Conserva objetos del pasado para rescatar las historias que nadie escribe

Javier Kirschbaum atesora objetos que nos muestran cómo era la vida cotidiana de los tucumanos hace 20, 30 o 40 años. Museo itinerante.

07 Ene 2020 Por Álvaro Medina

Desde que era un niño, Javier Kirschbaum, psicólogo de 47 años, se dedicó a coleccionar objetos del pasado. “Al principio guardaba estos objetos sin tener otro objetivo que su conservación, pero más tarde comprendí que rescatarlos los convertía en testimonios de nuestra historia más cercana. Paradójicamente, esta es a veces la historia que menos conocemos, porque no está escrita en ningún libro. Así nació el museo ‘La Juntada’, un espacio de encuentro entre niños y adultos para charlar sobre estos elementos del pasado”, relata.

En su “museo del recuerdo” Kirschbaum atesora todo tipo de elementos relacionados con la vida cotidiana y aquellos que en algún momento constituyeron la sustancia de un hogar: fotos, utensilios de cocina e indumentaria, pero sobre todo objetos relacionados con la tecnología doméstica. Se destacan las máquinas de fotos de principio de siglo, equipos de música y radios de los 70 y computadoras personales de los 80, entre otros objetos.

“En esta caja, por ejemplo -cuenta Kirschbaum mostrando un grupo de aparatos amontonados- podemos ver un walkman, una calculadora, un teléfono portátil de los primeros modelos y una cámara de fotos; hoy todos estos elementos están condensados en uno”, concluye señalando su teléfono celular. Luego asegura que este tipo de comparaciones permite abrir debates y charlas que nos ayudan a dimensionar el paso del tiempo y la forma en que nos relacionamos como comunidad.

VIEJOS CASETTES. Testimonios de la música en soporte analógico.

La historia

A los 10 años, mientras jugaba en una casa familiar, se encontró por casualidad con la posibilidad de bucear entre artefactos abandonados. “Había un salón que estaba dividido por un telón. Detrás de ese telón había un espacio donde estaban guardados objetos y muebles antiguos que habían pertenecido a mi bisabuelo”. 

El niño se sintió parado frente a un tesoro incalculable; quizás sin comprenderlo del todo sintió la necesidad de retener esos objetos como testigos de una historia inmediata que sólo a través de ellos podía ser contada: “estaba prohibido meternos ahí, nos retaban cuando sacábamos cosas para jugar o queríamos llevarnos algo. Sin embargo, y a escondidas, yo fui quedándome con algunos de los elementos de ese lugar, aún era un niño”.

Años más tarde, un incendio definitivo en aquella casa borró en horas esta acumulación de reliquias familiares que había demandado años. Esto resignificó el valor de los objetos sustraídos en sus travesuras de niño: su inocente, pero firme determinación, había permitido conservar un fragmento de memoria de los suyos.

EN POCOS HOGARES. Una de las primeras PC que llegó al mercado.

Museo “La Juntada”

Kirschbaum fue sumando otras antigüedades a esta colección inicial y actualmente cuenta con 5.000 objetos y aún no termina el inventario. Consiguió un espacio para guardarlos en la casa de sus suegros: “en las reuniones familiares mis hijas de seis y cuatro años en ese momento solían jugar en lo que habíamos apodado ‘el museo’; observaban las cosas con curiosidad y hacían preguntas, los mayores contestaban. Observé que en ese ritual se daba una interacción muy linda que permitía un acercamiento entre grandes y chicos, comprendí que ese encuentro lúdico permitía rescatar la historia familiar”.

Allí descubrió otra finalidad para aquella actividad que había sostenido durante varios años por pura afición: convertir su colección en un museo. Kirschbaum se encontró con la necesidad de generar conciencia sobre el pasado de la misma manera que otras personas buscan generar conciencia ambiental, por ejemplo. 

Decidió convertir su muestra en un museo itinerante y así nació “La Juntada”, que aprovechó espacios como bares culturales, hoteles y universidades para construir un encuentro entre el pasado y el presente.

“Cuando hablamos de patrimonio tenemos que incluir estos objetos también, generar conciencia sobre su valor. Valorar nuestra propia historia y la de nuestra comunidad nos puede ayudar a comprender. Por ejemplo, la importancia de los edificios históricos. Empezar por lo chico para llegar a lo macro. Muchas veces aquí no existe la dinámica de conservar y tampoco hay un lugar que pueda recibir los objetos de quienes no los pueden conservar y tampoco quieren tirarlos”, reflexiona.

En las muestras de “La Juntada” no hay visita guiada, ni circuito, ni consigna. Todos pueden recorrer el lugar libremente y manipular los objetos. Las reacciones son diferentes: los grandes se emocionan cuando algún elemento les despierta la nostalgia; los adolescentes, familiarizados con lo vintage, se toman fotos y bromean en sus redes sociales; los niños juegan sin dejar de hacer preguntas.

“Mi sueño es que en algún momento todo esto pueda convertirse en un museo fijo”, cuenta Kirschbaum señalando los objetos que lo rodean y que parecen estar ahí esperando a ser consultados sobre la historia que resguardan.

Opinión profesional
¿Qué motiva al coleccionista?

“Un coleccionista disfruta de la tarea de investigación que demanda la búsqueda de los elementos para su colección como así también de compartir y mostrar estos objetos”, explica Luciana Lara, licenciada en psicología y psicoanalista. La profesional cuenta además que los aficionados a esta actividad suelen ser personas muy metódicas y cuidadosas con los objetos de su interés; estos despiertan la intención de retener el pasado y la memoria organizando la colección con meticuloso orden y clasificación. “Cada coleccionista tiene su propio estilo y motivación y eso está estrechamente ligado a aspectos de su personalidad”, sostiene Lara.

Aporte a la educación
Kirschbaum asesora escuelas

Javier Kirschbaum colabora como asesor de la Secretaría de Educación en el programa “Las escuelas cuentan su historia”. El programa busca constituir museos en las escuelas centenarias de la provincia. Forma parte de un equipo interdisciplinario integrado por profesionales, alumnos, familiares, docentes y otros miembros de la comunidad educativa. Este equipo busca visibilizar la historia de la escuela y la comunidad rescatando objetos, fotos, entrevistas y artículos que generen un espacio de memoria que es inaugurado luego del acto aniversario por los cien años de cada una de las escuelas. La intención del programa es fortalecer la identidad de las diferentes localidades, sobre todo del ámbito rural, generando un espacio que propicie el diálogo entre docentes y alumnos sobre su historia más cercana, la de su comunidad y su escuela.

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