Crianza: alerta, chicos en la pileta - LA GACETA Tucumán

Crianza: alerta, chicos en la pileta

Muchas familias están instalando piscinas en su casa. Es tiempo de redoblar los cuidados con el agua. Consejos para evitar accidentes.

31 Oct 2020 Por Lucía Lozano
2

DESDE CHIQUITOS. Los niños pueden empezar a aprender a nadar desde los dos meses de edad. Lo importante es que sientan respeto por el agua. FOTOS DE ANA DANERI

Sin vacaciones a la vista, muchas familias ya decidieron comprar una pileta con el dinero que iban a gastar en el frustrado viaje. Para los pediatras hay una ecuación lógica ante esta realidad: más piscinas es igual a más peligro para los chicos. Porque no todos están incluyendo en sus planes las medidas de seguridad necesarias: cercas, sensores y clases de natación.

Debido a que por lo general el niño no produce ningún ruido al sumergirse, el ahogamiento es conocido como “la muerte silenciosa”. Según la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), el ahogamiento por inmersión es la segunda causa de muerte por traumatismo (detrás de los accidentes viales) en niños y adolescentes. Quienes corren más riesgos son los menores de cinco años. Estos episodios suelen producirse en el ámbito doméstico por una inadecuada supervisión o la presencia de piletas sin resguardos.

“Toda piscina debe tener un cerco completo, idealmente de 1,50 metros de altura, y una única puerta de acceso no accionable por niños. El agua debe estar siempre limpia y clara”, explica el pediatra Federico Caillou.

El profesional agrega que cuando un niño desaparece de la vista de sus cuidadores, se debe buscar siempre primero en las fuentes de agua (piletas o pozos) y asegurarse de que no esté allí. “Cada segundo que pase es de vital importancia para la recuperación de un ahogado”, remarca. Añade que los chicos con necesidades especiales (discapacitados, epilépticos, por ejemplo) tienen un riesgo cuatro veces mayor de sufrir ahogamientos. Por lo tanto hay que prestarles más atención.

El médico insiste en que los padres deben hablar con los chicos cada vez que van a meterse a la pileta. “Hay que enseñarles medidas de seguridad”, apunta. Y detalla cuáles son: “avisarle a un adulto para que lo supervise antes de ingresar al agua, no correr, no empujar a otros, no nadar solo, no nadar durante tormentas y o relámpagos y no jugar en el borde de la piscina”.

Respecto del papel del adulto cuando deben cuidar a los niños mientras se están refrescando, advirtió que hoy el celular es un gran factor de distracción. Hay un lema que los pediatras repiten incansablemente: “cuando todos miran, nadie mira”. Se refieren a que la vigilancia de los chicos nunca debe quedar a cargo de un conjunto indeterminado de adultos. Lo ideal es que haya un responsable por cada chico que se mete al agua.

El riesgo no existe sólo en las grandes piscinas. Por su apariencia inocua, en las pequeñas piletas inflables y en las de lona las medidas preventivas suelen relajarse. Esto es un grave error. Bastan 10 centímetros de agua para que un pequeño lactante pueda ahogarse. Tres minutos bajo el agua son suficientes para causar una muerte o dejar secuelas permanentes, ya que la falta de oxígeno en el cerebro es crucial.

APRENDIENDO. Las clases de natación equivalen a un seguro de vida.

El consejo con estas piletas es: hay que vaciarlas todos los días. Los niños menores de tres años suelen treparse o asomarse para mirar dentro. Y como la cabeza es más pesada que el resto del cuerpo, se caen con facilidad.

Seguro de vida

Deambulan, se trepan, son inquietos y movedizos. Por eso, las clases de natación son equivalentes a un seguro de vida. “Muchos de los que ahora están invirtiendo en comprar piletas se fijan más en el diseño que en la seguridad”, sostiene Graciela Vece, profesora de Educación Física y psicóloga. Según su experiencia, la mayoría de los accidentes acuáticos con chicos ocurren en piscinas a las que las víctimas van de visita o que están cerca de su casa. Por eso, cree que debería ser obligación que todas las piletas tengan elementos de seguridad. “Hay countries que así lo exigen, pero no todos”, explica.

En la ciudad de Córdoba, desde 2018, hay una ordenanza que establece la obligatoriedad de contar con un cerco perimetral en toda vivienda que tenga una piscina con capacidad desde 10 metros cúbicos.

“Las cercas en las piletas sirven, pero según mi experiencia el mejor preventivo para no ahogarse es, naturalmente, aprender a nadar”, explica Vece, quien desde hace muchos años enseña natación a los pequeños desde los dos meses de vida.

“Hace unos años sólo en Yerba Buena había 15.000 piletas. Ahora debe ser más del doble. Creo necesario que se les permita a los profesores enseñar natación, cumpliendo con todas las normas de seguridad y teniendo en cuenta que en aguas cloradas el coronavirus no sobrevive”, apunta.

Según detalla Vece, un bebé que se entrena en una pileta domiciliaria puede flotar por sí mismo antes de cumplir los cinco meses de edad. De esta forma, si accidentalmente llega a caer al agua, podrá mantenerse a salvo por media hora, hasta que alguien lo rescate. “Si en 30 minutos no apareció un adulto, es que se quedó dormido”, resalta.

Que un niño de uno a cinco años aprenda a nadar no significa que los padres puedan disminuir el nivel de alarma, apunta. “Se dice que un chico tiene autonomía acuática cuando puede entrar y salir solo de una pileta. Así y todo nunca recomiendo que los chicos estén solos en el agua”, precisa.

Vece cuenta que en la primera entrevista con los padres de sus alumnos les recalca que ninguna cerca ni salvavidas son totalmente seguros. Y que lo primero que deben enseñarles a sus hijos es a tenerle mucho respeto al agua. “De hecho está bueno poderles hacer percibir el riesgo. ¿Cómo? A veces dejo que vayan a buscar un juguete, que entren al agua y que se den cuenta de que no pueden salir. Se los debe ayudar sin generarles trauma; o sea sin gritarles ni mostrarles desesperación; hay que reaccionar con naturalidad”, apunta.

El chaleco salvavidas

En el mercado, la oferta de flotadores inflables para piletas es variada y colorida. Sin embargo, los especialistas son categóricos respecto de la falsa sensación de seguridad que estos accesorios ofrecen: “Los flotadores circulares, símil-salvavidas, no dan ninguna garantía porque los chicos pueden darse vuelta y quedar en mayor riesgo”, opina Vece.

“El único modelo recomendado según la SAP, es el chaleco salvavidas con abertura anterior, tres broches de seguridad como mínimo y una correa inextensible que une la parte anterior con la posterior del chaleco, pasando por la ingle del niño y asegurada con broche de seguridad”, detalló Caillou. Este chaleco debe mantener al niño a flote con la cabeza fuera del agua, aun inconsciente, y su tamaño se elige según el peso del chico, no su edad.

Vece opina que una buena opción es poner en medio de las piletas un andarivel del cual los chicos puedan agarrarse en caso de sentirse en riesgo. “Otra medida de seguridad muy importante es no dejar juguetes ni objetos atractivos que floten en la piscina, pues llaman la atención de los más pequeños, que no tienen “noción del peligro”. Y las colchonetas inflables son otro gran peligro porque no permiten ver si hay alguien abajo del agua.

Finalmente sugirió que las piletas siempre estén llenas hasta el borde. Si un niño puede llegar hasta alguno de los extremos nadando “como perrito” siempre le resultará más fácil salir y salvarse.

Prevení los accidentes

- Las piletas deben tener un cerco perimetral de 1,30 metro de alto como mínimo, con barrotes verticales (jamás horizontales para evitar el “efecto escalera”) y separados por una distancia máxima de 10 centímetros.

- No dejar mesas, sillas o reposeras próximas al cerco que faciliten su escalamiento.

- No dejar nunca juguetes ni otros atractivos dentro del agua.

- Los bordes y el piso de la piscina deben ser de material antideslizante.

- Las escalinatas de acceso deben ser de poca pendiente y tener escalones anchos, rectos, con baranda al menos de un lado y piso antideslizante.

- La SAP recomienda esto para los cuidadores: en lactantes, un responsable por cada bebé; en chicos de uno a dos años, un responsable por cada dos niños, y en chicos de dos a tres años, un responsable por cada tres menores. La distancia con el niño debe ser “el largo del brazo”.

Comentarios