Esperar que pase la crisis para recuperar gradualmente el estatus - LA GACETA Tucumán

Esperar que pase la crisis para recuperar gradualmente el estatus

25 Nov 2020 Por Marcelo Aguaysol
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¿Dónde quedó la clase media tradicional de la Argentina? La percepción choca con la realidad. El primer escenario sostiene que el 80% de los argentinos se siente dentro de lo que se llama clase media. Pero la realidad, medida por ingresos, muestra otra imagen: un piso de un 40% de la población bajo la línea de pobreza; otro 15% a 20% que fluctúa entre la clase media baja y los apremios financieros para sostenerse en la pirámide social, y el resto de la población que, aunque está afectado por la pandemia y por la prolongada recesión, considera que sus ingresos se mantendrán en el tiempo, más allá de la inflación.

Pero, ¿cuánto se necesita para que una familia sea considerada de clase media? Distintas consultoras privadas ubican al ingreso mensual promedio para sostenerse en ese escalón en más de $ 65.000 para una familia tipo. El condicionante es, precisamente, el valor de la Canasta Básica Total (los ingresos mínimos para no caer en situación de pobreza) que, en el caso de Tucumán, fue calculado en $ 41.953,45 para un matrimonio con dos hijos pequeños. La suba interanual ha sido de $ 11.000, particularmente por el reajuste en el precio de los alimentos.

Las clases sociales son una construcción multidimensional que contempla la educación, el trabajo, los ingresos económicos, los saberes legados y aprendidos, el hábitat, la herencia física y simbólica, las costumbres, los códigos, el lenguaje y el estilo de vida. Los valores de una sociedad, sus aspiraciones y su imaginario no cambian tan rápido como los ciclos de la producción y el dinero, dice Guillermo Oliveto, director de la consultora W, especializada en consumo. Y aclara, en una nota publicada en lanacion.com, que la mayor parte de los argentinos eligen seguir viéndose a sí mismos como integrantes de la clase media. “Un grupo tan amplio y diverso como contenedor. Inasible y complejo de definir. Elusivo, resbaladizo, un poco amorfo y, para muchos, críptico”, describe.

La misma percepción que Oliveto tienen Julio Chit, de Sociología y Mercado, y Daniel Abad, del Centro de Estudios Económicos y Sociales del NOA (Cesnoa).

“Para hablar de clase media -dice Chit a LA GACETA- hay que repreguntarse desde qué óptica. Si tomamos en cuenta nada más que los ingresos, podemos decir que se ha empobrecido y que, cada vez menos familia, integran este estrato tradicional en la Argentina”. “Pero si se toman en cuenta los hábitos, las costumbres, el nivel educativo y sus expectativas, nada ha cambiado y la cuestión del ingreso es sólo coyuntural, hasta que la crisis pase”, agrega. El consultor sustenta su análisis en un informe elaborado recientemente por Moiguer Compañía de Estrategia que, frente al impacto de la pandemia de la covid-19, la clase media y media baja hoy representa un 32% de los hogares y hace un año era del 45%. De esta manera, y tomando en cuenta la condición socioeconómica de las familias argentinas, el sector social bajo creció del 50% al 64% en el mismo período. Chit sintetiza que, frente a los grandes vaivenes que muestra la economía argentina, es probable que se naturalice un cambio brusco en la pirámide social -medida por nivel socioeconómico-. “Hay que esperar hasta que todo se estabilice para volver a mirar esa pirámide y que se reacomode la clase media”, sugiere.

Abad, en tanto, complementa el concepto de sus colegas. “No tenés una sola clase media, sino varias. Pero observando lo que ha pasado en la Argentina durante la pandemia del coronavirus, podemos inferir que los profesionales independientes, los cuentapropistas y los dueños de PyME -que habitualmente integran la clase media tradicional- han perdido status social en términos de ingresos”, analiza. Desde el punto de vista aspiracional, no obstante, el titular de Cesnoa indica que esas mismas personas no creen que la caída haya sido tan profunda, ya que siguen brindándole a sus hijos la misma educación, pueden mantener el auto y vivir en el mismo lugar de siempre (siempre y cuando no alquilen vivienda).

Un problema más profundo

Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) indica a nuestro diario que el hecho de que el salario mediano del sector privado formal sea igual al de una canasta básica total para una familia tipo implicar que el 50% de esos ingresos está por debajo de la línea de pobreza. “Estamos hablando no sólo de aquellos casos que tienen problemas de inserción laboral, sino también de trabajadores activos y formales”, aclara. Con datos del Ministerio de Trabajo y el Indec, el economista observa que:

• En 2000 la mediana del salario privado registrado era de $ 43.000, mientras que la línea de pobreza para una familia tipo era de $ 37.000 a precios actuales.

• En agosto de 2020 la mediana del salario privado registrado era de $ 48.000, mientras que la línea de pobreza para una familia tipo era $ 45.000.

• Esto significa que mientras que en 2000 la mediana del salario era un 15% superior a la línea de pobreza, en 2020 pasó a ser apenas 6% superior.

Colina remarca que los dos años en los que la línea de pobreza superó a la mediana del salario formal han sido 2002 y 2003, cuando el nivel de pobreza se ubicó en el 54% de la población argentina. “Lamentablemente, con la situación que estamos viviendo ahora, lo más probable es que nos dirijamos hacia ese escenario”, advierte. La razón de fondo por la cual las remuneraciones se deterioran frente al costo de vida es la pérdida de productividad, indica. La caída general en el nivel de vida de la población y, en particular, la mayor incidencia de la pobreza, es la consecuencia de que cada vez se producen menos bienes y servicios por persona.

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