¿Sabías que...?: la perla de Liz Taylor

17 Sep 2020
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La “perla peregrina” es una joya con una larga historia que comienza en aguas de Venezuela en 1515 y que termina en manos de la actriz Elizabeth Taylor como regalo de su marido Richard Burton. El también actor la había comprado en una subasta de Sotheby. Esta excepcional gema de gran tamaño fue hallada en el Archipiélago de las Perlas, un grupo de islas e islotes en pleno Golfo de Panamá. El nombre de este archipiélago se debe a la gran cantidad de perlas que se encontraron allí durante el dominio español. La fascinante pieza de nácar se denomina “peregrina” debido a su singular estructura en forma de lágrima. La joya pertenecía a la corona española. El adjetivo “peregrino” se usaba para resaltar el carácter raro de cualquier cosa. Las perlas en forma de gota eran muy demandadas por su escasez. Según se cuenta, la encontró un esclavo africano al que se le concedió la libertad en agradecimiento. En un principio se creía que la primera reina en lucir esta joya fue la segunda esposa de Felipe II, María Tudor, pues porta una perla similar en un reconocido retrato de Antonio Moro, que hoy se conserva en el Museo del Prado. Pero investigaciones más recientes concluyen que Felipe II la adquirió después de la muerte de su mujer y la incorporó al patrimonio de la corona hispana. Se documentó que pesaba más de 58 quilates. La pieza que aparece en aquel lienzo sería propiedad de la familia Tudor. Las reinas españolas la lucieron a lo largo de los años. Su historia puede ser seguida a través de los cuadros que pintaron diversos artistas en los siglos siguientes representando a los distintos monarcas. La última en hacerlo de forma oficial fue Isabel de Borbón, primera mujer de Felipe IV. En 1808, José Bonaparte solicita que se le entreguen todas las joyas de la corona española, tras invadir España y hacerse con el reinado del país. Julia Clary, esposa de Bonaparte, lució la joya en diversas ocasiones. A su muerte, Napoleón Bonaparte fue el heredero de la Perla Peregrina, pero se vio obligado a venderla por motivos económicos. El marqués de Abercorn compró la joya en el año 1848. La pieza acabó en una joyería. Alfonso XIII intenta recuperarla para regalársela a su futura esposa, Victoria Eugenia de Battenberg. Desgraciadamente no consigue llegar a un acuerdo, por lo que la perla vuelve a Estados Unidos. La familia Abercom la vende a inicios del siglo XX, y quedó en manos de coleccionistas. Así llegó a la famosa subasta en 1969, donde la compró Burton por 37.000 dólares. La Casa Real española, participó de dicha subasta por medio de Alfonso de Borbón y Dampierre para conseguirla. Algunas fuentes cuentan que parte de la familia real intentó truncar la venta afirmando que la perla era falsa y que la auténtica se la había regalado Alfonso XIII a su mujer. Pero parece una situación poco probable dado que su nieto intentó comprarla en la subasta. Taylor la exhibió en algunas películas. Con la ayuda de la célebre joyería Cartier, la incorporó a un collar de rubíes y diamantes. La nueva joya alcanzó un valor imposible de calcular aunque no tanto, ya que permaneció con la actriz hasta su muerte en enero de 2011 y fue a subasta nuevamente. La Peregrina alcanzó un precio récord de 9 millones de euros y fue adquirida por un comprador anónimo al teléfono.


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