la dificultad que ha tenido mucha gente para entender una de las reglas más simples del protocolo, no sólo de rugby sino de los deportes en general en Tucumán: los partidos son -deben ser- sin público. Muchos lo han tomado como algo opcional, como si se tratara de una sugerencia, cuando es una llana prohibición. Y así hubo partidos con estacionamientos llenos y tribunas en los que no se respetó ni el distanciamiento ni el uso de barbijos. La ronda de mates siguió ahí, totalmente ajena a la pandemia que nos azota hace más de un año y que otra vez tiene al sistema sanitario de la provincia en permanente riesgo de colapso. Y si bien en los últimos dos fines de semana se observó una notable baja en el número de espectadores, siguió habiendo gente que no debía estar.

El reclamo de muchos socios es que pagan la cuota y tienen derecho a ver los partidos. Tal derecho no se discute; sí la falta de empatía para entender que, al menos por ahora, los únicos indispensables para el juego son los jugadores, los staffs y los árbitros. La presencia del resto sólo pone en riesgo la continuidad de una competencia que costó mucho recuperar.

Por supuesto, no todas son pálidas. Así como la vuelta de la competencia (y su subsistencia hasta ahora), también es para destacar el inicio de las transmisiones de partidos por streaming. Aunque por ahora la cobertura se ha limitado a un solo partido por fecha (existen planes de ampliarla a dos o más), ha contribuido a que mucha gente pueda ver rugby tucumano en vivo respetando la consigna de quedarse en casa. La transmisión por streaming era algo que iba a llegar tarde o temprano, pero que sin dudas la pandemia ha acelerado. Entre tantas cosas negativas, también hay que saber rescatar lo positivo.

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