El Ojo Crítico: "El declive"

Nunca estaremos del todo preparados para el apocalipsis.

01 Abr 2020 Por Ana Daneri
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SUPERVIVENCIA EN LAS MONTAÑAS CANADIENSES. Los personajes intentan entrenarse, pero todo se les irá de las manos.

BUENA

Película / por Netflix

Mientras estamos en casa mirando videos de YouTube que enseñan cómo conservar la comida, quizás alguien más paranoico esté practicando técnicas avanzadas de supervivencia para cuando todo colapse. ¿Te suena? “El declive” (“Jusqu’au déclin”, en su título original) es la nueva producción original de Netflix que nos preparará para afrontar una catástrofe.

Dirigida por Patrice Laliberté, esta película de origen canadiense -disponible en la plataforma desde el 27 de marzo- es el manual del género survival. Ambientada en un mundo muy parecido al actual (claro que sin pandemias todavía), el desastre ecológico o la posibilidad del estallido político ponen en alerta a Antoine (Guillaume Laurin), que decide internarse en un campo en las montañas frías de Quebec y entrenarse para lo peor. Allí, él y un grupo selecto son recibidos en la casa de Alain (Réal Bossé), un hombre que lleva años aislado, equipándose para el apocalipsis.

Hasta los 35 minutos de película el clima de amenaza no se hace sentir. Los personajes parecen practicar disparos y armar bombas por pura caprichosa excentricidad. Un accidente inesperado, sin embargo, vuela por los aires la trama y transforma de lleno a “El declive” en un thriller de acción.

El film dura apenas 83 minutos y pasada esa anodina primera parte el resto propone una serie de giros excelentes y adrenalina pura. Eso sí: hay que armarse de paciencia para superar lo del comienzo. Una vez inmersos en el desastre que va revelándose en “El declive” es fácil llegar al desenlace. Aquí no hay buenos ni malos, sólo personajes luchando por sobrevivir cuando todo se les va de las manos.

Los cambios de punto de vista en el guión representan una apuesta arriesgada y bien conseguida, con el calibre justo de sorpresa y sin pretensiones. Además, los encuadres de las escenas más puras de acción consiguen estresar al espectador. Los diálogos no abundan en explicaciones innecesarias de la trama, basta con seguir a los personajes y conectarse con lo que están viviendo para entender sus ideas y motivaciones.

Al final no es una película sobre el apocalipsis sino sobre la naturaleza humana. ¿Cómo nos comportamos ante una crisis? ¿Qué pasa cuando en lugar de trabajar en conjunto alguien vela por sus propios intereses? Es imposible no hacerse estas preguntas en nuestro contexto actual; imposible y a la vez necesario. Lo seguro es que, sin importar la intensidad del entrenamiento o cuánta comida podemos almacenar, nunca estaremos preparados.

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