En el Mundial de Rugby, los errores se pagan

EN LA MIRA. Las decisiones de Mario Ledesma fueron cuestionadas por la mayoría.

06 Oct 2019 Por Ezequiel Fernández Moores
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EN LA MIRA. Las decisiones de Mario Ledesma fueron cuestionadas por la mayoría.

¿Y ahora qué? Si Los Pumas habían sido cuartos en el Mundial anterior de 2015, en el de Japón 2019, con el crecimiento que implicaba la franquicia de Jaguares, todo podía mejorar. No fue así. Hubo derrota ayer en Tokio y, si bien faltan algunos resultados, habrá eliminación en primera rueda. El vencedor Inglaterra había caído en primera rueda en 2015 en su propia casa. Contrató entonces al australiano Eddie Jones, entrenador polémico y superexigente. La victoria ayer 39-15 contra Los Pumas le dio boleto a cuartos y ratificó chapa de candidato. El rugby inglés aventaja al argentino con más de un siglo de profesionalismo. Su desarrollo, como suele sucederle desde hace años, vive estos meses una fuerte tensión entre los intereses de la Federación y los de los clubes. Nuestro profesionalismo, a su modo, también vive esas tensiones. Pero el club (o la franquicia) más poderosa (Jaguares) es controlada por la misma Federación (Unión Argentina de Rugby) que obviamente maneja a Los Pumas. Y la UAR privilegió a Jaguares. Los Pumas lo han sufrido. Perdieron el 95 por ciento de sus partidos más importantes desde la creación de Jaguares en 2016. Y ahora se irán rápido del Mundial.

Por un lado, Los Pumas levantaron a último momento, y mal, el veto que regía para convocar a jugadores que habían elegido jugar en Europa antes que en Jaguares. Y, por otro, la formidable campaña de Jaguares, finalistas en el último Súper Rugby, terminó dejando sin fuerzas a Los Pumas. Los jugadores no aguantaron un año tan duro, no solo de partidos, sino de viajes interminables. Mario Ledesma discrepó ayer cuando un periodista, apenas terminado el partido, le dijo que el equipo no había llegado “fresco” al Mundial. El entrenador  dijo que la gran reacción de Los Pumas el segundo tiempo del debut ante Francia demostró que sí habían llegado frescos a la Copa y que el problema, entonces, no fue ese. Pero la “frescura” no es solo física. Es mental. En el fútbol, a veces, le ha sucedido acaso algo parecido a los equipos que dirige Marcelo Bielsa. La intensidad de su juego es tanta que, en los tramos finales, el equipo pierde lucidez, como le pasó a Leeds en la última temporada. Esa falta de lucidez se evidencia en las malas decisiones que se toman para los momentos de mayor presión, cuando la cabeza debe estar más fría que nunca. Contra Francia, es cierto, Los Pumas dieron demostración de poderío físico en el segundo tiempo. Pero faltó lucidez en el final y se regaló el partido y la clasificación a segunda fase.

¿Sería entonces otro el tono de este artículo si entraba aquel penal agónico y lejano que falló Emiliano Bofelli contra Francia y Los Pumas (más allá de la derrota previsible de ayer contra Inglaterra) mantuvieran intactas sus chances de clasificación a segunda fase? Sí. Porque es evidente que Los Pumas están mostrando en Japón un volumen de juego demasiado reducido. La pelota (ya fue comentado en esta misma columna una semana atrás) volaba de un lado a otro con Jaguares. El juego era abierto y las puntas eran la mejor herramienta de desequilibrio. Todo lo contrario con Los Pumas. Juego cerrado de los forwards. Si tuviéramos que elegir una gran jugada de ataque con la pelota de mano en mano tendríamos que quedarnos justamente con el try de ayer de Diego Moroni ante Inglaterra, cuando ya todo estaba definido. ¿Qué sucedió para que otra vez Tomás Lavanini volviera a equivocarse en un momento tan decisivo y dejara al equipo con uno menos apenas iniciada la batalla? ¿Y qué sucedió para que Los Pumas terminaran convocando primero a un medio apertura que jamás habían tenido en cuenta (Benjamín Urdapilleta) y terminaran ayer contra Inglaterra improvisando en esa posición a Jerónimo de la Fuente? ¿Y para qué el capitán Pablo Matera jugara en inferioridad de condiciones físicas? ¿Y Agustín Creevy en el banco? Algo pareció resentirse tal vez en la unión y fortaleza interna del plantel. Y eso va mucho más allá del estilo de juego, más dinámico y audaz con los Jaguares de Gonzalo Quesada (un ex apertura), más cerrado y esquemático con Los Pumas de Ledesma (ex hooker).

Desgaste físico y mental

Recuerdo algo que también escribimos aquí sobre la ajustada derrota de Los Pumas contra los All Blacks apenas después de la final de Jaguares contra Crusaders en el Súper Rugby. Los All Blacks dieron descanso a sus Crusaders. No lo hicieron Los Pumas con sus Jaguares. Es más, los All Blacks se dieron “el lujo” de perder ese Championship, ganado por Sudáfrica. Privilegiaron llegar mejor el Mundial. A Inglaterra tampoco le fue bien en el Seis Naciones. El rugby argentino no pudo o no quiso darse ese lujo. Y al desgaste físico y mental, se agregó el estilo distinto de Jaguares y Pumas. Y la confusión de que ese juego más abierto y de espectáculo del Súper Rugby podía acaso trasladarse automáticamente al Mundial.

La lección, ojalá, ya está aprendida. Una pena para una camada de formidables jugadores. Se supone que el crecimiento de las competencias internacionales hará cada vez más amplia esa base. Y que Los Pumas podrán ser cuidados de otro modo para llegar mejor a la próxima Copa. También están nuestros clubes, semillero base de todas esas competencias. No juegan Mundiales, ni Súper Rugby ni Championship. Se dedican a lo más importante: a la formación de los deportistas.

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