Crianza: ¿hacés bien al revisar las redes sociales de tus hijos?

Algunos lo hacen a escondidas y otros lo reconocen abiertamente. ¿Cuándo es el momento de pedir ayuda? Responsabilidad parental versus privacidad.

Hay padres que lo reconocen abiertamente. “Tengo las contraseñas de sus redes sociales y se las reviso todos los días. También los mensajes que le llegan al Whatsapp. Esto es lo que más le molesta. Pero no me importa; tiene 14 años, es muy chico y hay demasiados peligros dando vueltas por ahí”, explica Julia Pereyra, madre de un adolescente y de una pequeña de 6 años.

Otros papás lo hacen a escondidas. “Le reviso sus perfiles en Instagram y Facebook. Cuando no se da cuenta también veo su celular. No le permito que tenga clave”, admite Verónica, mamá de un menor de 13 años.

Rosario, que tiene una hija de 15, cree que sólo hay que espiar los mensajes privados de las redes cuando hay sospechas de que puede estar en peligro. “Y hablo de tener razones fundadas. Yo lo hice solo una vez porque la notaba rara, deprimida y sin ganas de ir al colegio. Al leer los mensajes me di cuenta que le estaban haciendo bullying. Ahí empezó una lucha que sigue hasta hoy”, detalla. Y hace una comparación: “revisar los perfiles en redes es como espiar el cajón del adolescente de antes; todos los padres lo hacían. Ahora, entrar al celular es como invadir un diario íntimo”.

Dudas comunes

¿Es correcto espiar los mensajes que nuestros hijos mandan y reciben a través de internet? Seguramente se lo han preguntado muchos padres. Los expertos dicen que es normal tener esa duda, especialmente cuando los vemos que pasan horas delante de una pantalla enviando palabras e imágenes. Los recelos sobre con quién estarán hablando o qué tipo de información estarán compartiendo generan ansiedad en el ambiente familiar.

A partir de los 10 años la gran mayoría de los chicos argentinos reciben su primer celular con acceso a internet. Cuando llegan a los 12, el 90% ya tiene su teléfono móvil. Y pasan la mitad del día con el teléfono en la mano. Lo más preocupante: solo cuatro de cada 10 chicos percibe que hay riesgos en la red.

José Farhat, secretario de Participación Ciudadana de la Provincia, le pone nombre a esos peligros: el grooming, el sexting, el ciberbullying y la trata de personas (para esta práctica, las redes son un sistema de captación). El funcionario cree que la estrategia más fuerte de un padre es la charla. Hablarles de los peligros y preguntarles, que sea cotidiano el diálogo de lo que hacen en la web. Que los hijos no sientan que se vulnera su intimidad, para evitar que luego se hagan un perfil falso.

La psicóloga Marcela Cizek también considera que el diálogo es la mejor herramienta antes que invadir la intimidad, especialmente en la adolescencia. “Es una edad donde los chicos necesitan privacidad. Lo más recomendable para los padres es estar atentos a los comportamientos: encender la alarma cuando empiezan a cambiar de conducta, a bajar el rendimiento escolar, dejan de hacer un deporte que amaban, se aíslan o cambian las amistades”, enumera.

Cree que espiar las redes debería ser el último recurso. Y hacerlo con indicios contundentes de que algo no está bien. “Primero hablaría con el adolescente, después con los amigos y finalmente, si no encuentro respuestas, indagaría en sus redes”, opina.

¿Se puede producir un quiebre en la relación padre-hijo después de esa invasión a su privacidad? “Seguramente causará mucho enojo. Pero nada que un buen diálogo no pueda solucionar, más si se trata de un padre presente y de una circunstancia especial”, evalúa la profesional.

La clave, ¿sí o no?

Según Cizek, no es conveniente dejar que los chicos de 9 o 10 años tengan clave en el celular. A los 15 o 16 la cosa cambia. Opina que tampoco sirven las prohibiciones. “Trataría de estirar lo que más se pueda la edad para darles su primer teléfono. Pero es imposible negarles hoy un móvil, ya que con él sociabilizan… es la forma que eligen para vincularse”, evalúa. “Pero sí hay que hablarles de los peligros. La primera recomendación es que no hablen con extraños en internet. También aconsejarles del cuidado de su cuerpo. Y pedirles que si se sientan acosados o maltratados por algún contacto le cuenten a alguien, busquen ayuda”, concluye.

¿Qué dice la ley?

Los niños tienen derecho a su intimidad. Pero hay circunstancias en las que no se trata de violar la privacidad sino de velar por su seguridad. La abogada Norma Aparicio considera que más allá del derecho a la intimidad es importante la edad del chico. “De ocho a 12 años tenés, como padre responsable, que velar por el cuidado de ese niño porque probablemente no tenga el grado de madurez suficiente para reconocer una situación de riesgo”, explica.

“La intimidad es un derecho fundamental (artículo 19 de la Constitución Nacional) que permite a la persona mantener ciertos ámbitos de su vida a resguardo de intromisiones arbitrarias de terceros. Actualmente, con el uso de redes sociales se presentan nuevos desafíos porque aparecen los problemas del grooming, sexting y bullying. Entonces, hay como un punto de discusión porque al mismo tiempo del derecho a la privacidad los padres tienen la responsabilidad parental (artículo 638 del Código Civil), que es el conjunto de deberes y derechos que corresponden a los progenitores sobre la persona y bienes del hijo, para su protección, desarrollo y formación integral mientras sea menor de edad y no se haya emancipado”, explica la profesional.

“Hay que saber lo que hacen en las redes. Cuando me tocan casos de acoso muchas veces a las víctimas las han contactado por las redes y no tenían la madurez suficiente para reconocer lo que estaba ocurriendo”, contó la abogada.

Asimismo, Aparicio señaló que una forma más común en que los padres invaden la privacidad de los chicos es subiendo fotos de ellos en sus redes. Y muchas veces lo hacen sin la autorización del adolescente o niño, minimizando la opinión que tienen. Aunque todavía no hubo ningún planteo, la letrada recalcó que cualquier menor puede presentarse ante la justicia y pedir a sus padres que no publiquen sus fotos. El fenómeno se conoce como shareting, consiste en subir imágenes, videos o cualquier otro tipo de información sobre los hijos en las redes sociales sin permiso explícito de ellos.

“Son sujetos de derecho y no propiedad de los padres”

El análisis de la abogada Carolina López Flores

Es lógico que los padres quieran velar por la seguridad de los menores, pero no debe esto servir de excusa para invadir su privacidad constantemente. Con la ley en la mano, la abogada Carolina López Flores explica que no se pueden espiar los mensajes de los hijos, a menos que se tengan firmes sospechas de que esté en peligro.

“Conforme el sistema jurídico argentino los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la intimidad, derecho a la dignidad y a la integridad personal. Los padres no tienen un derecho expresamente reconocido por la ley para revisar las redes sociales y el celular de sus hijos; lo que tienen los padres es la responsabilidad parental. Esta responsabilidad no puede ser ejercida de manera arbitraria e irrazonable. Tiene establecidos criterios y límites muy claros para su ejercicio. Entre esos límites están a prima facie ‘el interés superior del niño’ y la prohibición de castigo corporal y/o malos tratos en cualquiera de sus formas”, destacó.

En cualquier caso, la abogada sugiere a los padres pueden recurrir a la ayuda del Estado a través de sus diferentes oficinas de atención. Por ejemplo, la Secretaría de Participación Ciudadana asesora y capacita sobre prevención de delitos contra menores a partir del uso de tecnologías.

“El sistema vigente en Argentina promueve la construcción de nuevas formas de relaciones familiares, más democráticas, menos autoritarias y, sobre todo, respetuosas de los derechos. No se tolera ningún tipo de situación que menoscabe los derechos de los niños. Son los padres los que deben promover canales constantes de diálogo para que el menor alerte a tiempo cualquier situación que atente contra su dignidad o persona. Esa construcción cotidiana insume tiempo y dedicación. Revisar el celular o las redes sociales de los menores sin su consentimiento o exponerlos públicamente a raíz de del uso de tecnologías puede ser considerado un tipo de violencia que vulnera derechos y reproduce consecuencias negativas en la familia. Nada bueno se construye con violencias o abusos”, sostiene.

Según explica, nuestro país tiene un sistema legal que reconoce a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho: “han dejado de ser ‘objeto de derechos de otras personas’ o ‘propiedad de los padres’. El desafío para la familia actual es crear entornos protectores, sin violencias, con diálogo y respeto a los derechos de cada miembro”.

Aconsejá a tus hijos

- Hablales sobre grooming (serie de acciones que un adulto hace para acercarse a un menor a través de las redes y propiciar un abuso sexual), contale que hay perfiles falsos, que puede haber un adulto por detrás.

- Deciles que cuiden su imagen y que protejan la privacidad de sus datos personales: dónde viven y con quién, a qué escuela van, qué lugares frecuentan, cuál es tu estado de ánimo, si te sentís enfermo, si te gustan las mascotas o un tipo de música. Esta información permite a los acosadores crear un perfil de su potencial víctima con una estrategia de empatía para abordarlo.

- Recordales que publicar imágenes tiene riesgos. Aconsejales que no pasen imágenes con desnudos por chat privados, aunque se sientan cómodos con la otra persona.

-Pediles que no acepten o incluyan contactos fuera de tu entorno de
conocidos. Contar con una gran cantidad de amigos o amigas en las redes sociales no es tan importante, lo grave es cuando el montón permite pasar desapercibido el perfil falso de un acosador.

- Recordales que nunca vayan solos a encontrarse con alguien que conocieron por internet.

- Enseñales a configurar la privacidad de sus equipos. Deben bloquear el geoposicionamiento que tienen en cada red y en los juegos en línea, lo que permite saber dónde está cada uno en el momento. Pediles que cubran la lente de la cámara web y que no la usen con desconocidos.

- Por cualquier duda, se puede contactar a los profesionales de La Secretaría de Participación Ciudadana en el teléfono 4844000, interno 567. Se pueden hacer denuncias en la División de Delitos Telemáticos (Junín 850, primer piso)

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