Francia distinguió a una historiadora tucumana

Noemí Goldman, directora del Instituto Ravignani, fue nombrada “Caballero de la Orden de Palmas Académicas”. Moreno y la Revolución de Mayo. El federalismo.

29 Dic 2019 Por Roberto Espinosa
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EN EL TEATRO CERVANTES. Noemí Goldman recibe la distinción por el primer premio en Ensayo Histórico.

Tal vez sus sueños volvieron a merodear en estos días por las aulas de Universidad La Sorbona, donde alguna vez fue feliz desentrañando los misterios de una revolución que sacudió el mundo y que influyó en algunos de nuestros patriotas de 1810. Hace pocos días, la tucumana Noemí Goldman, doctora en historia y directora del prestigioso Instituto Ravignani, recibió la noticia de que el Ministerio de Educación Nacional y de la Juventud de Francia la había nombrado “Caballero de la Orden de Palmas Académicas”. “Me otorgaron la distinción por mi colaboración con el Centro Franco Argentino, y por mis actividades en la dirección en el Instituto Ravignani, que depende de la UBA y del Conicet, con sede en la Facultad Filosofía y Letras, por la promoción de los vínculos entre historiadores franceses y argentinos y por haber desarrollado la difusión de la lengua y de la cultura francesas”, comenta la historiadora.

Esta alegría se suma a la que tuvo a principios de 2019, cuando le entregaron en el teatro Cervantes el diploma por haber ganado el primer premio de ensayo histórico en el concurso organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, por su obra “Mariano Moreno. De reformista a insurgente”, que había publicado en 2016. “El premio consistió en una pensión vitalicia, así que estoy chocha”, dice.

La investigadora, que ocupa desde abril pasado la dirección del Ravignani, cargo al que accedió por concurso, señala que el instituto desarrolla investigaciones en historia argentina y americana, desde la colonia hasta el siglo 21 con una perspectiva transdisciplinaria. Lo integran 150 investigadores, becarios y personal técnico y cuenta con una biblioteca especializada de más de 50 mil volúmenes, muy consultada por argentinos y extranjeros. “Este momento, estoy a cargo de un proyecto institucional sobre ‘Las dimensiones de la desigualdad en la larga duración, en el espacio rioplatense del siglo XVI a XX’. Se busca indagar algunas de las múltiples formas de la desigualdad en los territorios de la actual Argentina y del antiguo virreinato. En 2021 vamos a conmemorar los 200 años de la UBA y los 100 años del Ravignani. Me encargaron que coordinara un tomo de una colección de cuatro volúmenes dedicado a la historia de la UBA, yo estoy encargada del momento fundacional que va de 1821 hasta fines del siglo 19”, cuenta.

- ¿Cuál fue la importancia de Mariano Moreno en la gesta de Mayo?

- Es fundamental porque va a marcar las primeras disposiciones del gobierno en 1810, va a ser nombrado secretario de Gobierno y Guerra y como tal va a dirigir los primeros meses de la revolución, que no se llama al principio revolución. La creación de la junta se hace en nombre de Fernando VII; en los famosos discursos de noviembre y diciembre de 1810, Moreno va a pronunciar públicamente por primera vez la palabra emancipación y va a defender la soberanía del pueblo, inspirándose en parte en el Contrato Social de Rousseau. Eso va a constituir un antes y un después en relación con una crisis que se había iniciado en 1808, cuando se produce la abdicación del rey por la invasión napoleónica a España y que había dado lugar al surgimiento de los movimientos juntistas que no cuestionaban el vínculo con la monarquía.

- Al parecer no fue una revolución en su cabal sentido, sino un movimiento, porque se siguieron conservando los órganos de gobierno coloniales.

- Claro, efectivamente. Por un lado, esto que surge como un movimiento juntista, con la creación de una junta propia, se empieza a denominar como la feliz revolución de las ideas, a fines de 1810, al principio tímidamente, y luego aparecen en los discursos de Moreno y de Castelli, en el sentido de un cambio de orden, son los más radicalizados los que desean que ese cambio lleve a la emancipación; pero una gran parte no ve ese horizonte de independencia como algo realizable en el corto plazo. Empieza surgir la revolución como un mito fundante de una nueva legitimidad. Aunque no todos están de acuerdo con profundizar ese proceso: están los que pretenden una transformación más radical, como Moreno, Castelli y Monteagudo, y muchos otros que temen ese cambio y estarían dispuestos a negociar con el gobierno español ciertas garantías de autonomía sin llegar a la independencia, pero no cortar el vínculo, y están aquellos que quieren un cambio político sin profundizar en otros cambios sociales o culturales.

- ¿Revolución o movimiento?

- Los partícipes del movimiento se van a sentir parte de un movimiento que empieza a llamarse revolución, pero esto no quiere decir que el movimiento haya sido preparado por un grupo social, sino que fue producto de una crisis política de la monarquía, ellos actúan frente a una coyuntura que no es específicamente rioplatense, es algo se da en toda la monarquía hispánica hasta los países hispanoamericanos. Cuando surge la Semana de Mayo, lo que anhelan es la creación de un gobierno propio, no es pensado mayoritariamente en ese momento como una revolución, sino como una necesidad de asumir el gobierno para hacer frente a la acefalía. Hay una profunda crisis de la autoridad española, que se había iniciado con las invasiones inglesas y cuando ellos deciden no incorporar al virrey Cisneros al nuevo gobierno es porque el gobierno español en el Río de la Plata está totalmente desprestigiado, no confían ya en la autoridad española.

- Es una de las palabras más pronunciadas en estos dos siglos de vida argentina, ¿el federalismo sigue siendo una utopía?

- El federalismo es una de las grandes cuestiones que atraviesan toda nuestra historia. En 1810, con los cambios de mayo, lo que se llama federalismo en realidad es co-federacionismo, lo que tradicionalmente se denominaba federalismo. En las formas en que se manifiesta, tanto en el punto de vista de sus representaciones, de sus discursos, como en la práctica, es co-federacionismo. Lo que las antiguas ciudades que se van a convertir en provincias, a partir de 1810, lo que reclaman ante Buenos Aires es más bien, más que constituirse en una federación, más que crear un estado que esté por encima de estas provincias, como ocurrió en Estados Unidos, que se crea una soberanía por encima de los estados pero coexiste con las soberanías de los estados integrantes... lo que ellos querían era simplemente una alianza y no querían resignar parte de su soberanía, sino mantener el uso completo de sus atributos soberanos. Por eso se dice, pero se presta a confusión, que en la Argentina las provincias nacieron antes que el Estado nacional, en realidad, se crearon en 1821 cuando se desaparece el Directorio y queda sin efecto la Constitución del 19, desaparece el gobierno central, las provincias se dan constituciones propias, donde afirman que la soberanía reside originariamente en cada pueblo. Y ese uso de la soberanía se traduce en la creación de soberanías propias, que se fundan en el principio representativo, que algunas los cumplen más que otras. Esa situación es más bien confederal que federal, porque el instrumento jurídico que va a crear una alianza estable entre las provincias es el pacto federal de 1831, cuyas primeras cláusulas afirman la soberanía y el gobierno propio de las ciudades convertidas en provincias. Es un pacto confederal porque establece una alianza entre provincias autónomas independientes, y solo delegan el manejo de las reacciones exteriores en el gobierno de Buenos Aires, que no tiene ningún poder soberano sobre el resto de las provincias.

- Sin embargo, Buenos Aires no firma la Constitución del 53, y recién lo hace en el 59 cuando le dan los atributos que quería.

- Claro, eso prueba justamente que Buenos Aires no la firma porque quería en compensación ciertas prerrogativas y decide por primera vez darse una constitución propia, donde afirma su soberanía y el resultado podría hacer sido dos estados. Si la confederación urquicista se consolidaba en Paraná y Buenos Aires seguía teniendo su independencia, podríamos haber tenido dos estados ahora.

- Sigue siendo así: la Capital Federal es un país y el interior de la Argentina, otro.

- Es así porque en la constitución del 53, reformulada en el 60, que le permitió a Buenos Aires reintegrarse, nunca se desarrolló plenamente ese Estado federal y hoy sigue existiendo un problema similar al del siglo XIX, una gran metrópoli y un desarrollo muy desigual del federalismo. Es un federalismo unitario, muy débil.

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