“Hay que despertar la autoestima científica en los chicos”

Definiciones del investigador tucumano Alberto Rojo. Borgesy la física cuántica.

ALBERTO ROJO. El investigador conjugó ciencia con literatura y música.
ALBERTO ROJO. El investigador conjugó ciencia con literatura y música.
22 Diciembre 2019

En “Borges y la física cuántica”, el investigador Alberto Rojo indaga en el territorio común que habitan el arte y la ciencia, fundamentalmente a partir de un cuento del emblemático escritor argentino, que sin tener conocimientos de física, anticipó teorías de la mecánica cuántica.

La obra de Rojo, que publicada por primera vez hace seis años tuvo una gran recepción entre científicos y amantes de la literatura, llega ahora enriquecida con ensayos como el surgido del cuento “Funes el memorioso”, donde Borges, sin saberlo, aborda un tema fundamental de la física como la flecha del tiempo.

Nacido en Tucumán en 1960, Rojo se doctoró en Física en el Instituto Balseiro, continuó su vida profesional como investigador en la Universidad de Chicago y actualmente es profesor titular en la Universidad de Oakland.

En diálogo con Télam, el investigador que además es músico y grabó con Mercedes Sosa, se refirió a la obra reeditada por la editorial Siglo XXI.

- ¿Qué debe hacer la educación para que los chicos puedan vincular ciencia y arte?

- Se necesita una reforma de la actitud educativa para integrar el arte con la ciencia, porque el arte es un vehículo facilitador de la enseñanza de la ciencia. Lo que hay que hacer es despertar la autoestima científica en los chicos: la convicción de que son capaces de entender más de que lo que el docente tiene que explicar. La clave del éxito es el convencimiento de que podés hacer algo y, en este caso, hay que convencerlos de que pueden entender la ciencia, en una especie de amistad con el rigor, con la disciplina, que es algo que también tienen los artistas.

- ¿Cómo fue ese aprendizaje en su caso?

- Fue un proceso gradual. Por un lado tuve la fortuna de tener padres muy estimulantes que me enseñaron arte desde muy chico y me hicieron pensar la física a través de experimentos relacionados con la pintura, algo que nunca abandoné. Además, tuve muy buenos docentes: hice mis estudios en la educación pública desde el jardín de infantes, la universidad en Tucumán y el doctorado en el Balseiro

- ¿Cuándo comenzó a estudiar la conexión entre la obra de Borges y la física?

- Cuando estaba estudiando en Bariloche, en un libro de física estadística del estadounidense Charles Kittel, un problema proponía calcular la probabilidad de que un mono tecleando al azar escribiera Hamlet. Y si bien este es un problema que Borges citaba, lo interesante es que al final del capítulo de Kittel una nota al pie señalaba: ‘para un estudio literario científico leer “La Biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges’. No decía el cuento, decía estudio literario científico. Y aunque entre los estudiantes de física ya hablábamos de la presencia de la ciencia en la obra de Borges, el hecho de que fuera citado como un estudio científico me interesó particularmente. Años después tuve la posibilidad de conocer a Borges y decirle que los físicos lo citaban y a partir de ahí empecé a hacer una nueva relectura de su obra y a indagar en posibles conexiones. Él me dijo -y le creo- que no sabía nada de física, cuando en realidad sabemos que leyó mucho de divulgación de matemáticas, por ejemplo.

- ¿En qué radica el poder anticipatorio del cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan” respecto de la ciencia?

- En ese cuento hay un anticipo clarísimo de una teoría cuántica en la que entran en juego la existencia de varios universos o realidades relativamente independientes que se multiplican, y es anticipatorio porque esa teoría se publica en 1957, 15 años después del cuento de Borges. A partir de eso estuve indagando la posibilidad de que el autor de la teoría, el estadounidense Hugh Everett, hubiera leído el cuento, y si bien no pude encontrar un subrayado, es posible que lo haya leído porque el cuento se publicó antes del trabajo científico y es el primer cuento de Borges publicado en inglés.

- ¿Qué lecturas o influencias tuvo Borges para crear cuentos de impronta científica?

- Tenía un abanico de lecturas amplísimo y la gente que lo conocía dice que ejercitaba un arte microscópico sobre las palabras y los nombres. En el caso de “El jardín de los senderos que se bifurcan” hay una influencia de la literatura policial, de Edgar Allan Poe, y del escritor inglés de ciencia ficción Olaf Stapledon, y combinando todos esos elementos Borges va más allá de la ciencia ficción, del anticipo conceptual de una teoría científica.

- ¿Cómo alguien, en este caso Borges, puede intuir ciertos conceptos científicos?

- Cuando uno es suficientemente inteligente y tiene una especie de antena o radar por las cosas que están flotando en la matriz cultural de un determinado momento, pero aún no han precipitado en la ciencia, es capaz de destilar esas ideas y convertirlas en ficciones que no son un trabajo científico, pero contienen el germen de lo que será una teoría científica. O sea que la combinación de la inteligencia con lirismo y matriz cultural hace que una fantasía sea parte de una teoría. De la misma manera que una teoría suficientemente bella y sofisticada en algún lugar va a tener una cabida en la realidad.

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