In memoriam: en los pedregales del viento transita el alma de Yupanqui

Un homenaje a los 28 años de la muerte del máximo compositor del folclore argentino.

23 May 2020 Por Roberto Espinosa
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Un aire de zamba roza el silencio. En los retumbos, antiguas cosas respiran voces de estrellas. El viento ejercita una baguala. Una quebrada tiende su herida en Humahuaca. Soledades. Runrunes. Un valle abre su vientre a la madrugada. El olor de un corazón respira en las flores. Una bordona estalla.

La guitarra es un poncho abierto hilado de tiempo. La bordona y la prima sueltan un recuerdo. Un tarco habita de fresca sombra el canto. Hojas que bailan en el pensamiento del algarrobo. Sentado en las ramas, un pueblo desanda su destino. Una mirada desmelena el follaje. El árbol quiere mirar a Dios. El cerro está nublado. Dicen que no lo ve. Siempre lo anda buscando. En el monte. En la pampa. En los pedregales del viento. Quién sabe por dónde anda que no lo puede encontrar.

La bordona enamora al silencio. La prima seduce al amor. El paisano se trepa a la añoranza de los senderos. Agita la nostalgia en el aire. Descabeza un sentimiento. Por las hendijas del cielo silba un yaraví. Arrugas que agitan nostalgias. Un indiecito dormita en el diapasón del alba. Voces. Tristezas. Alegrías desparramadas en el sosiego de la luna. Fluye la noche. Parpadean las constelaciones. Los Tártagos se desnudan en el río. Las piedras brincan. Resonancias.

El corazón tiene un encordado que mece los desvelos. La esperanza. En Cerro Colorado, el silencio le libera los misterios del alma. Los ecos se entretienen en los precipicios del espíritu. Las ausencias titilan en el garguero de los coyuyos. Un murmullo de vidala rastrea ahora la soledad de una pena enamorada. Cuando la guitarra reza una gota de vida en los adentros de Atahualpa Yupanqui, se ilumina el universo.

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